(La Patria, Nov 3 de 2009; El Mundo, Nov 4 de 2009)
El premio Nobel de Economía 2009 fue entregado a principios de Octubre a Elinor Ostrom y Oliver Williamson. A la señora Ostrom, en palabras de la entidad sueca, por “su análisis de la gobernabilidad económica, especialmente los recursos comunes”. Y al señor Williamson, “por su análisis de la gobernabilidad económica, especialmente los límites de las empresas”. El premio otorgado a Ostrom tomo por sorpresa a la comunidad académica norteamericana, especialmente por la temática premiada.
Un mes antes, la Fundación colombiana Alejandro Angel Escobar, entregó el Premio del mismo nombre en la categoría de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible al ingeniero Juan Camilo Cárdenas por su libro “Dilemas de lo Colectivo: Instituciones, pobreza y cooperación en el manejo local de los recursos de uso común”. El premio no fue controversial, de hecho podría afirmar sin equivocarme que paso inadvertido entre los colombianos.
Sin embargo, existen coincidencias entre estos dos premios que bien vale la pena resaltar. La más importante es que la temática de investigación de Ostrom y de Cárdenas es la misma. Cómo pueden los profesionales encargados del diseño de política económica aprender de los arreglos institucionales creados de manera autóctona por comunidades cuyo modo de subsistencia depende de un recurso agotable para administrarlo de forma tal que todos ganen? La respuesta es: mucho.
En efecto, los resultados de la investigación de Cárdenas, recogidos en su libro, sugieren que las comunidades locales pueden llegar a generar soluciones auto-gobernadas de manejo sostenible de los ecosistemas locales. No obstante estas soluciones de cooperación se ven en dificultades gracias a factores como regulación imperfecta o desigualdad social entre los actores.
Ostrom y Cárdenas coinciden en otro punto: toda política debe partir de una mejor comprensión del comportamiento humano y de cómo los individuos y hogares responden a los diferentes incentivos, normas sociales e instituciones que afectan y gobiernan su quehacer cotidiano.
Otra coincidencia más une a estos dos investigadores. Su campo de investigación ha sido olvidado por décadas por las facultades de economía y de gobierno en el mundo. Incluso el famoso profesor de la facultad de economía de Chicago, Steven Levitt, reconoció públicamente haber tenido que buscar a Ostrom en Wikipedia.
En hora buena, las fundaciones Alfred Nobel y Alejandro Angel reconocen la importancia del conocimiento y gobernabilidad emanado desde las comunidades, no aquel impuesto por ilustres próceres en leyes y decretos inútiles y en el peor de los casos pagados para el beneficio de unos pocos. Una última coincidencia: Ostrom y Cárdenas han trabajado juntos. Estos autores son de recomendada lectura.
Este blog reune mis artículos de opinión publicados en diarios colombianos y otras ideas no publicadas en medios escritos
miércoles, 28 de octubre de 2009
miércoles, 7 de octubre de 2009
Tentaciones
(La Patria, Octubre 19 de 2009; Jueves 22 de Octubre de 2009)
En la década de los 60, el psicólogo Walter Mischel diseño un famoso experimento, hoy conocido como el experimento de los masmelos. El experimento consistió en ofrecer a un grupo de niños de cuatro años un masmelo de regalo por participar en el experimento, y un segundo masmelo de regalo si esperaban 20 minutos antes de comerse el que ya se habían ganado. Algunos niños esperaron y otros no. Mischel y sus colaboradores siguieron el progreso de cada niño en la adolescencia, y encontraron que aquellos niños que fueron capaces de esperar resultaron académica y socialmente más competentes que sus pares. De igual forma, los niños que esperaron, desarrollaron mejores habilidades para manejar situaciones de frustración y resistir las tentaciones.
Este y otros experimentos desarrollados por Mischel le permitieron concluir que “para funcionar eficazmente en sociedad, las personas deben aplazar voluntariamente la gratificación inmediata y persistir en conductas y comportamientos dirigidos a objetivos de más largo plazo”. Puede esta diferencia, quizá innata, en los seres humano ser la explicación a la pobreza? La respuesta es no, según la nueva teoría que se cocina entre los líderes del estudio de los determinantes de la pobreza, esto es, los investigadores Banerjee y Mullainathan del IPA (Innovation for Poverty Action).
