(La Patria, Marzo 29 de 2010)
Se lanza en Washington, DC por estos días un libro titulado “Cash on Delivery: A New Approach to Foreign Aid” escrito por Nancy Birdsall, William Savedoff, y Ayah Mahgoub. La idea central del libro es proponer un nuevo diseño de programas de intervención social, en particular aquellos financiados con dineros de ayuda internacional.
Los autores identifican un problema central en la ayuda internacional: a pesar de las buenas intenciones de los donantes y de los beneficiarios por mejorar indicadores de educación y salud, pocos programas resultan siendo eficaces. De un lado aquellos que reciben la ayuda se quejan por la inflexibilidad e insensibilidad a las condiciones y necesidades locales de algunos programas. Otros se quejan por la incertidumbre en la financiación y continuación de estos.
Por su parte los donantes critican a los beneficiarios por falta de transparencia y por el incumplimiento de las obligaciones establecidas en los contratos de ayuda. Las evaluaciones rigurosas escasean. Además, estos problemas se ven agravados por la participación de múltiples donantes, con diferentes ciclos presupuestarios y requisitos de información, lo cual diluye la responsabilidad del beneficiario frente a un único donante, elevando los costos monetarios y no monetarios de implementación y aumentando la carga administrativa.
De acuerdo con el libro dos características principales de esta propuesta resuelven los problemas mencionados previamente: primero, el donante sólo paga por resultados, no por los insumos; y segundo, el receptor tiene la plena responsabilidad y discreción en el uso de fondos. Así los donantes ofrecen a los gobiernos beneficiarios pagar una cantidad fija por cada unidad adicional de progreso hacia una meta común: “por ejemplo, 200 dólares por cada niño adicional que tome un examen estandarizado al final de la escuela primaria” en palabras de los autores.
Dos condiciones adicionales deben cumplirse: primero, las medidas de resultado deben ser verificadas por agentes independientes; y segundo, el contrato, los resultados y otra información relevante deben ser difundidos públicamente para asegurar la transparencia. La propuesta es sin duda atractiva en el papel. Es decir, es teóricamente bien formulada. Los incentivos de unos y otros quedan alineados hacia un mismo objetivo. La idea es además complementaria y no sustituta de otros programas.
Es posible que este diseño de intervención social sea el que predomine en la nueva década. Así como en la década pasada lo fueron las transferencias condicionadas. El éxito dependerá de la cantidad y calidad de los “empresarios sociales” de cada comunidad, y por supuesto de la cantidad y calidad de los “oportunistas sociales” de cada comunidad.
Este blog reune mis artículos de opinión publicados en diarios colombianos y otras ideas no publicadas en medios escritos
viernes, 19 de marzo de 2010
miércoles, 24 de febrero de 2010
Canalizar la ira
(La Patria, Marzo 1 de 2010; El Mundo, Marzo 11 de 2010)
Pocas decisiones recientes de política pública han causado tanto revuelo e indignación nacional como los desafortunados decretos de emergencia social dirigidos a estabilizar las finanzas del sistema de salud colombiano. Usualmente los decretos y demás modificaciones a las reglas de juego pasan por la crítica de unos cuantos expertos en el tema, y desaparecen de la escena nacional.
Este no ha sido el caso. Las redes sociales virtuales se encuentran abarrotadas de comentarios satíricos. En Facebook se lee “Una E.P.S se balanceaba sobre la cama de un paciente, como el paciente no se moría, fueron a llamar al presidente. A la EPS no le bastaba con los ahorros del paciente ahora quería sus cesantías para apoyar al presidente”. Al correo electrónico llegan a diario chistes, historias, fabulas, artículos de opinión, y demás textos, todos con un común denominador: ira y rechazo total a la propuesta.
Una lectura desapasionada de todas estas reacciones revela una situación sin salida: todos tienen algo de razón, pero a la vez todos desconocen la complejidad del problema. El sistema está quebrado, financiera y moralmente. Es imposible negar el oportunismo de muchos actores: algunos individuos tienen capacidad de pago pero no interés en contribuir; algunos proveedores de servicios de salud están más interesados en el lucro personal que en la eficiencia en el uso de los recursos del sistema; y finalmente, un regulador o bien sordo y ciego, o bien malintencionadamente debilitado para no hacer daño.
A donde irán a parar toda esta ira e intenso dolor? Probablemente alimentaran las arcas electorales de los candidatos que sepan capitalizar este sentimiento. Pero esto será de poca ayuda en el largo plazo. El sistema seguirá quebrado, y el siguiente gobierno tendrá que hacer algo, queramos o no. Nadie puede vivir eternamente al debe. Es imposible tener un sistema de salud con buenos servicios para todos y quebrado.
