martes, 7 de agosto de 2018

Descentralización inconclusa

(El Mundo, agosto 9 de 2018)

Por allá hace 30 años, en 1988, se realizó la primera elección popular de alcaldes en Colombia. Luego en 1991 se realizó la primera elección de gobernadores. Los académicos llaman a ese proceso la descentralización. Las promesas eran muchas. Al acabarse el centralismo, Bogotá ya no sería quien definiría todo. Las regiones podrían ahora si planear su desarrollo y hacerlo realidad mediante la administración de sus recursos fiscales.

Comparar el país de hoy con el de hace 30 años es imposible, y también difícil sería imaginarnos cual habría sido la historia si el país siguiera centralizado. Lo que sí se puede hacer es mirar la tendencia histórica y revisar que ha pasado con las brechas económicas entre Bogotá y las regiones, y entre las regiones mismas (sin Bogotá). Ese es el estudio que hicieron Lucas Wilfried Hahn-De-Castro y Adolfo Meisel-Roca publicado en la serie Cuadernos de Historia Económica del Banco de la República – Sucursal Cartagena con el título de “La desigualdad económica entre las regiones de Colombia, 1926-2016”.

El estudio, analizó 90 años de datos de actividad económica para seis regiones colombianas: Caribe, Pacífico, Centro-Occidente, Centro-Oriente, Antiguos Territorios Nacionales, Bogotá y Cundinamarca.  En palabras de los autores: “La principal conclusión del estudio es que las desigualdades económicas regionales que se observan hoy en día no son recientes. A lo largo del siglo XX, la región central de Colombia, donde se encuentra su ciudad capital, ha concentrado una parte importante de la producción nacional. A su vez, las regiones periféricas como las costas Caribe y Pacífico se han rezagado en términos relativos. Estas brechas muestran pocos indicios de haberse cerrado en el tiempo”.

Mi conclusión después de leer este estudio es que la descentralización no ha servido su propósito económico: desarrollar de manera equitativa el país cerrando las brechas entre regiones. Para ser justos quizá haya servido otros propósitos cómo profundizar la democracia y mejorar la administración pública en algunas ciudades. Pero es innegable que en lo económico falló.

Ya no hay marcha atrás. Ahora lo que resta es profundizar la descentralización. Darle más autonomía fiscal a las regiones y cortar la dependencia del gobierno nacional central. Hay recursos fiscales que son locales y que no se están recaudando al máximo. Con los incentivos correctos por parte del gobierno central esto se podría lograr.

martes, 24 de julio de 2018

El barco se sigue hundiendo

(El Mundo, julio 26 de 2018)

El nuevo gobierno va a encontrar un sistema de salud que se está hundiendo por su propio peso. Primero las cifras. De acuerdo con cálculos recientes de Jaime Alberto Peláez publicados en el periódico El Pulso de la ciudad de Medellín, las 12 EPS más grandes del país tuvieron pérdidas consolidadas netas de 1.9 billones de pesos. El mismo autor señala  que estas pérdidas financieras están concentradas en 6 EPS, y que las deudas acumuladas del sistema con los prestadores podrían alcanzar los 20 billones de pesos (casi 2 Hidroituangos).

Ningún otro derecho constitucional está en semejante crisis financiera. El común de las personas pensara que bien merecido se la tienen las EPS, pero en realidad, que se quiebre una EPS significa que se quiebren muchas IPS. Porque los activos que tienen estas entidades alcanzan para pagar un mínimo porcentaje de sus deudas.

El barco lleva hundiéndose mucho tiempo, año tras año, los indicadores financieros se han ido deteriorando. Faltó mano dura para atajar el problema y ahora es muy grande, y por ende las soluciones van a ser dolorosas.

Conseguir recursos nuevos y frescos para el sistema es muy difícil, sin que esto estorbe a alguien o le dañe el negocio a alguien. Por ejemplo, se le podrían inyectar del orden de 5 billones de pesos al sistema si se agregan los ingresos de SOAT y de las ARL a la bolsa de la ADRES. Pero esto no le conviene a los dueños de estos dos negocios.

