sábado, 1 de agosto de 2009

Ayuda militar y sus efectos en Colombia

(La Patria, Agosto 10 de 2009)

Empieza a circular en el mundo académico norteamericano y en particular entre los centros de investigación de Washington, un estudio titulado “Bases, balas y votaciones: el efecto de la ayuda militar norteamericana en el conflicto armado de Colombia”. Los autores son Oeindrila Dube y Suresh Naidu, dos jóvenes académicos que recién reciben sus PhDs. El estudio es una lectura obligada en estos días de álgido debate entre Colombia y sus vecinos por el acuerdo de cooperación con EEUU que permitirá a militares de ese país, el uso de bases colombianas.

La idea central del artículo es comparar indicadores de violencia política y participación en elecciones entre municipios con y sin bases militares. Esto, dado que la ayuda militar norteamericana se canaliza hacia ciertas brigadas que tienen asiento solo en algunas bases militares. El estudio se concentra en el periodo 1998-2005 y los datos sobre ataques unilaterales o choques armados provienen del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).

Dube y Naidu encuentran que el efecto de la ayuda militar norteamericana ha sido intensificar la violencia en Colombia. Los resultados sugieren que dicha ayuda causa un mayor número de ataques de los paramilitares (quienes según afirman estos autores son aliados de los militares), y a la vez, parece no tener un efecto significativo en el número de ataques perpetuados por la guerrilla. Es importante recordar que este efecto debe leerse en comparación con las áreas que no reciben ayuda militar.

Otro resultado, igualmente escalofriante, se refiere al hallazgo de que dicha ayuda resulta en un incremento desproporcionado de asesinatos políticos por parte de grupos paramilitares durante los años de elecciones, pero no parece tener efecto en el número de asesinatos políticos cometidos por la guerrilla. Finalmente, Dube y Naidu encuentran que cuando la ayuda militar se eleva, cae el número de votantes en aquellos municipios aledaños a las bases militares en cuestión y el efecto es aún mayor en los municipios más agitados políticamente. En resumen, los autores concluyen que “la ayuda militar extranjera podría fortalecer la capacidad de los agentes armados no estatales, lo que socava las instituciones políticas nacionales.”

Es valioso que jóvenes académicos internacionales analicen el conflicto colombiano y cuestionen la intervención de fuerzas externas en conflictos internos. No obstante, la complejidad del conflicto armado colombiano, y los márgenes de error de los indicadores utilizados en el análisis obligan a mirar estos resultados con algún escepticismo.

Como bien diría el famoso estadístico John Tukey “la combinación de algunos datos y un ferviente deseo por encontrar respuestas, no asegura que una respuesta razonable pueda ser extraída de un cierto conjunto de datos”. (El estudio se puede bajar en http://www.cgdev.org/doc/events/07.29.09/Bases_Bullets_Ballots.pdf)

sábado, 18 de julio de 2009

Fertilidad, envejecimiento y crecimiento

(El Mundo, Julio 22 de 2009; La Patria, Julio 27 de 2009)
En 1798, el reverendo anglicano Thomas Robert Malthus propuso su famosa teoría de crecimiento económico: “El poder del crecimiento poblacional es indefinidamente más alto que el poder de la tierra para producir alimentos para su subsistencia”. En consecuencia, cualquier avance en los estándares de vida, a través de mayor abundancia en bienes o servicios, era rápidamente absorbido por el crecimiento poblacional. La riqueza por habitante de un país dependía críticamente de la tasa de fertilidad.

Malthus estaba en lo cierto. Al menos en explicar lo sucedido hasta su momento. La historia económica del mundo sugiere que solo hasta la revolución industrial, los avances tecnológicos superaron a la tasa de población y el nivel de riqueza fue el factor dominante en explicar la relación entre riqueza y población para los países desarrollados.