Quizá la mejor opción para canalizar esta ira en beneficio de todos seria promover desde el sector privado un estudio a fondo de las finanzas del país. Ir rubro por rubro en el presupuesto de la Nación y descubrir aquellos otros miles de “Agros Seguros” que pululan, desnudarlos ante la opinión pública y requerir su inmediata terminación. Un ex director de presupuesto nacional podría hacer esta tarea sin problema.
Seguramente muchos de estos recursos ayudarían a subsanar el déficit financiero del sistema. Pero esta tiene que ser una iniciativa privada, no otra de las tantas misiones de ingresos y gastos financiadas con recursos públicos. Estas sufren de un enorme conflicto de intereses, pues el evaluado es quien está pagando la evaluación. Algo de esto mitigaría el desbalance financiero.
Respecto al desbalance moral del sistema poco o nada puede hacerse a punta de leyes o decretos o misiones. La cultura del atajo y del oportunismo es inatajable. Solo Dios sabe que tragedia se necesita para que esta cambie.
Pocas decisiones recientes de política pública han causado tanto revuelo e indignación nacional como los desafortunados decretos de emergencia social dirigidos a estabilizar las finanzas del sistema de salud colombiano. Usualmente los decretos y demás modificaciones a las reglas de juego pasan por la crítica de unos cuantos expertos en el tema, y desaparecen de la escena nacional.
Este no ha sido el caso. Las redes sociales virtuales se encuentran abarrotadas de comentarios satíricos. En Facebook se lee “Una E.P.S se balanceaba sobre la cama de un paciente, como el paciente no se moría, fueron a llamar al presidente. A la EPS no le bastaba con los ahorros del paciente ahora quería sus cesantías para apoyar al presidente”. Al correo electrónico llegan a diario chistes, historias, fabulas, artículos de opinión, y demás textos, todos con un común denominador: ira y rechazo total a la propuesta.
Una lectura desapasionada de todas estas reacciones revela una situación sin salida: todos tienen algo de razón, pero a la vez todos desconocen la complejidad del problema. El sistema está quebrado, financiera y moralmente. Es imposible negar el oportunismo de muchos actores: algunos individuos tienen capacidad de pago pero no interés en contribuir; algunos proveedores de servicios de salud están más interesados en el lucro personal que en la eficiencia en el uso de los recursos del sistema; y finalmente, un regulador o bien sordo y ciego, o bien malintencionadamente debilitado para no hacer daño.
A donde irán a parar toda esta ira e intenso dolor? Probablemente alimentaran las arcas electorales de los candidatos que sepan capitalizar este sentimiento. Pero esto será de poca ayuda en el largo plazo. El sistema seguirá quebrado, y el siguiente gobierno tendrá que hacer algo, queramos o no. Nadie puede vivir eternamente al debe. Es imposible tener un sistema de salud con buenos servicios para todos y quebrado.
Quizá la mejor opción para canalizar esta ira en beneficio de todos seria promover desde el sector privado un estudio a fondo de las finanzas del país. Ir rubro por rubro en el presupuesto de la Nación y descubrir aquellos otros miles de “Agros Seguros” que pululan, desnudarlos ante la opinión pública y requerir su inmediata terminación. Un ex director de presupuesto nacional podría hacer esta tarea sin problema.
Seguramente muchos de estos recursos ayudarían a subsanar el déficit financiero del sistema. Pero esta tiene que ser una iniciativa privada, no otra de las tantas misiones de ingresos y gastos financiadas con recursos públicos. Estas sufren de un enorme conflicto de intereses, pues el evaluado es quien está pagando la evaluación. Algo de esto mitigaría el desbalance financiero.
Respecto al desbalance moral del sistema poco o nada puede hacerse a punta de leyes o decretos o misiones. La cultura del atajo y del oportunismo es inatajable. Solo Dios sabe que tragedia se necesita para que esta cambie.
jueves, 11 de febrero de 2010
Los pares
(La Patria, Febrero 15 de 2010; El Mundo, Febrero 17 de 2010)
Una de las áreas de investigación con mayor desarrollo en la última década es la de los efectos que los pares y las redes sociales tienen en las decisiones individuales. Los pares definidos como aquellos individuos con los que interactuamos a diario, bien sean familia y amigos o bien sean simplemente nuestros vecinos.