También se podría incentivar la inyección de capital fresco promoviendo la compra y fusión de las EPS. O se podría eliminar la restricción a la integración vertical y generar verdaderas redes integradas, con gobernabilidad única. Pero esto no le conviene a los dueños de los hospitales públicos (los políticos) o privados.

También podría aumentarse la vigilancia epidemiológica y descubrir los abusos (incluso fraudes, como el cartel de la hemofilia) de especialistas, todos motivados por el afán de lucho individual.

El barco de la salud se sigue hundiendo. De todos los sectores es al que más atención debería prestarle el próximo gobierno.

lunes, 9 de julio de 2018

La micro corrupción

(El Mundo, julio 11 de 2018)

Una de las tareas más importantes para el nuevo gobierno será la de identificar los colados de los subsidios estatales y formalizarlos. En una columna hace dos años mostré como en 2015 había 22 millones de personas afiliadas al régimen subsidiado y 13 millones de pobres. Es decir que había un poco más de nueve millones de personas coladas. Los departamentos dónde la brecha fue mayor eran Antioquia y Valle del Cauca.

Desafortunadamente las cosas no han cambiado. En diciembre de 2017 según la ADRES había 22.4 millones de afiliados al régimen subsidiado, es decir, 400 mil personas más. A la vez, de acuerdo con el DANE, entre 2016 y 2017, 385 mil personas salieron de la pobreza monetaria y 469 mil personas salieron de la pobreza extrema en el total nacional. La incidencia de la pobreza en 2017 fue de 26.9%, es decir unos 13.1 millones de pobres, asumiendo que la población colombiana es de 49 millones de habitantes. Esto quiere decir que la cifra de “colados” al sistema de salud probablemente ha aumentado.

Las cifras de la Encuesta Nacional de Calidad de Vida de 2017 muestran que las condiciones de los hogares son cada vez mejores. Por ejemplo el 45.2% de las personas vive en “casa propia, totalmente pagada”. El 94% tienen TV, el 86.5% nevera, 73.4% TV por suscripción, el 65% maquina lavadora, el 50% equipo de sonido, el 50% conexión a internet y el 44.3% computador. Sí hay dinero para todos estos aparatos y servicios, debería haber dinero para contribuir a la salud.

Según la misma encuesta el 24% de los hogares que viven en cabeceras (hogares urbanos) se considera pobre, lo que coincide con la incidencia de la pobreza monetaria en cabeceras de 24.2%. Es decir, los mismos hogares ratifican que los pobres no pasan de 13.1 millones de personas.

Los “colados” son una de las peores formas de corrupción social que tenemos en Colombia. Es la micro corrupción. Son personas que no creen en el principio básico de “todos ponen, todos ganan” y por ende no contribuyen al bienestar colectivo. Pero su engaño al estado termina siendo un engaño a sí mismas. Por ejemplo, el sistema de salud es lento, en buena medida por la falta de recursos monetarios. Y así, similarmente, otros servicios estatales como la educación son de baja calidad por la falta de recursos.

La buena noticia es que la solución a los “colados” existe, la información de ingresos y gastos existe en bases de datos, es cuestión de cruzarlas de manera inteligente. Cada vez es más difícil esconder gastos e ingresos. Sí el nuevo gobierno tiene la voluntad de hacerlo será posible. 

martes, 12 de junio de 2018

Demarquía


(El Mundo, junio 14 de 2018)

Los seres humanos tienen millones de años de existencia, y han existido muchas formas de gobierno. La más reciente y triunfante es la democracia. Pero este modo de gobierno sólo se popularizó en los últimos 200 años. Hoy en día la mayoría de los países del mundo eligen a sus gobernantes usando el voto popular o una versión del mismo.

Con la democracia y de manera natural se crearon los partidos políticos y se creó una carrera: ser político. La mayoría de las personas están de acuerdo con que la democracia como sistema es mejor que los demás (dictadura, monarquía, etcétera). Pero de igual manera la mayoría de las personas están de acuerdo en que la democracia de su país no funciona. El cáncer de la democracia es la captura de los votos usando prácticas corruptas o usando estrategias de mercadeo político. Los representantes elegidos así, no gobiernan con el interés colectivo como principio que les guía, sino con base en el interés individual de favorecer a minorías poderosas.