La nueva teoría rechaza la visión de los pobres como personas simplemente impacientes. La tentación, dicen estos investigadores funciona como un impuesto a la riqueza futura. La teoría está fundamentada en tres supuestos. Uno, es que existen bienes que son altamente tentadores. Dos, a medida que la gente se enriquece, la proporción del ingreso que es gastada en estos bienes disminuye. Y tres, los individuos son lo suficientemente realistas para saber que la tentación por tales bienes no va a cambiar en el futuro.
Así las cosas, el individuo hoy tiene claro que el dinero que ahorre será finalmente gastado en bienes tentadores en el futuro. Entonces para que ahorrar hoy si más tarde se va a gastar ese mismo dinero en el bien tentador. Este es el desincentivo a ahorrar para el futuro, o lo que esta teoría denomina el “impuesto de la tentación” sobre el ingreso futuro. Este impuesto es más alto para los más pobres y disminuye a medida que crece el ingreso.
La gran conclusión de esta teoría es la generación de trampas de pobreza dadas las expectativas futuras. Cuando se espera ser pobre en el futuro, los individuos son menos propensos a ahorrar e invertir, lo que los mantiene en la pobreza. Cuando se espera ser rico en el futuro, la gente es más propensa a ahorrar e invertir, lo cual lo hace aún más ricos. Los pobres, se colige de esta teoría no son miopes o impacientes, son simplemente más realistas.
En la década de los 60, el psicólogo Walter Mischel diseño un famoso experimento, hoy conocido como el experimento de los masmelos. El experimento consistió en ofrecer a un grupo de niños de cuatro años un masmelo de regalo por participar en el experimento, y un segundo masmelo de regalo si esperaban 20 minutos antes de comerse el que ya se habían ganado. Algunos niños esperaron y otros no. Mischel y sus colaboradores siguieron el progreso de cada niño en la adolescencia, y encontraron que aquellos niños que fueron capaces de esperar resultaron académica y socialmente más competentes que sus pares. De igual forma, los niños que esperaron, desarrollaron mejores habilidades para manejar situaciones de frustración y resistir las tentaciones.
Este y otros experimentos desarrollados por Mischel le permitieron concluir que “para funcionar eficazmente en sociedad, las personas deben aplazar voluntariamente la gratificación inmediata y persistir en conductas y comportamientos dirigidos a objetivos de más largo plazo”. Puede esta diferencia, quizá innata, en los seres humano ser la explicación a la pobreza? La respuesta es no, según la nueva teoría que se cocina entre los líderes del estudio de los determinantes de la pobreza, esto es, los investigadores Banerjee y Mullainathan del IPA (Innovation for Poverty Action).
La nueva teoría rechaza la visión de los pobres como personas simplemente impacientes. La tentación, dicen estos investigadores funciona como un impuesto a la riqueza futura. La teoría está fundamentada en tres supuestos. Uno, es que existen bienes que son altamente tentadores. Dos, a medida que la gente se enriquece, la proporción del ingreso que es gastada en estos bienes disminuye. Y tres, los individuos son lo suficientemente realistas para saber que la tentación por tales bienes no va a cambiar en el futuro.
Así las cosas, el individuo hoy tiene claro que el dinero que ahorre será finalmente gastado en bienes tentadores en el futuro. Entonces para que ahorrar hoy si más tarde se va a gastar ese mismo dinero en el bien tentador. Este es el desincentivo a ahorrar para el futuro, o lo que esta teoría denomina el “impuesto de la tentación” sobre el ingreso futuro. Este impuesto es más alto para los más pobres y disminuye a medida que crece el ingreso.
La gran conclusión de esta teoría es la generación de trampas de pobreza dadas las expectativas futuras. Cuando se espera ser pobre en el futuro, los individuos son menos propensos a ahorrar e invertir, lo que los mantiene en la pobreza. Cuando se espera ser rico en el futuro, la gente es más propensa a ahorrar e invertir, lo cual lo hace aún más ricos. Los pobres, se colige de esta teoría no son miopes o impacientes, son simplemente más realistas.
miércoles, 16 de septiembre de 2009
Hacia un mejor PIB
(El Mundo, Septiembre 23 de 2009)
En febrero de 2008, el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, comisionó a dos premios nobel de economía, Joseph Stiglitz y Amartya Sen, la tarea de liderar a un grupo de expertos con el objetivo de identificar los límites del PIB como indicador del desarrollo económico. El resultado esperado era una propuesta con mejores indicadores para medir el desarrollo social y económico. La Comisión de Medición de Desempeño Económico y Progreso Social fue creada y el informe final de dicha comisión fue presentado el pasado 14 de Septiembre.