Numerosos artículos se han publicado, mostrando efectos en ámbitos obvios y otros no tan obvios. Por ejemplo, ciertos estudios muestran que la decisión de compra de un vehículo esta influenciada por el vehículo de los vecinos. Otros estudios sugieren que la obesidad podría ser “contagiosa”.
En esta columna quisiera llamar la atención sobre un efecto que podría ser de gran utilidad como herramienta de política pública. En especial cuando se trata de racionalizar el uso de recursos naturales que son a su vez servicios públicos, en concreto: agua, electricidad y gas. El mecanismo, como usted lo podrá concluir, puede ser de utilidad en otros ámbitos.
Un reciente estudio publicado por Ayres, Raseman, y Shih de la Universidad de Yale, presenta los resultados de dos experimentos a gran escala. En el primero, participaron 35,000 usuarios de la compañía de servicios públicos de la ciudad de Sacramento. En el segundo, participaron 40,000 usuarios de la compañía Puget Sound Energy en el Estado de Washington en los Estados Unidos.
En ambos experimentos, los hogares participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos. Uno de los grupos recibió informes, ya sea mensual o trimestralmente, mostrando el consumo de servicios públicos de viviendas similares en su área. En estos informes, se mostraban no sólo datos sino también mensajes (incluyendo dibujos computarizados de caras felices) destinados a convencer a los clientes de las virtudes de la conservación de energía. El otro grupo siguió recibiendo la factura tradicional.
Los resultados de estos experimentos mostraron que cuando un hogar se entera de que su consumo es superior a la media, esto genera un incentivo para reducir el consumo. Por ejemplo, el consumo de gas de estos hogares disminuyo entre 1.2% y 2.1% por ciento en promedio con respecto a los hogares que no recibieron la información. Uno de los experimentos se llevo a cabo por 1 año y se observó que la disminución se prolongó por varios meses.
Aunque los resultados parezcan diminutos, los autores calculan que extrapolando estas cifras a toda la población de Sacramento, los usuarios se habrían podido ahorrar US $ 15,2 millones y habrían utilizado el equivalente a 9 millones de galones menos de gas.
Valdría la pena que nuestras autoridades energéticas investigaran mecanismos como estos, antes de subir tarifas como única política de racionamiento de servicios públicos.
Una de las áreas de investigación con mayor desarrollo en la última década es la de los efectos que los pares y las redes sociales tienen en las decisiones individuales. Los pares definidos como aquellos individuos con los que interactuamos a diario, bien sean familia y amigos o bien sean simplemente nuestros vecinos.
Numerosos artículos se han publicado, mostrando efectos en ámbitos obvios y otros no tan obvios. Por ejemplo, ciertos estudios muestran que la decisión de compra de un vehículo esta influenciada por el vehículo de los vecinos. Otros estudios sugieren que la obesidad podría ser “contagiosa”.
En esta columna quisiera llamar la atención sobre un efecto que podría ser de gran utilidad como herramienta de política pública. En especial cuando se trata de racionalizar el uso de recursos naturales que son a su vez servicios públicos, en concreto: agua, electricidad y gas. El mecanismo, como usted lo podrá concluir, puede ser de utilidad en otros ámbitos.
Un reciente estudio publicado por Ayres, Raseman, y Shih de la Universidad de Yale, presenta los resultados de dos experimentos a gran escala. En el primero, participaron 35,000 usuarios de la compañía de servicios públicos de la ciudad de Sacramento. En el segundo, participaron 40,000 usuarios de la compañía Puget Sound Energy en el Estado de Washington en los Estados Unidos.
En ambos experimentos, los hogares participantes fueron asignados aleatoriamente a dos grupos. Uno de los grupos recibió informes, ya sea mensual o trimestralmente, mostrando el consumo de servicios públicos de viviendas similares en su área. En estos informes, se mostraban no sólo datos sino también mensajes (incluyendo dibujos computarizados de caras felices) destinados a convencer a los clientes de las virtudes de la conservación de energía. El otro grupo siguió recibiendo la factura tradicional.
Los resultados de estos experimentos mostraron que cuando un hogar se entera de que su consumo es superior a la media, esto genera un incentivo para reducir el consumo. Por ejemplo, el consumo de gas de estos hogares disminuyo entre 1.2% y 2.1% por ciento en promedio con respecto a los hogares que no recibieron la información. Uno de los experimentos se llevo a cabo por 1 año y se observó que la disminución se prolongó por varios meses.
Aunque los resultados parezcan diminutos, los autores calculan que extrapolando estas cifras a toda la población de Sacramento, los usuarios se habrían podido ahorrar US $ 15,2 millones y habrían utilizado el equivalente a 9 millones de galones menos de gas.