La teoría de Malthus, sin embargo, no ha muerto. De un lado, el crecimiento poblacional es una de las causas más fuertes y convincentes para explicar la existencia de una crisis mundial climática y medioambiental, al menos para aquellos que defienden esta idea. Basta con leer la justificación dada para el otorgamiento del premio nobel de la paz en 2007 al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y Al Gore: “por sus esfuerzos en acrecentar y diseminar el conocimiento acerca del cambio climático producido por el hombre”.

De otro lado, está el papel del envejecimiento poblacional, una consecuencia que habría sido difícil de imaginar para Malthus dada la baja expectativa de vida de su generación. Un reciente estudio conducido por David Bloom, David Canning, Gunther Fink, y Jocelyn Finlay reviso los costos de la baja fertilidad en Europa. En este estudio los autores observan que en el corto plazo, bajas tasas de fertilidad incrementan el ingreso per-cápita, dado que los costos de criar hijos como sociedad disminuyen y la participación de más adultos en el mercado laboral se incrementa.

Pero este crecimiento de corto plazo es reemplazado por un efecto mayor de largo plazo. Cuando los trabajadores avanzan a su etapa de retiro, los efectos de una baja tasa de fertilidad se ven reflejados en un menor número de trabajadores, y por ende una producción menor de riqueza. Los costos para la sociedad en términos de pensiones y salud pueden rápidamente erosionar la riqueza acumulada. Si a esto se le suman sistemas de seguridad social no balanceados financieramente, el incremento en impuestos para compensar déficits financieros se puede convertir en otro desincentivo al trabajo y la creación de riqueza.

Bloom y sus colegas, dudan que masivas migraciones desde el tercer mundo sea la solución para este problema en Europa, en particular por la resistencia política a una iniciativa de este estilo. En conclusión, en el inmediato futuro, la tasa de fertilidad en el pasado será entonces una importante fuerza en explicar los problemas económicos y medioambientales del mundo.

viernes, 3 de julio de 2009

Las ciudades y sus profesionales

(La Patria, Julio 6 de 2009; El Mundo, Julio 13 de 2009)

Una línea de investigación muy interesante en economía urbana es aquella que estudia la conexión entre el tamaño del área de una ciudad y la productividad por trabajador al igual que el ingreso de sus profesionales. Uno de los líderes en esta área es el profesor Edward L. Glaeser perteneciente al departamento de economía de la Universidad de Harvard.

En principio, la existencia de una ciudad se puede entender a partir de la conexión entre su densidad urbana y los ingresos de sus habitantes. Es decir, a más gente más oportunidades de trabajo y de ingreso. Sin embargo, los estudios del profesor Glaeser sugieren que esta relación no es constante, o automática, al menos en las ciudades de los EEUU. En particular, esta relación no se da para áreas metropolitanas en donde la mayoría de sus trabajadores tienen bajos niveles de educación. Pero si ocurre en ciudades donde las personas tienen altos niveles de educación.

Por que se da esta conexión entre tamaño de ciudad e ingreso en unas ciudades y en otras no? El trabajo empírico de Glaeser y otros colegas da soporte a la hipótesis de que en ciudades grandes con gente más educada se dan procesos de aprendizaje entre colegas con mucha más celeridad y mucho mayor impacto en la productividad individual. Sin embargo, el mecanismo por el cual se dan estos procesos es aun materia de investigación. Un segundo resultado, también muy interesante, es el hallazgo de que la tasa de cambio tecnológico en ciudades con trabajadores más educados es más alta.

La conclusión preliminar de estos investigadores es que las ciudades y el capital humano son complementarios, por lo tanto las ciudades son piezas claves en el desarrollo tanto de regiones como de países.

De tiempo atrás, en casi todas las ciudades existen capítulos de asociaciones profesionales. Sin embargo no es muy claro que tan “productivas” son estas asociaciones en términos de permitir la diseminación de conocimiento entre sus afiliados, o de promover el intercambio de conocimientos profesionales entre sus miembros. Muchas de ellas son quizá, meras organizaciones de entretenimiento social, que en lugar de motivar a ciertos profesionales a unirse, los incentivan a mantenerse alejados. Especialmente aquellos con altas habilidades profesionales, pero baja sociabilidad.