Lo que medimos y cómo lo medimos afecta lo que hacemos y las decisiones que tomamos. Este es el principio básico que motivó el estudio. Y aunque a simple vista obvio, en términos de medición económica tiene profundas implicaciones. Una de las más evidentes son las falsas dicotomías entre el PIB y otras variables. Tomemos el caso del medioambiente. Dado que el PIB no incluye el agotamiento de las reservas de recursos naturales, con frecuencia los promotores de proyectos económicos que destruyen el medioambiente justifican tal destrucción en aras de crecimiento económico. Pero esta dicotomía es falsa desde el punto de vista social, pues destrucción de recursos naturales hoy, significa destrucción de capital, y por ende de ingresos futuros.
Cinco grandes recomendaciones emergen de esta Comisión. La primera es desmitificar al PIB como medida de bienestar material. El PIB mide producción, pero producción no es lo mismo que bienestar material, y en este sentido una medida más adecuada sería una más amplia que incluya ingreso y consumo. La segunda, es enfatizar la perspectiva de los hogares en las mediciones económicas, es decir, tener indicadores que midan el pulso de lo que está pasando con el ingreso y el consumo de los hogares.
La tercera, sugiere incorporar medidas que tengan en cuenta la riqueza de los hogares. Riqueza, consumo e ingreso son variables altamente interrelacionadas, y son los mayores determinantes del bienestar de un hogar. La cuarta, es dar mayor prominencia como indicadores de progreso social de una sociedad a medidas que muestren la distribución del ingreso, del consumo y de la riqueza entre los habitantes del país. Finalmente, la comisión recomienda que las oficinas de estadística avancen en la identificación y cuantificación de aquellas actividades económicas que se desarrollan fuera de los mercados, pero que aumentan o deterioran el bienestar de los hogares, según sea el caso.
El PIB es una medida económica obsoleta, que quizá esté haciendo más daño que bien a los diseñadores de política económica. Cómo bien lo afirma el profesor Reuven Brenner, de la Universidad McGill en Canadá, una estadística como el PIB solo “sostiene la ilusión de que la prosperidad esta necesariamente atada al territorio, a las unidades nacionales y al gasto público en general”.
En febrero de 2008, el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, comisionó a dos premios nobel de economía, Joseph Stiglitz y Amartya Sen, la tarea de liderar a un grupo de expertos con el objetivo de identificar los límites del PIB como indicador del desarrollo económico. El resultado esperado era una propuesta con mejores indicadores para medir el desarrollo social y económico. La Comisión de Medición de Desempeño Económico y Progreso Social fue creada y el informe final de dicha comisión fue presentado el pasado 14 de Septiembre.
Lo que medimos y cómo lo medimos afecta lo que hacemos y las decisiones que tomamos. Este es el principio básico que motivó el estudio. Y aunque a simple vista obvio, en términos de medición económica tiene profundas implicaciones. Una de las más evidentes son las falsas dicotomías entre el PIB y otras variables. Tomemos el caso del medioambiente. Dado que el PIB no incluye el agotamiento de las reservas de recursos naturales, con frecuencia los promotores de proyectos económicos que destruyen el medioambiente justifican tal destrucción en aras de crecimiento económico. Pero esta dicotomía es falsa desde el punto de vista social, pues destrucción de recursos naturales hoy, significa destrucción de capital, y por ende de ingresos futuros.
Cinco grandes recomendaciones emergen de esta Comisión. La primera es desmitificar al PIB como medida de bienestar material. El PIB mide producción, pero producción no es lo mismo que bienestar material, y en este sentido una medida más adecuada sería una más amplia que incluya ingreso y consumo. La segunda, es enfatizar la perspectiva de los hogares en las mediciones económicas, es decir, tener indicadores que midan el pulso de lo que está pasando con el ingreso y el consumo de los hogares.
La tercera, sugiere incorporar medidas que tengan en cuenta la riqueza de los hogares. Riqueza, consumo e ingreso son variables altamente interrelacionadas, y son los mayores determinantes del bienestar de un hogar. La cuarta, es dar mayor prominencia como indicadores de progreso social de una sociedad a medidas que muestren la distribución del ingreso, del consumo y de la riqueza entre los habitantes del país. Finalmente, la comisión recomienda que las oficinas de estadística avancen en la identificación y cuantificación de aquellas actividades económicas que se desarrollan fuera de los mercados, pero que aumentan o deterioran el bienestar de los hogares, según sea el caso.