Valdría la pena que nuestras autoridades energéticas investigaran mecanismos como estos, antes de subir tarifas como única política de racionamiento de servicios públicos.
miércoles, 27 de enero de 2010
La tarea de la próxima década
(La Patria, Febrero 1 de 2010; El Mundo, Febrero 8 de 2010)
En la edición de Diciembre de 2009, la revista Foreign Affairs le pidió a Bill Clinton enumerar los 3 líderes mundiales a los que la gente debería prestar atención en el futuro cercano. Su respuesta: Paul Kagame (Rwanda), Alvaro Uribe (Colombia) y José Ramos-Horta (East Timor). La razón para referirse a Uribe radica en lo que según Clinton es el milagro de Medellín. Colombia es un país para observar por haber sido capaz de pasar de ser la capital mundial de las drogas a ser la sede del 50 aniversario del BID.
En lo dicho por Clinton, creo yo se encuentra la tarea de la nueva década para Colombia: trabajar agresivamente en restablecer su imagen internacional. En ningún otro momento las condiciones han estado más favorables. Primero una odiosa cifra. De acuerdo con el Índice de Restricciones de Visa Henley, Colombia ocupa el lugar 64 junto con Senegal en términos de restricciones para sus ciudadanos para ingresar a otros países. Los colombianos y los senegaleses pueden entrar sin visa a solo 48 países del mundo. En contraste los daneses pueden entrar a 157 y los norteamericanos a 155.
Las condiciones favorables son muchas. Aquí algunas. Primero, Colombia tiene línea directa con la familia Clinton, y para aquellos que no lo recuerden la señora Clinton es la Secretaria de Estado (el equivalente al Ministro de Relaciones Exteriores) de los EEUU y posible presidenta en un futuro no muy lejano. Aunque a primera vista suena frívolo, no lo es, en política internacional algunas de las decisiones más importantes se toman con base en afinidades de este tipo.
Segundo, el origen de los individuos que han cometido los más recientes actos de violencia y de amenaza contra la seguridad de los países desarrollados es Medio Oriente y África. Esto ha recargando la imagen de estos países como muy peligrosos, descargándola a su vez de otros países antes considerados así.
Tercero, los mexicanos se han robado el show internacional en términos de guerras de carteles, asesinatos de políticos y cuanta atrocidad saben cometer los mercaderes de las drogas en su afán por enriquecerse. Cuarto, gracias a los vaivenes políticos y por un puro efecto comparación, Colombia luce mejor que nunca frente a vecinos como Venezuela, Ecuador, Bolivia o la misma Argentina.
Sea quien sea Presidente de Colombia en los próximos años, sí tiene la visión e intención de replicar una exitosa campaña publicitaria como la que hace unas décadas posiciono a Colombia como país cafetero, la salida del subdesarrollo podría estar más cerca de lo imaginado. Esta vez el producto es Colombia, como un lugar más seguro para visitar y para invertir. La confianza es la base de la inversión internacional, y con ella la generación de nuevos empleos. Como bien lo diría algún sabio: “No existe mejor política social que un buen empleo”.
En la edición de Diciembre de 2009, la revista Foreign Affairs le pidió a Bill Clinton enumerar los 3 líderes mundiales a los que la gente debería prestar atención en el futuro cercano. Su respuesta: Paul Kagame (Rwanda), Alvaro Uribe (Colombia) y José Ramos-Horta (East Timor). La razón para referirse a Uribe radica en lo que según Clinton es el milagro de Medellín. Colombia es un país para observar por haber sido capaz de pasar de ser la capital mundial de las drogas a ser la sede del 50 aniversario del BID.
En lo dicho por Clinton, creo yo se encuentra la tarea de la nueva década para Colombia: trabajar agresivamente en restablecer su imagen internacional. En ningún otro momento las condiciones han estado más favorables. Primero una odiosa cifra. De acuerdo con el Índice de Restricciones de Visa Henley, Colombia ocupa el lugar 64 junto con Senegal en términos de restricciones para sus ciudadanos para ingresar a otros países. Los colombianos y los senegaleses pueden entrar sin visa a solo 48 países del mundo. En contraste los daneses pueden entrar a 157 y los norteamericanos a 155.
Las condiciones favorables son muchas. Aquí algunas. Primero, Colombia tiene línea directa con la familia Clinton, y para aquellos que no lo recuerden la señora Clinton es la Secretaria de Estado (el equivalente al Ministro de Relaciones Exteriores) de los EEUU y posible presidenta en un futuro no muy lejano. Aunque a primera vista suena frívolo, no lo es, en política internacional algunas de las decisiones más importantes se toman con base en afinidades de este tipo.
