miércoles, 2 de noviembre de 2016

Gobernar no es producir

(El Mundo, noviembre 3 de 2016)

Al presidente de los Estados Unidos, Obama, le quedan pocos meses en el poder. A diferencia de Bush y de Clinton, y especialmente por su perfil académico, creo que va a ser muy interesante leer y escuchar sus reflexiones como expresidente.

De hecho, ya empezó. Recientemente, hizo unas declaraciones en un evento en la Universidad de Carnegie Mellon en Pittsburgh que vale la pena recoger, y que podríamos resumir como “Gobernar no es producir”. En ocasiones, dice el presidente Obama, los presidentes de compañías privadas de gran prestigio y rentabilidad en los EEUU se le acercan y le hablan de liderazgo y de cómo se hacen las cosas en el sector privado. Todos con una cierta soberbia e insistiendo en un viejo mito: el gobierno debería ser manejado como se manejan las empresas privadas.

Los empresarios se equivocan. En primer lugar, la tarea de los gobiernos es hacer precisamente aquellas cosas que ninguna entidad privada se metería a hacer porque no son rentables. Un buen ejemplo es Internet, desarrollado por el Pentágono en un momento en el cual una empresa privada tenía el monopolio de las redes de comunicación. Las grandes obras de infraestructura también son excelentes ejemplos, incluyendo las de transporte masivo.

En segundo lugar, la tarea de los gobiernos es crear el ambiente legal, regulatorio que permite los negocios, y por supuesto construir la infraestructura para mover los bienes y servicios que se comercializan. Es una ilusión de los hombres de negocios el pensar que se han hecho solos. El capital humano en que se basan sus empresas se debe en gran parte a la educación que sus empleados recibieron en universidades públicas, por ejemplo.

Y en tercer lugar, los mercados son inherentemente inequitativos, los empresarios aman la competencia cuando se trata de entrar al mercado, pero luego odian la competencia y se la pasan tratando de acabar con ella, para quedarse con todo el mercado. Dice el Presidente Obama que allí radica la tercera gran tarea de un gobierno, combatir las inequidades, asegurarse que “el ganador no se lo lleve todo”, asegurarse que los que no tuvieron las mismas oportunidades puedan llevar vidas dignas, que entre otras cosas, los vuelve consumidores de las cosas que venden los empresarios.

Dice Obama que hay gastos e ingresos que son de carácter colectivo, y cuyos resultados no se ven en el balance o el estado de ganancias privado, sino que son parte de los estados financieros colectivos. Por estas razones, gobernar no es producir.

martes, 18 de octubre de 2016

Impuestos y ministros

(El Mundo, octubre 20 de 2016)

En estos días la reforma tributaria modelo 2016 empieza a robarse la atención de los colombianos. Lo cierto, corroborado por las cifras, es que muchos colombianos con capacidad de contribuir no lo están haciendo. Incluidos algunos ministros.

Hace quince días dedique esta columna a mostrar que las cifras de pobreza y de afiliación al régimen subsidiado no cuadran. En los datos a nivel departamental se ve que el comportamiento no es de una región del país, sino que es generalizado. Hay gente recibiendo un subsidio que tiene capacidad de pago. Lo que se sabe de la Reforma es que el espíritu es simplificar y aumentar el número de personas que contribuyen a las finanzas públicas. Ojala que esto suceda por el bien de este país.

El monotributo o impuesto a pequeños negocios es una gran idea, como se puede ver en las tablas que ya se han publicado, no llega al millón de pesos anual en negocios que tengan ingresos por debajo de 104 millones. El aporte no es significativo frente a esos ingresos, pero si formaliza todas estas actividades. Se sabe que también van a poner a tributar a organizaciones sin animo de lucro, muchas de las cuales son fachadas y lavaderos descarados de plata ilícita; a organizaciones religiosas, muchas de las cuales son negocios descarados; y al sector cooperativo.

En materia de impuestos los colombianos tenemos una bipolaridad. De un lado pedimos y exigimos el mejor sistema de salud del mundo, el mejor sistema de educación, la mejor infraestructura y todos los gremios y dignidades un montón de subsidios. De otro se nos olvida que eso vale plata y que hay que recaudarla. Creo que hace falta más educación en finanzas públicas y en tributación, para que la gente entienda la magnitud de los gastos y de los problemas fiscales del país. Las cifras podrían generar un poquito de consciencia.