¿Cómo curar ese cáncer? La consulta anticorrupción no es la respuesta. Las leyes son suficientemente duras en Colombia, el problema es que no se cumplen. El problema de fondo sigue siendo que el sistema electoral tiene precio y que existen políticos de profesión. Una opción es acabar de manera definitiva con el sistema de elección, con los partidos políticos y con los políticos. Esto se puede hacer pasando del voto comprado a la lotería.

En efecto, en la antigua Grecia, cuna de la democracia, la mayoría de los cargos eran elegidos por sorteo. En los Estados Unidos los jurados de casos legales son personas seleccionadas por sorteo del conjunto de ciudadanos mayores de edad que viven y trabajan en la ciudad. Así mismo se podría hacer para elegir todos los cargos de representación popular, desde los concejales hasta el Congreso.

Esto suena loco, pero ya se está haciendo en ciudades y provincias de países como Canadá, Islandia, Australia y Alemania. Confiemos en que esos experimentos funcionen bien y que en un futuro no muy lejano, usted y yo, sin necesidad de formar un partido podamos tener la oportunidad de verdaderamente servir al país sin intereses. Esa es la verdadera democracia, no el triste mercado que hoy tenemos.

lunes, 28 de mayo de 2018

Del miedo a la economía

(El Mundo, Mayo 31 de 2018)

Por allá en las elecciones norteamericanas de 1992 los publicistas de la campaña presidencial de Bill Clinton acuñaron una famosa frase, que para mi gusto tendrá toda la vigencia en las elecciones que se vienen en tres semanas. Frente a un desastroso gobierno en términos económicos de Gorge H Bush, “Es la economía, estúpido”, fue la frase de campaña que se utilizaba para recordarle de manera bastante directa al electorado porque debían votar por Bill Clinton.

Las elecciones que acaban de pasar llevaron a Duque y a Petro a ser los dos finalistas a la presidencia. Estas dos campañas ganadoras se montaron sobre el miedo. Los unos a Uribe y los otros a Maduro. Ya está claro cuántos le tienen miedo al uno y al otro, y que ni locos van a cambiar su voto. Y ahora hay 6.5 millones de colombianos que no votaron por miedo que están indecisos. ¿Cuál será el factor decisivo?.

Las propuestas no lo serán. Estos 6.5 millones son escépticos y no creo que se vayan a poner a comparar ideas. Se viene una decisión emocional para este grupo. Y allí creo que será decisivo el status quo. Según una hipótesis, que comparto, los individuos votan de acuerdo con sus intereses económicos. En términos sencillos, si la economía personal va bien, un individuo tiene todos los incentivos para votar en aras de mantener el status quo, sin importar que partido está en el poder.

De ser así, los 8 años del gobierno de Santos serán el factor decisivo en esta elección. Colombia es sin duda alguna un país mucho más avanzado y mejor que el que recibió. No existe indicador social o económico que no haya mejorado: la pobreza, el desempleo, el crecimiento económico (dado el contexto internacional), la situación de violencia rural (dado el proceso de paz), entre otros. Además Colombia acaba de ser aceptado a la OCDE, a la OTAN y además recibió el respaldado del FMI. Todos clubes de países con sistemas económicos basados en el respeto a la economía de mercado.

Pienso que no hay muchas personas dentro de los 6.5 millones que quieran arriesgarse a un cambio en el status quo. Las buenas políticas económicas y sociales de Santos, elegirán a Duque. Esas son las ironías de la vida.

martes, 15 de mayo de 2018

Solidaridad e ira instantáneas

(El Mundo, mayo 17 de 2018)

La empatía es la capacidad de identificarse con alguien y compartir sus sentimientos. Eso fue lo que sintió la persona que grabó el video de Don José y que se convirtió en la historia viral de la semana. Sin embargo, y como lo describe de manera genial el escritor norteamericano Dan Harmon siempre, siempre hay que tener en cuenta que “lo que se siente es real, pero los sentimientos no son la realidad”.

En mi columna anterior recordaba uno de los acuerdos básicos de la sabiduría tolteca: nunca hacer suposiciones. Siempre es mejor preguntar y averiguar muy bien por el contexto, antes de llegar a conclusiones rápidas. Cuando juzgamos una situación basados en supuestos cometemos la peor injusticia de todas. Somos jueces implacables, los peores dictadores. Estamos usando todos nuestros sesgos, nuestro pasado, nuestros valores para juzgar a otras personas.