Segundo, el origen de los individuos que han cometido los más recientes actos de violencia y de amenaza contra la seguridad de los países desarrollados es Medio Oriente y África. Esto ha recargando la imagen de estos países como muy peligrosos, descargándola a su vez de otros países antes considerados así.
Tercero, los mexicanos se han robado el show internacional en términos de guerras de carteles, asesinatos de políticos y cuanta atrocidad saben cometer los mercaderes de las drogas en su afán por enriquecerse. Cuarto, gracias a los vaivenes políticos y por un puro efecto comparación, Colombia luce mejor que nunca frente a vecinos como Venezuela, Ecuador, Bolivia o la misma Argentina.
Sea quien sea Presidente de Colombia en los próximos años, sí tiene la visión e intención de replicar una exitosa campaña publicitaria como la que hace unas décadas posiciono a Colombia como país cafetero, la salida del subdesarrollo podría estar más cerca de lo imaginado. Esta vez el producto es Colombia, como un lugar más seguro para visitar y para invertir. La confianza es la base de la inversión internacional, y con ella la generación de nuevos empleos. Como bien lo diría algún sabio: “No existe mejor política social que un buen empleo”.
viernes, 15 de enero de 2010
La Mala Biología
(La Patria, Enero 25 de 2010; El Mundo, Enero 28, 2010)
Uno de los pocos aspectos positivos que se pueden extraer de la crisis económica mundial es la posibilidad que esta ha dado para que intelectuales y expertos de diversas áreas del conocimiento opinen en torno a las posibles causas de la misma. Mucho de lo escrito recurre a lugares comunes y a ataques personales. Otros análisis, sin embargo, proponen interesantes puntos de vista.
Un excelente ejemplo de esto último es el ensayo titulado “Como la mala biología asesino a la economía” escrito por Frans de Waal, profesor de sicología de la Universidad de Emory, líder mundial en el estudio de neurociencia y comportamiento animal, y publicado en la revista británica RSA de la Real Sociedad para el impulso de las Artes, Manufacturas y el Comercio.
De acuerdo con el ensayo de de Waal, aquellos que opinan que la crisis es el fruto de la irresponsabilidad de banqueros que tomaron demasiado riesgos, o que esta se debe a la falta de regulación en el mercado hipotecario, están mirando hacia el lado equivocado. La razón de fondo se encuentra en lo que él denomina “la mala biología”, esto es, una amañada y cruda simplificación de la naturaleza humana.
La mala biología asume que la especie humana puede ser explicada a partir de la avaricia, el miedo y el egoísmo. La mala biología está sedimentada en una metáfora simplista: si los genes compiten por su supervivencia, y los seres humanos estamos compuestos de estos genes, se deduce que la naturaleza humana es competir hasta eliminar a los más débiles. La metáfora, sin embargo, no está en modo alguno validada por la biología. De Waal afirma tajantemente que el hecho de que los biólogos estudien y documenten la competencia entre los genes, no significa que estos la validen como forma de acción humana, y mucho menos que los genes sean egoístas. El egoísmo que atribuimos a los genes es una invención e interpretación humana, los genes son DNA.
Mantener el mundo de los genes y el mundo de la sicología humana a una distancia prudente es el mayor reto para aquellos interesados en la evolución, concluye de Waal. Es cierto que la evolución biológica se da a partir de un proceso de competencia genética, pero no es cierto que la evolución social de las especies se de a partir del egoísmo. Todo lo contrario, según argumenta de Waal, existe suficiente evidencia científica que demuestra como muchas especies de mamíferos sobreviven por su solidaridad y capacidad de permanecer juntos.
Simpatizo enormemente con lo expuesto por de Wall. Las sociedades modernas están llenas de mercaderes de malas metáforas, y desafortunadamente tienen mucho terreno ganado. La parte más drástica de la crisis económica parece haber pasado, y la metáfora sigue ahí.
-----
Updates:
The Evolution Institute
Article I
Article II
Article III
Uno de los pocos aspectos positivos que se pueden extraer de la crisis económica mundial es la posibilidad que esta ha dado para que intelectuales y expertos de diversas áreas del conocimiento opinen en torno a las posibles causas de la misma. Mucho de lo escrito recurre a lugares comunes y a ataques personales. Otros análisis, sin embargo, proponen interesantes puntos de vista.