El PIB es una medida económica obsoleta, que quizá esté haciendo más daño que bien a los diseñadores de política económica. Cómo bien lo afirma el profesor Reuven Brenner, de la Universidad McGill en Canadá, una estadística como el PIB solo “sostiene la ilusión de que la prosperidad esta necesariamente atada al territorio, a las unidades nacionales y al gasto público en general”.
viernes, 11 de septiembre de 2009
Plaza Sésamo
(El Mundo, Septiembre 14 2009; La Patria, Septiembre 28 de 2009)
Desde 1972, Televisa produce una famosa serie de televisión para niños llamada Plaza Sésamo que es y ha sido transmitida en Colombia con gran éxito. Plaza Sésamo es en realidad fruto del trabajo de más de 40 años de una organización norteamericana sin ánimo de lucro llamada Taller Sésamo y es vista en casi todos los países del mundo.
Plaza Sésamo, tiene como objetivo educar a los niños en temas tan variados como compartir, comer de manera saludable, visitar al doctor, tener una buena higiene personal, y celebrar y respetar las diferencias de raza y genero. Tópicos más tradicionales como aprender las letras y los números son también parte integral de esta serie.
Los contenidos de cada capítulo están basados en estudios e investigaciones académicas desarrollados por expertos en desarrollo infantil. Pero esto no es nada nuevo, lo realmente novedoso es lo que está sucediendo recientemente con el programa y lo que puede venir.
La problemática y circunstancias actuales de los Estados Unidos han obligado a los creadores a incluir contenidos relacionados con temas más complejos y difíciles de abordar con los niños. Por ejemplo, en los últimos años la serie ha tocado temas tales como: que hacer en caso de una emergencia natural (motivada por el huracán Katrina), qué hacer cuando uno de sus padres es enviado a la guerra (motivado por la guerra de Irak), o como prepararse para una emergencia (motivado por el ataque del 11 de septiembre).
La crisis económica es el nuevo tema de Plaza Sésamo. Para enseñar a los niños como afrontar y entender las vicisitudes de los vaivenes económicos, la mama de Elmo pierde su trabajo y como consecuencia muchos gastos de la familia deben recortarse. La familia empieza a ahorrar dinero a través de actividades menos costosas como detener la compra de juguetes y alquilar películas en lugar de ir al cine. La serie, incluso, a la manera de otros programas de TV, ofrece entrevistas con familias que están pasando por tal circunstancia para reforzar la realidad del hecho. Entre las estrategias ofrecidas por la serie a los padres están el dialogo abierto, y ciertos cambios en comportamiento que pueden ser incluidos en la rutina habitual de la familia.
Interesantísimo experimento el de Taller Sésamo. Nuestra tendencia como adultos a aislar a los niños en momentos de dificultad económica en la familia hasta que estos son inocultables puede no ser la mejor manera de manejar una situación de estrés económico en el hogar. Los niños son blanco perfecto en nuestras sociedades de consumo, por ello bien vale la pena aplaudir iniciativas como estas que buscan crear una mayor conciencia en los pequeños de lo que significa vivir en una economía de mercado. El alfabetismo económico empieza por casa.
Desde 1972, Televisa produce una famosa serie de televisión para niños llamada Plaza Sésamo que es y ha sido transmitida en Colombia con gran éxito. Plaza Sésamo es en realidad fruto del trabajo de más de 40 años de una organización norteamericana sin ánimo de lucro llamada Taller Sésamo y es vista en casi todos los países del mundo.
Plaza Sésamo, tiene como objetivo educar a los niños en temas tan variados como compartir, comer de manera saludable, visitar al doctor, tener una buena higiene personal, y celebrar y respetar las diferencias de raza y genero. Tópicos más tradicionales como aprender las letras y los números son también parte integral de esta serie.
Los contenidos de cada capítulo están basados en estudios e investigaciones académicas desarrollados por expertos en desarrollo infantil. Pero esto no es nada nuevo, lo realmente novedoso es lo que está sucediendo recientemente con el programa y lo que puede venir.
