martes, 30 de junio de 2015

Abuelo al parque

(El Mundo, Julio 2 de 2015)

El conocimiento que tenemos en Colombia de China es poco. Según el estereotipo más común es un país que crece económicamente de manera acelerada y donde el énfasis es en la industria manufacturera. Cada vez la probabilidad de encontrar un producto no hecho en China es difícil.  No obstante quien tenga la oportunidad de viajar a este país encontrara lecciones, entre ellas algunas en política pública.

La que más me impacto de todas es la conciencia de la necesidad de incluir el espacio público en el diseño y desarrollo de las ciudades. El crecimiento económico ha traído masivas migraciones del campo a las ciudades, y con esto una presión muy fuerte para los administradores de las ciudades. A diferencia del crecimiento desordenado que vemos en algunas de nuestras ciudades colombianas, donde el interés privado prima sobre el bien público, las grandes ciudades chinas enfatizan el espacio público.

En materia de transporte en las nuevas avenidas de las ciudades más grandes como Shanghai y Beijing se ven carriles dedicados a bicicletas, separados no por líneas blancas dibujadas en el asfalto, sino por verdaderos separadores donde no cabe un carro. No obstante, y para ser justos, la tensión entre el vehículo y el ciclista no está resuelta en las intersecciones, y el respeto por las leyes de transito dista mucho del de un país desarrollado.

Pero es en materia de parques y uso de los mismos que se nota una diferencia abismal. Agrada a la vista y al espíritu ver como los parques y plazas de la ciudad son literalmente tomados por los adultos mayores. En la mañana y desde muy temprano, grupos de mayores se congregan para hacer ejercicio, siendo el más frecuente el Tai Chi. Es un placer ver a los abuelos chinos hacer los diferentes movimientos de este arte milenario, que por lo demás, está indicado para la reducción del estrés, la ansiedad y para incrementar flexibilidad y balance. Luego durante el resto de la mañana y de la tarde, es frecuente ver diferentes grupos de adultos mayores reunidos para cantar y bailar. Esto siempre con el acompañamiento de guardias de seguridad.

La tasa de envejecimiento del país es una realidad, con lo que cada vez tenemos más personas de edad “desprogramadas”. La posibilidad de atraer al adulto mayor a nuestros parques no es descabellada, basta un poco de seguridad y un poco de organización. Mucho bien traería a la salud de los abuelos y a la salud misma de la ciudad.

martes, 19 de mayo de 2015

Problemas de peso urbanos

(El Mundo, Mayo 21 de 2015)

En Cali se acaba de lanzar CaliBRANDO, una iniciativa de la Universidad Icesi y su Observatorio de Políticas Públicas. Es la primera encuesta de opinión local del país que pregunta, entre otras cosas, por estatura y peso. Aunque es subjetiva pues los encuestadores no salieron con metro o bascula, es una herramienta que permite explorar y cuantificar correlaciones entre factores del contexto urbano y el problema del sobrepeso y la obesidad.
   
El primer hallazgo de la encuesta es que cuatro de cada diez caleños tienen problemas de peso, bien sea sobrepeso u obesidad. Un número menor a la media nacional, donde 1 de cada dos personas tienen este problema.

En cuanto a sexo los resultados confirman características poblacionales ya conocidas. El primero es que las mujeres tienen prevalencias más altas en los dos extremos del problema: bajo peso y obesidad. El segundo es que los hombres tienen una marcada tendencia al sobrepeso y un poco menor a la obesidad.

En países desarrollados la obesidad está asociada a la pobreza, por razones como el bajo precio de la comida chatarra. Y la pobreza a su vez a las etnias minoritarias, como los afros y los indígenas. Colombia es un país mestizo, y en pocas ciudades es posible encontrar un número importante de etnias conviviendo en un mismo entorno urbano como en Cali. La encuesta muestra que el porcentaje de personas con problemas de sobrepeso y obesidad entre los hombres no distingue etnias, aunque si se observó una prevalencia más alta en los indígenas. Para las mujeres, no existe ninguna etnia que esté asociada a problemas de sobrepeso u obesidad.

Los estudiosos del tema ya han identificado también que la vida familiar tiene consecuencias inesperadas en el peso. En Cali se verificó que la condición es más prevalente entre casados y personas en unión libre, que entre aquellos que no tienen una pareja (separados, solteros y viudos). Los hombres viudos y las mujeres solteras no parecen sufrir de problemas de peso.

Una asociación menos estudiada tiene que ver con la decisión de tener hijos y los problemas de peso corporal. Los resultados de la encuesta muestran una relación muy interesante, pues existe una fuerte asociación entre problemas de peso y ser papa, pero no pasa lo mismo con ser mama.