Un excelente ejemplo de esto último es el ensayo titulado “Como la mala biología asesino a la economía” escrito por Frans de Waal, profesor de sicología de la Universidad de Emory, líder mundial en el estudio de neurociencia y comportamiento animal, y publicado en la revista británica RSA de la Real Sociedad para el impulso de las Artes, Manufacturas y el Comercio.
De acuerdo con el ensayo de de Waal, aquellos que opinan que la crisis es el fruto de la irresponsabilidad de banqueros que tomaron demasiado riesgos, o que esta se debe a la falta de regulación en el mercado hipotecario, están mirando hacia el lado equivocado. La razón de fondo se encuentra en lo que él denomina “la mala biología”, esto es, una amañada y cruda simplificación de la naturaleza humana.
La mala biología asume que la especie humana puede ser explicada a partir de la avaricia, el miedo y el egoísmo. La mala biología está sedimentada en una metáfora simplista: si los genes compiten por su supervivencia, y los seres humanos estamos compuestos de estos genes, se deduce que la naturaleza humana es competir hasta eliminar a los más débiles. La metáfora, sin embargo, no está en modo alguno validada por la biología. De Waal afirma tajantemente que el hecho de que los biólogos estudien y documenten la competencia entre los genes, no significa que estos la validen como forma de acción humana, y mucho menos que los genes sean egoístas. El egoísmo que atribuimos a los genes es una invención e interpretación humana, los genes son DNA.
Mantener el mundo de los genes y el mundo de la sicología humana a una distancia prudente es el mayor reto para aquellos interesados en la evolución, concluye de Waal. Es cierto que la evolución biológica se da a partir de un proceso de competencia genética, pero no es cierto que la evolución social de las especies se de a partir del egoísmo. Todo lo contrario, según argumenta de Waal, existe suficiente evidencia científica que demuestra como muchas especies de mamíferos sobreviven por su solidaridad y capacidad de permanecer juntos.
Simpatizo enormemente con lo expuesto por de Wall. Las sociedades modernas están llenas de mercaderes de malas metáforas, y desafortunadamente tienen mucho terreno ganado. La parte más drástica de la crisis económica parece haber pasado, y la metáfora sigue ahí.
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Updates:
The Evolution Institute
Article I
Article II
Article III
miércoles, 16 de diciembre de 2009
Comportamiento de exportación
(El Mundo, Dic 18 de 2009; La Patria, Dic 21 de 2009)
Los académicos de las facultades de economía internacionales no cesan de producir estudios interesantes. Desafortunadamente las conclusiones de los mismos no dejan muy bien parada a Colombia. El ejemplo más reciente es un documento titulado “Exposición a la Guerra Civil y Violencia”, escrito por Miguel y Saiegh de la Universidad de California y Satyanath de la Universidad de Nueva York.
La motivación de su estudio se encuentra en investigaciones previas que han mostrado cómo los conflictos civiles tienen severas consecuencias en la salud física y mental de aquellos que están expuestos al mismo. Y la palabra “expuestos” es muy importante, porque el efecto no se da sólo sobre los individuos que combaten, sino sobre la población civil de la región o país en cuestión.
La dificultad inherente en este tipo de estudios es la imposibilidad de separar la exposición diferencial a la guerra civil y los niveles de violencia individual, de otros factores tales como la corrupción o captura de los gobiernos y en general de ambientes con instituciones débiles. Es aquí donde el ingenio de estos autores se hace evidente. En efecto, es posible encontrar un lugar con reglas e instituciones fuertes, no afectadas por conflictos civiles, pero donde los individuos que interactúen en este hayan sido expuestos a diferentes niveles de conflicto civil. La respuesta: los campos de fútbol de la liga europea.
La medida de violencia utilizada es el número de tarjetas amarillas recibidas por los jugadores que actúan en alguna de las grandes ligas europeas (Italia, Inglaterra, España, Alemania y Francia). Y la medida de exposición a la guerra civil es el número de años que el país de donde el jugador es originario ha estado en guerra entre 1980 y 2005.
Los resultados son tristemente interesantes. Se encontró una fuerte correlación entre el número de años de conflicto civil en el país de origen de un jugador y la probabilidad de que este reciba una tarjeta amarilla. Los autores ejemplifican su punto realzando que Colombia e Israel son los únicos países con guerra civil en todos los años del análisis y que Iván Ramiro Córdoba, en solo dos temporadas, acumulo 25 tarjetas amarillas. De acurdo con los autores, los resultados son similares aun cuando los jugadores de países como Colombia, Israel, Irán, Perú y Turquía son excluidos del análisis.