La problemática y circunstancias actuales de los Estados Unidos han obligado a los creadores a incluir contenidos relacionados con temas más complejos y difíciles de abordar con los niños. Por ejemplo, en los últimos años la serie ha tocado temas tales como: que hacer en caso de una emergencia natural (motivada por el huracán Katrina), qué hacer cuando uno de sus padres es enviado a la guerra (motivado por la guerra de Irak), o como prepararse para una emergencia (motivado por el ataque del 11 de septiembre).
La crisis económica es el nuevo tema de Plaza Sésamo. Para enseñar a los niños como afrontar y entender las vicisitudes de los vaivenes económicos, la mama de Elmo pierde su trabajo y como consecuencia muchos gastos de la familia deben recortarse. La familia empieza a ahorrar dinero a través de actividades menos costosas como detener la compra de juguetes y alquilar películas en lugar de ir al cine. La serie, incluso, a la manera de otros programas de TV, ofrece entrevistas con familias que están pasando por tal circunstancia para reforzar la realidad del hecho. Entre las estrategias ofrecidas por la serie a los padres están el dialogo abierto, y ciertos cambios en comportamiento que pueden ser incluidos en la rutina habitual de la familia.
Interesantísimo experimento el de Taller Sésamo. Nuestra tendencia como adultos a aislar a los niños en momentos de dificultad económica en la familia hasta que estos son inocultables puede no ser la mejor manera de manejar una situación de estrés económico en el hogar. Los niños son blanco perfecto en nuestras sociedades de consumo, por ello bien vale la pena aplaudir iniciativas como estas que buscan crear una mayor conciencia en los pequeños de lo que significa vivir en una economía de mercado. El alfabetismo económico empieza por casa.
viernes, 28 de agosto de 2009
Instrumentos no tan inocentes
(La Patria, Agosto 31 2009; El Mundo, Septiembre 1, 2009)
De un tiempo para acá, el gobierno colombiano y muchos otros gobiernos en el mundo en desarrollo, están basando parte de sus políticas de lucha contra la pobreza en programas diseñados bajo el principio de transferencias de dinero condicionadas.
Tomemos por ejemplo el caso de Familias en Acción. Este programa consiste en entregar dinero en efectivo a una madre de familia, a cambio del cumplimiento de compromisos por parte de la familia. En educación, por ejemplo esta familia debe garantizar la asistencia a la escuela de sus hijos. En salud, la madre debe garantizar la asistencia de los niños y niñas menores a citas de control de crecimiento y desarrollo programadas en el centro de salud de su comunidad.
En términos económicos, la racionalidad de estas políticas es clara: basta un pequeño incentivo monetario para motivar a las personas a actuar en línea con su bienestar futuro. Sin embargo, este principio no es del todo aceptado por otras disciplinas del conocimiento.
Michael Sandel, famoso profesor de filosofía de la U. de Harvard, sugiere que la introducción de mecanismos de mercado en algunas dimensiones de la vida de los seres humanos puede crear más problemas que soluciones.
Sandel sostiene que el incentivo monetario podría debilitar el incentivo intrínseco por educarse o por cuidar la salud propia y la de la familia, motivando a los individuos que reciben este dinero a actuar por la razón equivocada. En este escenario, el mercado es un instrumento, pero no un instrumento inocente. Lo que empieza como un mecanismo de mercado se convierte en una norma del mercado. La preocupación obvia es que el pago podrá habituar a estos individuos a realizar ciertas actividades como una forma de hacer dinero.
La crítica de Sandel para los economistas que diseñan estos programas esta en olvidar que las normas y los valores sociales importan. Los mercados no son invitados inocentes, los mercados dejan sus huellas allí donde entran.
De acuerdo con Sandel, la era del triunfalismo de los mercados, nos ha llevado a pasar de economías de mercado a sociedades de mercado. Su llamado es a reconsiderar los grandes problemas del mundo: salud, educación, defensa nacional, justicia penal, protección del medio ambiente etc, como problemas no solo económicos sino también morales y políticos.
En este orden de ideas, no es suficiente el diseñar programas pensando en la eficiencia económica, es igualmente necesario involucrar el valor y significado moral del objetivo perseguido. En palabras de Sandel: “Algunas de las mejores cosas de la vida se corrompen o degradan cuando se convierten en mercancías”. La esperanza de una renovación moral y cívica depende en gran medida de incorporar estos elementos en los debates de política pública presentes y futuros.
De un tiempo para acá, el gobierno colombiano y muchos otros gobiernos en el mundo en desarrollo, están basando parte de sus políticas de lucha contra la pobreza en programas diseñados bajo el principio de transferencias de dinero condicionadas.