Finalmente, otra asociación interesante es aquella entre obesidad o sobrepeso y uso del transporte público. La encuesta muestra una fuerte asociación entre problemas de peso y tener un medio de transporte (p.ej., una moto o un carro) para los hombres y una muy débil asociación entre problemas de peso y tenencia de transporte para las mujeres.


Nuestras ciudades tienen un problema de peso y esta experiencia muestra que las encuestas de opinión pueden ser una manera costo efectiva de enterarse y monitorear este problema, dado que las encuestas nacionales de salud no se hacen con la frecuencia deseada.

martes, 5 de mayo de 2015

Aquí y allá

(El Mundo, mayo 7 de 2015)

La ciudad que por estos días se roba los titulares de prensa internacional es Baltimore. Una ciudad que bien podría ser colombiana o latinoamericana. Con nota “excelente” en muchas materias menos una: la desigualdad. Esa es la razón que subyace los problemas aquí y allá.

Empecemos por lo bueno. Baltimore es reconocida por el alto nivel de su medicina. La escuela y el hospital más importante de todos los Estados Unidos se llama Johns Hopkins y se encuentra allá. La ciudad es un centro universitario con algunas de las facultades más importantes del país, como la misma Universidad Johns Hopkins y la Universidad de Maryland.

La cultura es parte vital de la ciudad. Baltimore es cuna de plumas ilustres como Edgar Alan Poe, James Cain, Dashiell Hammett, Frank O’Hara, H.L. Mencken, F. Scott Fitzgerald y Upton Sinclair. También del filósofo John Rawls. Y de músicos como Tori Amos y Frank Zappa (musica popular) y Eubie Blake, Bill Frisell y Billie Holiday (Jazz). Finalmente, en deportes, el equipo de béisbol (los Orioles) y el equipo de fútbol americano (los Ravens) son protagonistas en sus respectivas ligas.

Ahora bien, la historia de la otra Baltimore es la de la desigualdad extrema. Las cifras son impresionantes. Un cuarto de la gente de esta ciudad vive en la pobreza. La tasa de desempleo en el área donde las protestas se han dado es de 19%. Menos del 60% de los estudiantes de bachiller logran graduarse. Los niños afro tienen una probabilidad nueve veces más alta de morir en el primer año de vida. La prevalencia de SIDA es cinco veces más alta en la comunidad afro que en la comunidad blanca. Y por si fuera poco, la diferencia en esperanza de vida entre dos zonas de la ciudad (los ricos y los pobres) que tienen una distancia de menos de 10 kilómetros es de veinte años. Al menos uno de cada tres habitantes sufre de obesidad. Y la tasa de homicidios (37.4 por cada 100,000 personas) la ubica como la quinta ciudad más peligrosa de los Estados Unidos.

Lo que si diferencia a Baltimore de cualquier ciudad latinoamericana es la capacidad de restaurar el orden del país en el que está. Ante las protestas, los gobiernos federal, estatal y municipal, unieron fuerzas, militarizaron la ciudad e impusieron toque de queda. El trabajo de mejorar la inequidad toma tiempo, pero restaurar el orden no es negociable. Ahí está la diferencia entre aquí y allá.

martes, 21 de abril de 2015

Colombiano 2014

(El Mundo, Abril 23 de 2015)

Desde 1991 Colombia mide su calidad de vida a través de una encuesta que lleva el mismo nombre y que realiza el DANE. A partir de 2010 esta encuesta es anual y tiene representatividad para 9 regiones del país. Los resultados de la encuesta de 2014 han sido publicados recientemente. Gracias a esto podemos hacer un perfil con algunas de las características sociales y económicas del colombiano 2014.

El colombiano 2014 vive en un hogar cada vez más pequeño pero está más comunicado. El número de personas por hogar promedio de una familia colombiana es 3.43, siendo menor el número en las ciudades (3.36) que en las zonas rurales (3.68), y con una tendencia a la baja frente a 2013. En 2014, en el 95% de los hogares colombianos algún miembro del hogar tenía un teléfono celular.

El colombiano 2014 tiene menos tiempo para los menores. De acuerdo con la encuesta respecto al cuidado de los hijos menores de cinco años, resalta que 1 de cada 2 niños no permanece con el padre o la madre en casa, tendencia que es aún mas alta en las ciudades donde el 41% permanece la mayor parte del tiempo en un hogar comunitario, guardería, jardín o centro de desarrollo infantil.

El colombiano 2014 no paga hipoteca y no le alcanza la plata para ahorrar. De acuerdo con la encuesta sólo 4.3% de los colombianos viven en casa propia y la esta pagando, mientras que la mayoría o vive en casa propia y totalmente pagada (41.4%) o vive en arriendo (36.2%). El hecho de que pocos estén endeudados tiene sentido porque según otra pregunta, para el 86% de los colombianos el ingreso del hogar solo alcanza para cubrir los gastos mínimos o no alcanza.