Los resultados no son en manera alguna un ataque a los colombianos, ni tampoco sugieren una relación causa-efecto inequívoca. Sin embargo, si sugieren una reflexión profunda en torno a las múltiples y quizá inimaginables consecuencias que la exposición a una guerra civil por décadas ha dejado en la mente y en el comportamiento de los colombianos. Quizá una de ellas sea la exagerada indiferencia ante actos violentos de nuestra sociedad (un borrador del estudio se puede encontrar en http://elsa.berkeley.edu/~emiguel/pdfs/miguel_soccer.pdf).
Los académicos de las facultades de economía internacionales no cesan de producir estudios interesantes. Desafortunadamente las conclusiones de los mismos no dejan muy bien parada a Colombia. El ejemplo más reciente es un documento titulado “Exposición a la Guerra Civil y Violencia”, escrito por Miguel y Saiegh de la Universidad de California y Satyanath de la Universidad de Nueva York.
La motivación de su estudio se encuentra en investigaciones previas que han mostrado cómo los conflictos civiles tienen severas consecuencias en la salud física y mental de aquellos que están expuestos al mismo. Y la palabra “expuestos” es muy importante, porque el efecto no se da sólo sobre los individuos que combaten, sino sobre la población civil de la región o país en cuestión.
La dificultad inherente en este tipo de estudios es la imposibilidad de separar la exposición diferencial a la guerra civil y los niveles de violencia individual, de otros factores tales como la corrupción o captura de los gobiernos y en general de ambientes con instituciones débiles. Es aquí donde el ingenio de estos autores se hace evidente. En efecto, es posible encontrar un lugar con reglas e instituciones fuertes, no afectadas por conflictos civiles, pero donde los individuos que interactúen en este hayan sido expuestos a diferentes niveles de conflicto civil. La respuesta: los campos de fútbol de la liga europea.
La medida de violencia utilizada es el número de tarjetas amarillas recibidas por los jugadores que actúan en alguna de las grandes ligas europeas (Italia, Inglaterra, España, Alemania y Francia). Y la medida de exposición a la guerra civil es el número de años que el país de donde el jugador es originario ha estado en guerra entre 1980 y 2005.
Los resultados son tristemente interesantes. Se encontró una fuerte correlación entre el número de años de conflicto civil en el país de origen de un jugador y la probabilidad de que este reciba una tarjeta amarilla. Los autores ejemplifican su punto realzando que Colombia e Israel son los únicos países con guerra civil en todos los años del análisis y que Iván Ramiro Córdoba, en solo dos temporadas, acumulo 25 tarjetas amarillas. De acurdo con los autores, los resultados son similares aun cuando los jugadores de países como Colombia, Israel, Irán, Perú y Turquía son excluidos del análisis.
Los resultados no son en manera alguna un ataque a los colombianos, ni tampoco sugieren una relación causa-efecto inequívoca. Sin embargo, si sugieren una reflexión profunda en torno a las múltiples y quizá inimaginables consecuencias que la exposición a una guerra civil por décadas ha dejado en la mente y en el comportamiento de los colombianos. Quizá una de ellas sea la exagerada indiferencia ante actos violentos de nuestra sociedad (un borrador del estudio se puede encontrar en http://elsa.berkeley.edu/~emiguel/pdfs/miguel_soccer.pdf).
miércoles, 2 de diciembre de 2009
Una visión de la Democracia en EEUU
(EL Mundo, Diciembre 8 de 2009)
Hace tres años, un par de profesores de la facultad de economía de la Universidad de Tennessee (Davis y Figgins), se embarcaron en una investigación sui generéis. La pregunta que querían responder era: Creen los economistas norteamericanos que la democracia de los EEUU realmente funciona? Para responderla, los investigadores enviaron una encuesta por correo a mil economistas, seleccionados aleatoriamente de la lista de miembros de la Asociación de Economía Americana, la más prestigiosa del mundo. La tasa de respuesta fue de aproximadamente un treinta por ciento.
Aquellos que respondieron fueron en su mayoría hombres y profesores de tiempo completo. La mitad tenía más de 25 años de experiencia profesional. En términos de afiliación política, la mayoría era demócrata (el partido de Obama) o independiente. Pocos se identificaron como republicanos (el partido de Bush). Las preguntas se diseñaron a manera de proposiciones, con respuestas en una escala de 1 a 5, siendo 1 “Totalmente en desacuerdo” y 5 “Totalmente de acuerdo”. Los resultados, aun sin ser totalmente científicos, son sugestivos. Veamos algunos.