Pero es que en esto ni los ministros colaboran. Un análisis muy juicioso del profesor Alvaro Pachón en su blog (http://alvaropachon.blogspot.com.co/2016/09/santos-ii-gobierno-transparente-o.html) concluye que hay una relación muy débil entre el nivel de ingresos de un ministro y su riqueza. Además el pago de impuestos en algunos de ellos no se compadece con sus ingresos. Por ejemplo, la Ministra de Trabajo reportó en 2014 ingresos por 963 millones y pagó un impuesto neto de 16 millones de pesos. Los otros ministros pagaron de manera mejor de acuerdo a sus ingresos.

Definitivamente no se trata de más impuestos, se trata de que más gente pague impuestos. Si todos ponemos todos ganamos.

martes, 4 de octubre de 2016

La brecha pobreza y régimen subsidiado

(El Mundo, octubre 6 de 2016)

El Sistema General de Seguridad Social en Salud (SGSSS) colombiano se creó bajo el principio de solidaridad, de acuerdo con el cual los individuos aportan según su capacidad de pago y reciben servicios de acuerdo con sus necesidades de salud. También, desde su creación se planteó la protección financiera como un objetivo del mismo. La separación del SGSSS en los regímenes Contributivo y Subsidiado, respondió al origen y monto de los recursos de cada uno. Las contribuciones de patronos y empleadores obligatorias eran la gran fuente del Contributivo y el presupuesto general de la nación y otros ingresos de gobiernos locales las grandes fuentes del Subsidiado. Este último atendería a la población “más pobre y vulnerable”.

El instrumento escogido para realizar la selección de los más pobres fue el SISBEN, cuyo diseño técnico fue previo a la aprobación de la Ley 100. El SISBEN tiene un índice que mide el nivel socio-económico de un hogar y lo clasifica en uno de 6 niveles. Específicamente, los dos primeros niveles están asociados con los grados de mayor intensidad de la pobreza, siendo estas familias elegibles para ser afiliadas al régimen subsidiado. Debe anotarse que otros grupos poblacionales más pequeños tienen salud vía régimen subsidiado. Así las cosas el volumen de personas en este régimen y el volumen de personas en pobreza deberían coincidir o al menos estar en órdenes de magnitud similar.

Un análisis a los datos de personas en situación de pobreza monetaria y de afiliados al régimen subsidiado para un conjunto de 24 departamentos más Bogotá muestra que esto no así. En total en 2015 había 22 millones de personas afiliadas al régimen subsidiado y 13 millones de pobres. La brecha es de más de nueve millones de personas. Los departamentos dónde la brecha es mayor son Antioquia y Valle del Cauca con 898.594 y 866.880 personas, respectivamente.

La brecha señalada constituye evidencia parcial del error de inclusión de los esquemas de focalización de los subsidios del SGSSS. Y como es bien sabido el error está estrechamente relacionado con la existencia de incentivos perversos de algunas personas para beneficiarse del sistema de salud y no pagar.


La brecha es evidencia de una ineficiencia enorme del sistema de regulación y de rectoría en la financiación del mismo. La depuración y actualización de las bases de datos del régimen subsidiado es urgente. Allí hay una suma importante de recursos financieros que el sistema necesita para garantizar su sostenibilidad. Un cálculo simple a mano alzada muestra que si se incorporaran por lo menos un millón ochocientos mil hogares, con una contribución mínima de $27.578 pesos mensuales, correspondiente al 4% de un salario mínimo legal vigente para 2016 ($689.454), se recaudaría anualmente cerca de 600 mil millones de pesos adicionales de forma permanente.

martes, 20 de septiembre de 2016

Implementación y plata

(El Mundo, septiembre 22 de 2016)

Es muy sencillo, todos los acuerdos del acuerdo con las FARC necesitan dos cosas: capacidad de implementación y plata. Y de esas dos cosas el gobierno tiene más bien poco.

Al mejor estilo de las leyes colombianas, el acuerdo es un conjunto de promesas sin un juicioso cálculo de cuánto va a costar. En países serios, la política pública va acompañada de una apropiación presupuestal específica. Uno puede creer o no creer en los cálculos de los beneficios económicos de la paz. Personalmente he visto tantas proyecciones de crecimiento fallar que lo sensato es ser escéptico frente a los beneficios del crecimiento económico. Pero lo que sí es una realidad es que cada promesa escrita en el acuerdo vendrá con una factura que se la van a cobrar directamente al Ministerio de Hacienda. Y el Ministerio, cómo lo ha hecho siempre, cumplirá tarde o cumplirá parcialmente. 

No hay duda de qué lograr un acuerdo para que un grupo de personas dejen de cometer delitos es un logro que debe apoyarse. El voto por el si es una obviedad. Y siendo completamente cínicos es una forma elegantísima de someter a las FARC a la floja institucionalidad colombiana. Cada mes hay un paro en Colombia porque el gobierno incumplió una promesa. ¿Qué nos hace pensar que esta vez será diferente? Auguro que el primer paro de las FARC será en 2017.