Tomemos por ejemplo el caso de Familias en Acción. Este programa consiste en entregar dinero en efectivo a una madre de familia, a cambio del cumplimiento de compromisos por parte de la familia. En educación, por ejemplo esta familia debe garantizar la asistencia a la escuela de sus hijos. En salud, la madre debe garantizar la asistencia de los niños y niñas menores a citas de control de crecimiento y desarrollo programadas en el centro de salud de su comunidad.
En términos económicos, la racionalidad de estas políticas es clara: basta un pequeño incentivo monetario para motivar a las personas a actuar en línea con su bienestar futuro. Sin embargo, este principio no es del todo aceptado por otras disciplinas del conocimiento.
Michael Sandel, famoso profesor de filosofía de la U. de Harvard, sugiere que la introducción de mecanismos de mercado en algunas dimensiones de la vida de los seres humanos puede crear más problemas que soluciones.
Sandel sostiene que el incentivo monetario podría debilitar el incentivo intrínseco por educarse o por cuidar la salud propia y la de la familia, motivando a los individuos que reciben este dinero a actuar por la razón equivocada. En este escenario, el mercado es un instrumento, pero no un instrumento inocente. Lo que empieza como un mecanismo de mercado se convierte en una norma del mercado. La preocupación obvia es que el pago podrá habituar a estos individuos a realizar ciertas actividades como una forma de hacer dinero.
La crítica de Sandel para los economistas que diseñan estos programas esta en olvidar que las normas y los valores sociales importan. Los mercados no son invitados inocentes, los mercados dejan sus huellas allí donde entran.
De acuerdo con Sandel, la era del triunfalismo de los mercados, nos ha llevado a pasar de economías de mercado a sociedades de mercado. Su llamado es a reconsiderar los grandes problemas del mundo: salud, educación, defensa nacional, justicia penal, protección del medio ambiente etc, como problemas no solo económicos sino también morales y políticos.
En este orden de ideas, no es suficiente el diseñar programas pensando en la eficiencia económica, es igualmente necesario involucrar el valor y significado moral del objetivo perseguido. En palabras de Sandel: “Algunas de las mejores cosas de la vida se corrompen o degradan cuando se convierten en mercancías”. La esperanza de una renovación moral y cívica depende en gran medida de incorporar estos elementos en los debates de política pública presentes y futuros.
martes, 11 de agosto de 2009
Desarrollo por contrato
(La Patria, Martes 18 de Agosto, 2009)
Paul Romer, es un famoso economista y profesor de la Universidad de Stanford, mundialmente conocido por sus trabajos en “Crecimiento Económico”. Esta es el área de la economía que intenta descifrar cuales factores explican el crecimiento económico de las naciones. La fama de Romer está a punto de salir del circuito académico si su más reciente idea toma suficiente impulso. Se trata de las “Ciudades por contrato”.
La idea es tan antigua como la misma colonización. Un país cede, esta vez por voluntad propia, una parte de su territorio a otro u otros países para que estos lo administren de acuerdo con una serie de reglas de buen gobierno e incentivos para la inversión internacional de largo plazo. El mejor ejemplo de este tipo de alternativa, de acuerdo con Romer, lo ofrece Hong Kong, en la China. Esta ciudad es una zona económica especial que fue administrada por los británicos entre 1842 y 1997, y que hoy por hoy es considerada el centro financiero más importante de Asia.
La idea de Romer no es reconstruir ciudades viejas, si no construir de cero nuevas ciudades. Con reglas claras establecidas en el contrato y ejecutadas por el sistema judicial del país contratado, toda la infraestructura para la nueva ciudad está financiada por la inversión privada. Los servicios de gobierno ofrecidos por el contrato deben incluir por lo menos: el legal, judicial, policial y los sistemas de regulación, la educación y la atención básica de salud. De acuerdo con este modelo, el dinero para pagarle a los países contratados se obtiene del incremento en el valor de los terrenos en la zona administrativa. Esto, sugiere Romer, genera los incentivos adecuados para invertir en educación y salud, dado que el crecimiento en capital humano hará que los ingresos crezcan más rápidamente, lo que hace que la tierra en la zona se valorice aun más.