De allí la importancia de estudiar y entender las diferentes formas de comunicación e interconexión entre profesionales como parte de la agenda de desarrollo económico de cualquier ciudad.

sábado, 6 de junio de 2009

Oficina de la verdad

(El Mundo, Junio 23 de 2009; La Patria, Junio 23 de 2009)

Un hecho relativamente insólito ha pasado inadvertido en el mundo económico. El 1 de Abril de 2008 el Reino Unido estableció una agencia pública denominada la Autoridad Estadística del Reino Unido. Esta organización es un cuerpo independiente que opera a una distancia prudente del gobierno como un departamento no ministerial, y cuyos funcionarios solo responden al Parlamento.

El objetivo definido por los estatutos de esta entidad es promover y salvaguardar la producción y publicación de estadísticas oficiales que sirven el bien público. De igual manera sus estatutos obligan a esta entidad a promover y salvaguardar la calidad y entendimiento de las estadísticas oficiales, y asegurar buenas prácticas en relación con el uso de estadísticas oficiales.

La principal función de esta nueva entidad es ejercer un escrutinio independiente (monitoreo y valoración) de todas las estadísticas oficiales producidas en el Reino Unido. Para asegurar su independencia, esta nueva entidad está financiada por los impuestos generales. Y con el mismo fin, el Parlamento decidió que su presupuesto no será discutido por el gobierno en su proceso de presupuestación anual y que su partida presupuestal estará sujeta a revisiones periódicas con incrementos determinados por formulas.

Aunque a primera vista suena a una comisión mas de burócratas, la entidad ha empezado a dar de que hablar en el Reino Unido. En la actualidad se encuentran auditando las estadísticas que han justificado políticas públicas y en particular programas públicos en temas tan delicados como educación y criminalidad.

Por ejemplo, en Diciembre 12 de 2008, la oficina del Primer Ministro Brown citó la reducción en un 27% de jóvenes admitidos en hospitales a causa de heridas con cuchillo como una cifra que demostraba el éxito de las políticas de seguridad de su gobierno. La Autoridad Estadística cuestionó esta cifra y acuso a la oficina del Primer Ministro de selectividad en el uso de la información a su favor.

La carta de Sir Michael Scholar, director de la entidad, al gobierno dice: “Espero que usted estará de acuerdo conmigo en que la publicación de cifras no verificadas estadísticamente de manera prematura corroe la confianza del público en las estadísticas oficiales, y es incompatible con los altos estándares que todos buscamos establecer”.

En Colombia, todos lo sabemos, esto le habría costado la cabeza a quien firmara tal carta. La respuesta de la Oficina del Primer Ministro Brown fue por el contrario la adecuada: reconocer el error. No hay duda de que Colombia está en mora de crear una autoridad como esta. Solo Dios sabe cuántas cifras manipuladas habrán servido de base para justificar la financiación de programas innecesarios. (Visite http://www.statisticsauthority.gov.uk para más información).

sábado, 30 de mayo de 2009

Capital social y asistencialismo

(El Mundo, Junio 2 de 2009; La Patria, Junio 10 de 2009)

Es posible que los programas de asistencia social dañen la confianza interpersonal? Esta pregunta se la hacen los investigadores Alberto Chong, Hugo Ñopo y Vanessa Ríos, quienes trabajan para el Departamento de Investigaciones Económicas del BID, pero cuyas ideas y conclusiones no deben atribuirse a esta institución. Y su respuesta es que esto es bastante probable.

Para responder a la pregunta, dichos investigadores se basan en un conocido experimento llamado el “Juego de la confianza”. En éste, un grupo de personas representativo de la población bajo análisis es elegido. Los participantes son asignados aleatoriamente en parejas: la mitad asume el rol de jugador 1 y la mitad el rol de jugador 2. Ambos grupos son ubicados simultáneamente en salones separados y las identidades de los pares nunca son reveladas. Sin embargo cada jugador recibe información básica de su pareja (v. gr. Sexo, edad, nivel educativo y estrato socio-económico). Cada jugador recibe una suma igual de dinero inicialmente.