Y el otro elemento, a veces fruto de la falta de plata, es la baja capacidad de implementación de la política pública que caracteriza este país. Todos sabemos que las leyes son muy bonitas en Colombia pero que no se cumplen o que se cumplen a medias. Los soñadores y los intelectuales creen que una vez un problema está solucionado intelectualmente, ya está resuelto, y la realidad siempre se encarga de recordarnos que es en los detalles de implementación donde fallan las grandes ideas. ¿Qué nos hace pensar que esta vez será diferente?. No hay ningún motivo para creer que las razones que llevan a este país a ser débil institucionalmente van a cambiar como por arte de magia por la firma de un acuerdo.

Si los acuerdos del acuerdo con las FARC funcionan al pie de la letra como lo dice el documento, entonces el mayor logro del acuerdo además de las muertes evitadas, será el fortalecimiento nunca antes visto de la institucionalidad colombiana para cumplir lo que promete. Veríamos por primera vez todo funcionando como debe ser, sin corrupción y al pie de la letra. ¿Será posible tanta belleza?

lunes, 5 de septiembre de 2016

Cámaras y accidentalidad

(Periodico El Mundo, septiembre 8 de 2016)

Desde hace unos 5 años o más rondan por las calles de las principales ciudades del país, cámaras de fotodetección. El propósito es capturar fotográficamente las infracciones al código de transito de los diferentes vehículos que transitan por las vías. El infractor recibe días después en su domicilio la prueba de la infracción y el número de comparendo con el valor a pagar por la misma.

Este tipo de política pública tiene fundamento en sí misma. Ante los costos de tener un agente de transito en cada lugar de la ciudad, es mas barato usar tecnología para castigar a los conductores imprudentes. Además, también es cierto que no hay mejor forma de motivar el cambio de comportamiento que aquel que toca el bolsillo de las personas.

Existe otra motivación para justificar la presencia de esta tecnología en las calles: disminución de accidentalidad y de la morbilidad y mortalidad que la acompañan. En 2015 Medicina Legal atendió 6.884 casos por personas fallecidas durante eventos de tránsito, en comparación con el año 2014 cuando se registraron 6.402 personas fallecidas. Igualmente se presentaron 45.806 personas lesionadas por accidentes.

Dos estudios, uno en Medellín y uno en Cali, muestran que el efecto de las cámaras de fotomultas sobre la accidentalidad no es claro. Juliana Álvarez Restrepo estudio el caso para Medellín y concluyó qué “la magnitud del efecto es negativa, a pesar de que no se contó con la cantidad información de deseada para obtener resultados con mayor contundencia”. En otras palabras parece existir evidencia de un efecto de reducción pero con incertidumbre.

En Cali, Juan Felipe González y yo, estudiamos estadísticamente el efecto de las cámaras instaladas en 2012 y encontramos que no hubo reducción en los accidentes debido a esta iniciativa y también mostramos que las cámaras no fueron ubicadas en los sitios de mayor accidentalidad.

Esta conclusión de Cali junto con la siguiente afirmación del trabajo de Alvares Restrepo “las cámaras en Medellín se instalan en vías con velocidades medias bajas con relación a las velocidades medias de las vías en las que se instalan radares de fotodetección en otros países” muestra que el criterio que probablemente ha sido determinante para la instalación de cámaras es el de frecuencia de infracción y no el de salvar vidas.

Como lo decía al comienzo de la columna, esto no descalifica la política, las infracciones deben pagarse y capturar a los infractores es la tarea de las autoridades de tránsito. No obstante, si valdría la pena que el criterio de accidentalidad y mortalidad fuera tan o más importante para la instalación de estas cámaras.

martes, 23 de agosto de 2016

Tan lejos y tan cerca de OCDE

(El Mundo, agosto  27 de 2016)

Desde 2011 Colombia está haciendo formalmente la tarea para ingresar a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico). Bien se ha explicado que este es un club de países con alto nivel de desarrollo económico que se reúnen de manera periódica en comisiones para discutir y buscar soluciones a problemas comunes. En dicha organización se analizan temas tan variados como: agricultura y pesca, corrupción, gobierno corporativo, mercados laborales, sistemas de salud, migraciones, internet y política tributaria entre otros.

Una de los principios fundamentales de este grupo de países es partir de la información cuantitativa y cualitativa para hacer sus análisis y de allí generar discusión, tomar decisiones, e implementar políticas públicas. Los resultados pueden reflejarse en acuerdos entre países, en estándares a seguir, o en guías de buenas prácticas.  