Ante la proposición que afirmaba que en ese país los grupos de lobby tienen un impacto no despreciable en la formulación de política pública, los encuestados estuvieron altamente de acuerdo. De igual forma, la proposición según la cual los funcionarios públicos elegidos por votación popular usaban los medios de comunicación para promover puntos de vista políticos más que para comunicar los hechos de manera no sesgada, recibió alta aprobación. Otro punto de convergencia fue la proposición según la cual la mayor prioridad de un individuo elegido por votación popular era ser reelegido.
En términos de sustento para la toma de decisiones, estos economistas opinaron que las decisiones en EEUU están típicamente basadas en conveniencia política más que en evidencia científica. De manera similar, la proposición según la cual los oficiales elegidos por voto popular hacen promesas de campaña que luego no pueden o no están dispuestos a honrar, también recibió alta aprobación.
Quizá la más interesante de todas las respuestas fue la dada ante la proposición que preguntaba si consideraban que una ley típica, aprobada por el congreso norteamericano, generaba beneficios sociales netos positivos para su sociedad. La respuesta más frecuente fue: “En Desacuerdo”.
Davis y Figgins, concluyen con la siguiente definición de la política en EEUU: un lugar donde los grupos de interés ejercen influencia sobre los políticos, quienes usan un discurso público bien creativo dirigido a votantes ignorantes o poco versados en temas económicos con el fin de ser reelegidos, y donde las eventuales consecuencias de las políticas públicas frecuentemente no traen beneficios sociales, excepto para los grupos de interés que las promueven.
Interesante entonces leer el escepticismos de los economistas respecto al supuesto primer producto de exportación de EEUU. Pensaran lo mismo los nuestros? Me inclino a pensar que si.
Hace tres años, un par de profesores de la facultad de economía de la Universidad de Tennessee (Davis y Figgins), se embarcaron en una investigación sui generéis. La pregunta que querían responder era: Creen los economistas norteamericanos que la democracia de los EEUU realmente funciona? Para responderla, los investigadores enviaron una encuesta por correo a mil economistas, seleccionados aleatoriamente de la lista de miembros de la Asociación de Economía Americana, la más prestigiosa del mundo. La tasa de respuesta fue de aproximadamente un treinta por ciento.
Aquellos que respondieron fueron en su mayoría hombres y profesores de tiempo completo. La mitad tenía más de 25 años de experiencia profesional. En términos de afiliación política, la mayoría era demócrata (el partido de Obama) o independiente. Pocos se identificaron como republicanos (el partido de Bush). Las preguntas se diseñaron a manera de proposiciones, con respuestas en una escala de 1 a 5, siendo 1 “Totalmente en desacuerdo” y 5 “Totalmente de acuerdo”. Los resultados, aun sin ser totalmente científicos, son sugestivos. Veamos algunos.
Ante la proposición que afirmaba que en ese país los grupos de lobby tienen un impacto no despreciable en la formulación de política pública, los encuestados estuvieron altamente de acuerdo. De igual forma, la proposición según la cual los funcionarios públicos elegidos por votación popular usaban los medios de comunicación para promover puntos de vista políticos más que para comunicar los hechos de manera no sesgada, recibió alta aprobación. Otro punto de convergencia fue la proposición según la cual la mayor prioridad de un individuo elegido por votación popular era ser reelegido.
En términos de sustento para la toma de decisiones, estos economistas opinaron que las decisiones en EEUU están típicamente basadas en conveniencia política más que en evidencia científica. De manera similar, la proposición según la cual los oficiales elegidos por voto popular hacen promesas de campaña que luego no pueden o no están dispuestos a honrar, también recibió alta aprobación.
Quizá la más interesante de todas las respuestas fue la dada ante la proposición que preguntaba si consideraban que una ley típica, aprobada por el congreso norteamericano, generaba beneficios sociales netos positivos para su sociedad. La respuesta más frecuente fue: “En Desacuerdo”.
Davis y Figgins, concluyen con la siguiente definición de la política en EEUU: un lugar donde los grupos de interés ejercen influencia sobre los políticos, quienes usan un discurso público bien creativo dirigido a votantes ignorantes o poco versados en temas económicos con el fin de ser reelegidos, y donde las eventuales consecuencias de las políticas públicas frecuentemente no traen beneficios sociales, excepto para los grupos de interés que las promueven.
Interesante entonces leer el escepticismos de los economistas respecto al supuesto primer producto de exportación de EEUU. Pensaran lo mismo los nuestros? Me inclino a pensar que si.
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