El juego consiste en pedir al jugador 1 que decida qué porcentaje de su dinero quiere enviar al jugador 2, sabiendo que este recibirá 3 veces este valor. En el otro salón, el jugador 2 debe decidir con anticipación cuánto va a devolver al jugador 1 de acuerdo a la oferta recibida. Inmediatamente antes de tomar sus decisiones, ambos jugadores deben predecir cuánto creen que van a recibir del otro.

En términos generales, después de muchas experimentos alrededor del mundo, este juego ha dado como resultado que el jugador 1 envía la mitad de su dinero al jugador 2, y luego recibe de vuelta de 10 a 20 por ciento más de lo enviado. En otras palabras, ambos ganan. La confianza en el otro esta medida por la cantidad que el jugador 1 envía, la cual está basada a su vez en su expectativa de retorno.

Usando una muestra de 2,000 latinoamericanos, ubicados en Bogotá, Lima, Montevideo y San José. Los autores encuentran que en el subgrupo de personas que es beneficiaria de programas de asistencia social la confianza en los otros es más baja. Estadísticamente, la cantidad enviada por el jugador 1 en este subgrupo es menor que la enviada por los jugadores 1 que no reciben programas de asistencia social.

Los autores argumentan que para el caso de estas ciudades latinoamericanas, los programas de asistencia social pueden estar destruyendo el escaso capital social que existe, al menos en lo que concierne a confianza interpersonal entre los beneficiarios de estos programas. El mecanismo de destrucción es complejo, aunque parece estar ligado a problemas de estigmatización externa y auto estigmatización.

Este análisis llama entonces la atención sobre una “consecuencia inesperada” de los programas asistencialistas, que bien vale la pena tener en cuenta a la hora de apoyarlos. Bien es sabido que de buenas intenciones está empedrado el camino al infierno.

miércoles, 20 de mayo de 2009

La paradoja de la felicidad femenina

(El Mundo, Mayo 21, Pag A2; La Patria, Mayo 26)

Betsey Stevenson y Justin Wolfers, investigadores de las escuelas de negocios y de políticas públicas de la Universidad de Pensilvania, sugieren la existencia de lo que ellos denominan la “Paradoja del decrecimiento de la felicidad femenina”. La paradoja consiste en que, a pesar, de la evolución positiva de una serie de indicadores económicos, las mujeres de los EEUU y de algunos países desarrollados reportan niveles subjetivos de felicidad más bajos que los hombres. Y esta brecha es cada vez mas pronunciada.

En efecto, en los países desarrollados, los indicadores que miden el progreso de las mujeres en el ámbito económico y social son positivos. Por ejemplo, las brechas salariales entre hombres y mujeres han prácticamente desaparecido; los niveles de educación han aumentado y en la actualidad superan a los de los hombres; mas mujeres ejercen un control directo sobre la decisión de tener hijos; y los avances en la tecnología de electrodomésticos han liberado mayor tiempo para actividades en familia. De igual importancia es la mayor participación de las mujeres en el mercado laboral y la proliferación de servicios personales disponibles para familias con buenos ingresos (v.gr niñeras, aseo, etc).

Sin embargo los indicadores subjetivos de felicidad reportados por las mujeres no se corresponden con todos estos avances socioeconómicos. Los investigadores muestran que durante los últimos 35 años, este indicador ha decrecido tanto en términos absolutos, como en términos relativos respecto de los hombres. De igual forma, la tendencia se observa tanto en preguntas que se refieren a que tan feliz se siente como a que tan satisfecha esta con su vida.