Detengámonos sobre este punto y miremos como cambiaría la situación y como sería la empatía si tuviéramos más datos. Los siguientes son algunos escenarios hipotéticos: Don José frecuentemente se emborracha y pasa insultando fuertemente a la administradora del sitio; Don José le pega a su mujer y su mujer trabaja en ese restaurante y la administradora la estaba protegiendo. ¿Serian estas buenas razones para cambiar su opinión?

Otro problema, aún más serio, en la escena de Don José es la estética de la situación. Don José aparece como un hombre humildemente vestido, aseado, de cara noble, que parece ganarse la vida tocando canciones en su guitarra. De nuevo cambiemos la estética de la situación y preguntémonos si la empatía perdura: Don José huele muy mal; Don José tiene un aspecto físico desagradable; Don José entra sin camisa al establecimiento; Don José es un hombre rico pero avaro. En todas ellas la discriminación habría sido la misma. ¿Serian estas buenas razones para cambiar su opinión?

No conozco la situación más allá de un vídeo y no pretendo juzgarla, y ese es el punto de esta columna. No está bien ser jueces implacables de situaciones que desconocemos. La solidaridad instantánea es un sentimiento real, pero ese sentimiento no es la realidad. Las consecuencias inesperadas de toda la situación pueden ser muy complejas. 

Los 4 acuerdos

(El Mundo, 3 de mayo de 2018)

En la sabiduría tolteca, de acuerdo con el médico Miguel Ruiz, existen cuatro acuerdos que ayudan a las personas a eliminar todas aquellas creencias heredadas que nos limitan y que pueden ser sustituidas por otras que responden a nuestra realidad. Los cuatro acuerdos son, a mi modo de ver, aplicables no solo a personas sino a países. Por ejemplo, en época de elecciones nos podrían servir de criterio de escogencia de candidato.

El primer acuerdo es “se impecable con tus palabras”. Por impecable se entiende sin pecado. Y por pecado se entiende actuar en contra de uno mismo. Si llevamos este acuerdo a la discusión actual la pregunta es: ¿cuál de los candidatos cree usted que usa palabras impecables, que es honesto y consistente consigo mismo?.

El segundo acuerdo es “no te tomes nada personalmente”. Aquí el principio es entender que las opiniones son solo opiniones, dice Ruiz “lo que pienses de mi no es importante para mi”. Las opiniones de los otros, tanto las buenas como las malas, en realidad son opiniones de si mismos. Aquí vale entonces cuestionarse ¿cuáles son los candidatos que reacciona con mayor vehemencia en cuanto medio existe ante la mas mínima opinión a favor o en contra?.

El tercer acuerdo es “no hagas suposiciones”. Aquí la idea en la vida personal es muy sencilla, en lugar de asumir, se debe preguntar, y así asegurar que las cosas están claras. En la actual contienda los candidatos presentan miles de ideas y ninguna debe ser tomada suponiendo que son ciertas o peor aun que las promesas van a cumplirse. El termómetro que podemos usar es el de los “chequeos de verdad” como los de la silla vacía. ¿Cuál es el candidato que es mas exacto en lo que dice?

El cuarto acuerdo es “haz siempre lo máximo que puedas”. Este acuerdo busca que las acciones sean las que hablen y no solo las palabras. En este sentido el actuar debe ser genuino, por amor a lo que se hace y no por esperar una recompensa. Aquí las cosas son un poco más difíciles, pues es difícil saber que candidato es el mas genuino en su actuar, los políticos son por naturaleza actores. De todas maneras la historia de cada uno esta allí y puede ser analizada. ¿Cuál es el candidato que ha hecho mejor las cosas que ha hecho?

Colombia necesita romper sus viejos acuerdos, y construir unos nuevos. Las palabras de campaña son promesas vacías siempre, y son simples artefactos retóricos. Hay que ir mas allá para reconocer el talante del futuro líder del país. La sabiduría tolteca nos deja cuatro criterios para intentar leer las señales en medio de tanto ruido.