El colombiano 2014 se siente pobre pero esta satisfecho. Ratificando aquella frase de que el dinero no lo es todo, el 36% de los colombianos se consideran pobres, y esto es especialmente dramático en el campo donde el número sube a 60%. No obstante, 8 de cada 10 colombianos se sienten satisfechos o muy satisfechos con su salud, su vivienda, su educación. Mientras que 9 de cada 10 con la familia, el control sobre su vida, y los amigos. Las áreas de menor satisfacción, son el ingreso y el trabajo, con 6 de cada 10.

Pero por sobre todas las cosas el colombiano 2014 es feliz. El 10% es muy feliz y el 75% feliz. Contradictorio o no, así es el colombiano promedio.

martes, 7 de abril de 2015

Ser mortal

(El Mundo, Abril 9 de 2015)

Atul Gawande es el autor de un magnífico libro titulado “Being Mortal” del que se habla mucho por estos días en Estados Unidos. Este médico cirujano, profesor de Medicina en Harvard y ya consagrado escritor presenta en su libro una hipótesis estupenda: la medicina moderna se olvidó de los deseos de los pacientes terminales.

Sin duda uno de los temas más complicados de estudiar y discutir es el de la muerte. Todos sabemos que somos mortales, y a la vez todos queremos posponer no solo la muerte, sino la sola idea de pensar en cómo queremos que sean esos últimos días. Por siglos la muerte fue una más de las etapas naturales de la vida. Nuestros ancestros murieron al lado de los suyos. La medicina moderna, la de unos cincuenta años para acá, en su lucha infatigable contra la muerte, ahora nos propone morir en el hospital como muestra de haber librado la batalla hasta el último minuto.

La muerte anuncia su llegada, a veces en el lento pero inexorable proceso de envejecimiento, y a veces con la presencia de una enfermedad terminal no escogida. En cualquiera de los dos casos, el trabajo de la medicina es el de proporcionar calidad de vida, medida en términos del menor sufrimiento posible y de retener la capacidad de vivir la vida de la manera más cercana posible a como era antes de la enfermedad. No obstante, y de acuerdo con la dura crítica de Gawande a sus colegas, muchas veces para la medicina actual es más fácil hacerse la de oídos sordos y vender falsas expectativas, que acercarse de manera directa a los pacientes anteponiendo su calidad de vida ante el último avance científico.

En su libro, Gawande resalta la sabiduría alcanzada por la medicina paliativa, y que se resume en cuatro preguntas fundamentales que deben guiar las decisiones al final de la vida: ¿Cuál es su entendimiento de la situación y de los resultados que potencialmente vendrán?, ¿Cuáles son sus miedos y cuáles son sus esperanzas?, ¿Cuáles son los sacrificios que está dispuesto a hacer y que no está dispuesto a hacer?, y, ¿Cuál es el curso de los hechos que satisface de manera más cercana sus expectativas dada la realidad de la situación?.


Todos somos mortales, todos tenemos un límite, y en este sentido cuando el momento se aproxime el rol de la medicina es ayudarnos a tomar la mejor decisión para cerrar en paz nuestro paso por esta tierra. Compartir con sus seres queridos, despedirse, perdonar y pedir perdón, no sentir dolor, no ser una carga, trasmitir algunas enseñanzas, son algunos de los deseos más frecuentes de los seres humanos al final de la vida. Cualquier acción que niegue esta posibilidad es un ataque a la dignidad humana.

martes, 24 de marzo de 2015

Cuidar el Índice Sintético de Calidad Educativa

(El Mundo, Marzo 26 de 2015)

El Índice Sintético de Calidad Educativa (ISCE) puede revolucionar el sistema educativo, pero también puede promover acciones no deseadas, contrarias a la política. Saber cuáles son puede ayudar a que la política sea más exitosa. Esta es la enseñanza que han dejado iniciativas similares en otros partes del mundo. La nueva política educativa consiste en un programa de pago por desempeño basado en un índice, el cual irá de 1 a 10 y tendrá cuatro componentes: progreso, desempeño, eficiencia y ambiente escolar. Los dos primeros se determinarán a partir de las pruebas Saber, el tercero del sistema de matrículas del MEN, y el último de los cuestionarios anexos de factores asociados que diligencian los estudiantes de quinto y noveno cuando se presenta el examen. Sí el colegio mejora de una período a otro, por ejemplo pasa de 5 a 6, habrá un premio en dinero para todos los colaboradores del plantel.