Stevenson y Wolfers, encuentran que la paradoja no es un truco o anomalía de una sola encuesta. El decrecimiento en el reporte subjetivo de la felicidad por parte de las mujeres es evidente en muchas encuestas, y no depende del país, grupo demográfico, periodo de tiempo o tipo de pregunta. Por ejemplo, la tendencia decreciente se observa tanto para mujeres amas de casa como para mujeres que trabajan; para mujeres casadas y divorciadas; para mujeres jóvenes y mujeres adultas; y para mujeres con bajos niveles de educación y altos niveles de educación.

Los autores no sugieren ninguna explicación para esta paradoja. Múltiples hipótesis han sido propuestas, en particular una que sugiere que esto se debe a los múltiples roles de la mujer moderna, pero esto no se ve claramente en las encuestas. De allí la paradoja.

Las implicaciones de este hallazgo son importantes para el diseño de política pública con respecto a la mujer, al igual que las evaluaciones de programas públicos dirigidos a elevar el bienestar de las mujeres. Falta entonces analizar si este efecto también se presenta en países de ingreso medio como Colombia, o si esta es solo una enfermedad del primer mundo. (El documento se encuentra en http://www.nber.org/papers/w14969.pdf).

sábado, 9 de mayo de 2009

Adicción al juego y autoexclusión

(La Patria, Mayo 11 de 2009)

Con frecuencia, ciertos comportamientos individuales terminan por convertirse en problemas públicos. Y cuando los problemas son públicos, los ciudadanos demandan acciones de sus gobernantes. Típicamente la respuesta de un gobierno oscila entre prohibir o reprimir. Sin embargo otras alternativas son posibles. El problema de la adicción a las apuestas es un buen ejemplo de esto.

Los casinos están proliferando a lo largo y ancho del mundo, y Colombia no es la excepción. Los casinos proveen una fuente interesante de recursos para los gobiernos locales, y generan algunos empleos. Pero a su vez, los casinos pueden traer efectos indeseados. Los casinos pueden generar adicción al juego, y tal adicción puede conllevar altos costos personales, familiares y sociales.

En algunos países del mundo se viene implementando un política distinta a la de prohibir o reprimir. Se trata de los programas de auto-exclusión. En este tipo de políticas, los adictos le solicitan al gobierno que los incluya en una lista que luego es circulada entre los casinos y que es utilizada para prohibir la entrada de estos individuos. Esta política esta en 9 estados de los EEUU incluyendo Nevada, donde se encuentra la famosa ciudad de Las Vegas, al igual que en varios países europeos, como los Países Bajos y Suiza (donde los programas son obligatorios y no voluntarios), en Nueva Zelanda, en todas las provincias canadienses y en varios estados australianos, en particular Queensland y Victoria.

A la fecha no existen estudios que demuestren con rigurosidad estadística el éxito o fracaso de esta alternativa de política. Pero los gobernantes de estas ciudades y regiones parecen estar muy esperanzados en la misma. El estudio más cuidadoso completado recientemente fue realizado por el Consejo de Apuestas Responsables de Ontario. A pesar de la falta de datos empíricos, algunas conclusiones del estudio sugieren que la política puede ser eficaz.

Los expertos en el tema sugieren que políticas de este tipo pueden más efectivas si la auto-exclusión en lugar de ser para toda la vida se gradúan en el tiempo de acuerdo a las necesidades de los individuos. También se ha visto que allí donde los vínculos entre los casinos y las organizaciones que ofrecen programas de tratamiento especializado para superar la adicción al juego, son fuertes, la política es más eficaz.

Los expertos también proponen que el rol del gobierno sea como propagador de mayor publicidad sobre la existencia de estos programas. Y como es obvio, la autorregulación de los casinos es uno de los eslabones más críticos. Existen también importantes preguntas respecto de cómo manejar el proceso, una vez la auto-exclusión termina. Se sugiere la necesidad de incorporar a los recién “egresados” a motivar a través de programas educativos a aquellos que están en riesgo de caer en la misma adicción.

Las listas de autoexclusión prometen ser una alternativa de política viable, no represiva, para un problema social que no es de poca envergadura.