Hace poco se publicaron las estadísticas referentes a los sistemas de salud que conforman este club. El análisis de estos datos nos muestra que el camino es largo. En materia de gasto, estamos muy por debajo de los estándares OCDE: Colombia está 1.8 puntos porcentuales por debajo del promedio de gasto en salud como porcentaje del PIB de estos países, y cuando se analiza per cápita Colombia tiene el gasto en salud más bajo de todos los países, incluso teniendo en cuenta aquellos que también están haciendo la tarea de adherirse al grupo.

En materia de recursos para la atención en salud también estamos lejos. Mientras el número de médicos por mil habitantes en Colombia es de 1.8 el promedio de la OCDE es de 3.3. Mientras que la densidad de camas de hospital por mil habitantes es de 1.6 para Colombia, el promedio es de 4.7 en la OCDE.

Aun cuando la esperanza de vida al nacer ha sido creciente en las últimas décadas en Colombia, nos encontramos 6 años por debajo del promedio de OCDE. Y si miramos la tasa de mortalidad infantil, mientras el promedio de la OCDE para el 2014 fue de 4 defunciones para Colombia fue 3.5 veces mayor (14.1). La mortalidad infantil viene decreciendo, pero mi cálculo a mano alzada dice que de seguir la tendencia decreciente de los últimos 15 años (0.5 defunciones menos por año) Colombia alcanzaría el nivel actual de los países de la OCDE (4.0) en 20 años.

En fin, estamos cerca de ser parte de este club tan importante pero estamos lejos de muchos de sus estándares en materia de salud. Ojala que el Ministro de Hacienda y los colombianos entiendan que solo poniendo todos se enderezaran las finanzas del sector y por ahí derecho podremos invertir en cerrar la brecha que nos separa de los países OCDE.

miércoles, 10 de agosto de 2016

La encrucijada de las ciencias

(El Mundo, agosto 13 de 2016)

Los resultados de una encuesta a 270 científicos o estudiantes de ciencias alrededor del mundo muestran cuales son los siete problemas más grandes que enfrentan los investigadores en el mundo.

Este trabajo periodístico liderado por Julia Belluz, Brad Plumer, and Brian Resnick y publicado en Vox señala cómo primer problema la financiación. Para hacer estudios se necesita dinero, y cómo es obvio este escasea. Cuando las fuentes públicas se agotan, la siguiente opción es la financiación privada. Pero no hay financiación privada sin intereses privados.

El segundo problema, derivado del primero, es que cada vez más se exige a los científicos resultados espectaculares, hallazgos que cambien el mundo y que solucionen los grandes problemas. Se espera que los científicos se conviertan en una suerte de celebridades. Y son estos científicos estrella, los que se llevan el dinero. Esto genera presión por resultados, lo que muchas veces termina en estudios mal diseñados, o peor aún en fraude. 

Lo que nos lleva al tercer problema: la replicabilidad de los estudios. Cada vez con mayor frecuencia se encuentra que los resultados de algunos estudios famosos no pueden repetirse. No necesariamente se trata de fraude, algunos estudios fueron hechos en condiciones tan particulares que simplemente no es posible hacerlos de nuevo. El problema es que hay industrias enteras que pueden estarse lucrando de lo que podríamos denominar engaños masivos por estudios mal diseñados.

El cuarto problema de la ciencia actual es su sistema de pesos y contrapesos. El proceso de revisión de pares, según el cual los colegas del científico juzgan la calidad del estudio para su posterior publicación, tiene serios problemas. El más grande de todos son los sesgos por ideología o por teoría.         

El quinto problema es la diseminación del conocimiento. Lo que muchos no saben es que en el mundo científico hay que pagar por tener acceso a los artículos académicos. Se calcula que un estudiante de doctorado que no tenga la suerte de estar en una universidad con buenas suscripciones a revistas científicas tendría que pagar hasta mil dólares semanales durante su etapa de revisión de literatura.

El sexto problema es la diseminación al público general del conocimiento en un lenguaje apto para no expertos. Hoy es muy frecuente que se deje esta tarea tan importante en manos de personas inexpertas en los medios de comunicación.

El último problema identificado es el alto nivel de estrés que tienen los jóvenes científicos, se ha documentado que los niveles de depresión y ansiedad en estudiantes de doctorado es muy alto.

La encrucijada de las ciencias es real, aunque esto no quiere decir que se van a acabar los científicos, si es cierto que se necesita corregir los problemas mencionados para avanzar hacia una sociedad que se apoye en una mejor ciencia.