En Estados Unidos, en 2002, bajo el gobierno de George W. Bush, fue aprobada una política pública similar llamada “Ningún niño dejado atrás”, con el objetivo de aumentar el nivel académico de todos los niños y disminuir las brechas entre grupos socioeconómicos. En este caso se condicionó la ayuda financiera para aquellas escuelas que mostraran progreso y, también se definieron castigos, incluso llegando al cierre de las instalaciones para aquellos que no mostraran progreso en tres años seguidos.

Hace unos años publiqué con la profesora Lina Martínez un artículo resumiendo lo que puede salir mal con este tipo de iniciativas según lo documentado por investigadores norteamericanos. En general, se demostró que la política motivó acciones no deseadas por parte de algunas escuelas para cumplir con el progreso anual establecido. Entre los cambios que se documentaron se encuentran: (i) concentración excesiva de tiempo y recursos de la escuela en enseñar o entrenar a los niños en como tomar pruebas estandarizadas; (ii) suspensión arbitraria de estudiantes con bajo rendimiento para evitar su presencia el día de la prueba; (iii) indebida injerencia de los profesores sobre sus alumnos en sugerir respuestas a las preguntas; (iv) y manipulación de resultados.

En general, el problema con este tipo de políticas es que la gente se obsesiona demasiado con los indicadores en aras de lograr el número deseado, descuidando aquello que no se mide. El otro problema es que implícitamente se señala a la escuela cómo única responsable del rendimiento académico de los niños, sin tener en cuenta que la otra parte del proceso de aprendizaje está en la casa, en el barrio, en la motivación del estudiante. El efecto de vivir en un entorno que no promueva procesos de aprendizaje (padres capaces de ayudarlos con las tareas, pobreza, falta de motivación, etc) es tan negativo como ir a una mala escuela. Medir es siempre muy bueno, así que el ISCE es un gran avance. Prevenir posibles consecuencias inesperadas como las señaladas aquí ayudará a tener una política pública más fuerte y con mejores resultados. 

martes, 10 de marzo de 2015

Hora de desregular algunas profesiones

(El Mundo, 12 de Marzo de 2015)

Una joven economista brillante, con excelentes notas y recomendaciones de sus profesores, recién egresada del mejor programa de pregrado en economía (medido de manera objetiva por todos los rankings disponibles) de su país quiere trabajar para el gobierno y no lo puede hacer inmediatamente. La razón es una ley absurda que obliga al gobierno a contratar economistas sólo sí estos tienen la matricula profesional que por ley sólo puede dar el Consejo Nacional Profesional de Economía. La ley no aplica para el sector privado, creando un desincentivo para trabajar en el sector público.

Esta situación real, en la que el gobierno se autoimpone una barrera innecesaria a la contratación de talento humano, obliga a preguntarse ¿es hora de desregular unas cuantas profesiones?

Históricamente, la regulación de las profesiones comenzó con el interés genuino de evitar a los impostores. Antes de 1800 existían pocas profesiones y entre ellas sólo la medicina, las leyes y la teología tenían instituciones que las regulaban. Pero con el paso del tiempo el número de profesiones y de profesionales ha crecido rápidamente.

Con la diversidad de profesiones nacieron las sociedades de profesionales como cuerpos de autorregulación, dedicados a establecer estándares y códigos de conducta. Mas adelante algunas profesiones alcanzaron a presionar lo suficiente a los legisladores como para elevar a nivel de ley la exigencia de certificar sus títulos. Visto desde la teoría económica estas leyes están motivadas por intereses poco altruistas: generación de rentas y creación de monopolios. La posibilidad de controlar el número de profesionales está asociada a ingresos superiores a los que se pagarían en un mercado no regulado.

Pero cuando, como en el ejemplo inicial, el número de profesionales es lo suficientemente amplio y la ley sólo aplica para trabajar en el sector público, los cuerpos profesionales se convierten en meros notarios, cuyo único trabajo es extraer una renta a manera de inscripción en un listado.
En el mundo moderno, donde la información es mas que abundante, y el conocimiento traspasa las líneas invisibles de las profesiones, mantener la regulación de matrículas profesionales para ciertas carreras raya en el absurdo. Hay ingenieros que son mejores economistas que los mismos economistas.

Para ser justos, la regulación sí es justificable en aquellas profesiones donde la práctica profesional pone en peligro la vida de otros seres humano, como lo puede ser la medicina o la odontología.

En todas las demás profesiones, y muy especialmente en las ciencias sociales, incluyendo la economía, las finanzas y el derecho, mantener requisitos de matrícula profesional es un anacronismo que merece ser desregulado. El mercado sabe y puede hacer la tarea mucho mejor.