La propuesta de Romer, parece descabellada y puede ser sin duda políticamente imposible de ejecutar. Sin embargo, el fondo de su propuesta tiene todo el sentido. Los economistas y los líderes del mundo económico han concentrado demasiado su discurso en factores como tecnología, infraestructura y educación. Sin embargo, estos factores han probado ser necesarios pero no suficientes para generar crecimiento económico.
Un mejor conjunto de reglas es probablemente el eslabón perdido en la búsqueda por superar la pobreza. Las sociedades en desarrollo han avanzado rápidamente en la adopción de tecnologías (por ejemplo la telefonía celular), pero lo han hecho muy lentamente en la adopción de mejores reglas de juego, es decir, políticas públicas. Quizá una forma rápida y eficiente de hacerlo sea bajo contrato, ya que la democracia por si sola no nos ha hecho el milagrito.
Paul Romer, es un famoso economista y profesor de la Universidad de Stanford, mundialmente conocido por sus trabajos en “Crecimiento Económico”. Esta es el área de la economía que intenta descifrar cuales factores explican el crecimiento económico de las naciones. La fama de Romer está a punto de salir del circuito académico si su más reciente idea toma suficiente impulso. Se trata de las “Ciudades por contrato”.
La idea es tan antigua como la misma colonización. Un país cede, esta vez por voluntad propia, una parte de su territorio a otro u otros países para que estos lo administren de acuerdo con una serie de reglas de buen gobierno e incentivos para la inversión internacional de largo plazo. El mejor ejemplo de este tipo de alternativa, de acuerdo con Romer, lo ofrece Hong Kong, en la China. Esta ciudad es una zona económica especial que fue administrada por los británicos entre 1842 y 1997, y que hoy por hoy es considerada el centro financiero más importante de Asia.
La idea de Romer no es reconstruir ciudades viejas, si no construir de cero nuevas ciudades. Con reglas claras establecidas en el contrato y ejecutadas por el sistema judicial del país contratado, toda la infraestructura para la nueva ciudad está financiada por la inversión privada. Los servicios de gobierno ofrecidos por el contrato deben incluir por lo menos: el legal, judicial, policial y los sistemas de regulación, la educación y la atención básica de salud. De acuerdo con este modelo, el dinero para pagarle a los países contratados se obtiene del incremento en el valor de los terrenos en la zona administrativa. Esto, sugiere Romer, genera los incentivos adecuados para invertir en educación y salud, dado que el crecimiento en capital humano hará que los ingresos crezcan más rápidamente, lo que hace que la tierra en la zona se valorice aun más.
La propuesta de Romer, parece descabellada y puede ser sin duda políticamente imposible de ejecutar. Sin embargo, el fondo de su propuesta tiene todo el sentido. Los economistas y los líderes del mundo económico han concentrado demasiado su discurso en factores como tecnología, infraestructura y educación. Sin embargo, estos factores han probado ser necesarios pero no suficientes para generar crecimiento económico.
Un mejor conjunto de reglas es probablemente el eslabón perdido en la búsqueda por superar la pobreza. Las sociedades en desarrollo han avanzado rápidamente en la adopción de tecnologías (por ejemplo la telefonía celular), pero lo han hecho muy lentamente en la adopción de mejores reglas de juego, es decir, políticas públicas. Quizá una forma rápida y eficiente de hacerlo sea bajo contrato, ya que la democracia por si sola no nos ha hecho el milagrito.
sábado, 1 de agosto de 2009
Ayuda militar y sus efectos en Colombia
(La Patria, Agosto 10 de 2009)
Empieza a circular en el mundo académico norteamericano y en particular entre los centros de investigación de Washington, un estudio titulado “Bases, balas y votaciones: el efecto de la ayuda militar norteamericana en el conflicto armado de Colombia”. Los autores son Oeindrila Dube y Suresh Naidu, dos jóvenes académicos que recién reciben sus PhDs. El estudio es una lectura obligada en estos días de álgido debate entre Colombia y sus vecinos por el acuerdo de cooperación con EEUU que permitirá a militares de ese país, el uso de bases colombianas.
La idea central del artículo es comparar indicadores de violencia política y participación en elecciones entre municipios con y sin bases militares. Esto, dado que la ayuda militar norteamericana se canaliza hacia ciertas brigadas que tienen asiento solo en algunas bases militares. El estudio se concentra en el periodo 1998-2005 y los datos sobre ataques unilaterales o choques armados provienen del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).
Dube y Naidu encuentran que el efecto de la ayuda militar norteamericana ha sido intensificar la violencia en Colombia. Los resultados sugieren que dicha ayuda causa un mayor número de ataques de los paramilitares (quienes según afirman estos autores son aliados de los militares), y a la vez, parece no tener un efecto significativo en el número de ataques perpetuados por la guerrilla. Es importante recordar que este efecto debe leerse en comparación con las áreas que no reciben ayuda militar.
Otro resultado, igualmente escalofriante, se refiere al hallazgo de que dicha ayuda resulta en un incremento desproporcionado de asesinatos políticos por parte de grupos paramilitares durante los años de elecciones, pero no parece tener efecto en el número de asesinatos políticos cometidos por la guerrilla. Finalmente, Dube y Naidu encuentran que cuando la ayuda militar se eleva, cae el número de votantes en aquellos municipios aledaños a las bases militares en cuestión y el efecto es aún mayor en los municipios más agitados políticamente. En resumen, los autores concluyen que “la ayuda militar extranjera podría fortalecer la capacidad de los agentes armados no estatales, lo que socava las instituciones políticas nacionales.”
Es valioso que jóvenes académicos internacionales analicen el conflicto colombiano y cuestionen la intervención de fuerzas externas en conflictos internos. No obstante, la complejidad del conflicto armado colombiano, y los márgenes de error de los indicadores utilizados en el análisis obligan a mirar estos resultados con algún escepticismo.
Como bien diría el famoso estadístico John Tukey “la combinación de algunos datos y un ferviente deseo por encontrar respuestas, no asegura que una respuesta razonable pueda ser extraída de un cierto conjunto de datos”. (El estudio se puede bajar en http://www.cgdev.org/doc/events/07.29.09/Bases_Bullets_Ballots.pdf)
Empieza a circular en el mundo académico norteamericano y en particular entre los centros de investigación de Washington, un estudio titulado “Bases, balas y votaciones: el efecto de la ayuda militar norteamericana en el conflicto armado de Colombia”. Los autores son Oeindrila Dube y Suresh Naidu, dos jóvenes académicos que recién reciben sus PhDs. El estudio es una lectura obligada en estos días de álgido debate entre Colombia y sus vecinos por el acuerdo de cooperación con EEUU que permitirá a militares de ese país, el uso de bases colombianas.
La idea central del artículo es comparar indicadores de violencia política y participación en elecciones entre municipios con y sin bases militares. Esto, dado que la ayuda militar norteamericana se canaliza hacia ciertas brigadas que tienen asiento solo en algunas bases militares. El estudio se concentra en el periodo 1998-2005 y los datos sobre ataques unilaterales o choques armados provienen del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).
Dube y Naidu encuentran que el efecto de la ayuda militar norteamericana ha sido intensificar la violencia en Colombia. Los resultados sugieren que dicha ayuda causa un mayor número de ataques de los paramilitares (quienes según afirman estos autores son aliados de los militares), y a la vez, parece no tener un efecto significativo en el número de ataques perpetuados por la guerrilla. Es importante recordar que este efecto debe leerse en comparación con las áreas que no reciben ayuda militar.
Otro resultado, igualmente escalofriante, se refiere al hallazgo de que dicha ayuda resulta en un incremento desproporcionado de asesinatos políticos por parte de grupos paramilitares durante los años de elecciones, pero no parece tener efecto en el número de asesinatos políticos cometidos por la guerrilla. Finalmente, Dube y Naidu encuentran que cuando la ayuda militar se eleva, cae el número de votantes en aquellos municipios aledaños a las bases militares en cuestión y el efecto es aún mayor en los municipios más agitados políticamente. En resumen, los autores concluyen que “la ayuda militar extranjera podría fortalecer la capacidad de los agentes armados no estatales, lo que socava las instituciones políticas nacionales.”
Es valioso que jóvenes académicos internacionales analicen el conflicto colombiano y cuestionen la intervención de fuerzas externas en conflictos internos. No obstante, la complejidad del conflicto armado colombiano, y los márgenes de error de los indicadores utilizados en el análisis obligan a mirar estos resultados con algún escepticismo.
Como bien diría el famoso estadístico John Tukey “la combinación de algunos datos y un ferviente deseo por encontrar respuestas, no asegura que una respuesta razonable pueda ser extraída de un cierto conjunto de datos”. (El estudio se puede bajar en http://www.cgdev.org/doc/events/07.29.09/Bases_Bullets_Ballots.pdf)
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