martes, 7 de febrero de 2017

Dentro de un trumpista

(El Mundo, febrero 9 de 2017)

Las portadas de las revistas intelectuales más importantes del mundo tienen por estos días un tema en común: señalar al presidente Trump como un hombre loco y peligroso.

Pero se les olvida a estos medios que cerca del cincuenta por ciento de los estadounidenses votaron por el, y que por tanto en una democracia, los verdaderos hombres y mujeres locos y peligrosos son los que votaron por el. Se pregunta uno, ¿cómo es un trumpista? ¿cuales son sus preocupaciones?.

Un magnifico articulo de Rick Perlstein en el Magazine Mother Jones describe el perfil de un votante típico norteamericano que favoreció a Trump. Estas personas viven en pueblos pequeños, rurales y con condiciones urbanas y climáticas muy lejanas a las de las ciudades elegantes de las costas (Nueva York, Los Ángeles, Miami o San Francisco para nombrar algunas). Para las personas de estos lugares dos o tres décadas atrás había industrias, pequeños negocios y una economía local con empleo. No eran lugares perfectos pero se podía llevar una vida digna. Luego llego la globalización, se cerraron las industrias, se cerraron los negocios, y las personas empobrecieron.

Este tipo de ansiedad económica es la que explica en buena medida la actitud de quienes votaron por Trump: “si no nos queda nada, votemos por Trump como un acto de venganza 
contra las políticas neoliberales que permitieron que esto sucediera”.

Esa actitud antigobiernistas también se expresa en la defensa de unos valores morales muy arraigados en estas sociedades rurales o semirurales como lo son la condena al aborto y a la homosexualidad. Para estas comunidades, que el gobierno a punta de leyes trate de someter y quebrantar sus creencias es una afrenta muy grande.

Es cierto, y esta demostrado por estudios, que el gran lunar de la globalización ha sido la concentración del ingreso. Y la ironía esta en que el otro perfil del seguidor de Trump son precisamente esos empresarios que gracias a la globalización se han hecho inmensamente ricos, y quieren a toda costa menos impuestos y menos competencia.

Así pues, la elección de Trump es la venganza de los más ricos y los más pobres, contra una clase media educada y con principios liberales que no se ha puesto en los zapatos de los demás. Los Trumpistas no están ni locos, ni son peligrosos, son la otra mitad. 

martes, 24 de enero de 2017

Contratación Pública 2.0

(El Mundo, 26 de enero de 2017)

Sí el pasado colombiano es algún indicativo del presente y el futuro, no es difícil predecir que ni siquiera el caso Odebrecht va a cambiar la corrupción del país, sino hacemos algo que sea radicalmente distinto.

En Colombia pagamos todo más caro gracias a la corrupción. La reforma tributaria que nos regala cada par de años el Ministro de Hacienda de turno es fruto en parte de este problema. El diagnóstico esta claro. Existe una bolsa jugosa de muchos billones de pesos a la que acceden los corruptos vía contratación pública. La inversión pública esta en manos de los hombres y mujeres elegidos popularmente. De forma que los corruptos garantizan su acceso a la bolsa ganando las elecciones en cuerpo ajeno.

En el país ya hemos tenido escándalos de corrupción y ¿qué ha pasado?, no mucho. La justicia ha tomado años en proceder por que es fácil de dilatar, o en el peor de los casos de comprar. Al final se encarcelan uno o dos personajes que estuvieron de malas y los verdaderos zares se salvan. Esta vez no será diferente.

La solución de fondo es una clase política no corrupta, pero tenemos que cambiar la cultura del país y eso tardara años en cristalizarse. Necesitamos hacer algo ya y no precisamente haciendo cambios marginales al status quo.

Es necesario hacer un alto en el camino, suspender el sistema actual de ejecución de la contratación pública, reemplazarlo por un método alternativo transitorio, sujeto de altísimo escrutinio público y manejado de manera gremial y no individual. Mejor dicho hay que esconderles la plata a los políticos corruptos, y pasarla temporalmente a organizaciones de altísima respetabilidad, que se comprometan con los más altos estándares de transparencia y que les duela el país, pero sobre todo su reputación.

Sería, por ejemplo, ideal que el famoso programa de alimentación escolar (PAE) del Ministerio de Educación fuera entregado a una fundación grande, ojala de esas que tienen el nombre de la empresa detrás (Fundación Éxito, por poner un ejemplo) y a la que le interesen genuinamente los niños. Que mejor que un programa de estos fuera manejado por unos empresarios serios, con gran experticia en logística y con un bolsillo que pueda responder ante las contingencias del programa, y que por lo demás podrían apalancar más recursos. Estoy seguro que muchos donarían felices más dinero al PAE sí se conoce la seriedad del que lo opera.


Así podríamos buscar otros ejemplos. En últimas lo que quiero decir es que la solución a la corrupción está en la unión de las organizaciones de la sociedad civil de bien en pos de construir país. Para eso se necesita una versión de Contratación Pública 2.0, que innove y rompa paradigmas. ¿Será mucho soñar?          

martes, 10 de enero de 2017

Pescando tontos

(El Mundo, enero 12 de 2017)

“Pescando tontos” es el nombre de un libro que tiene por subtitulo “La economía de la manipulación y el engaño” escrito por dos premios nobel en Economía, los profesores George Akerlof y Robert Shiller.

El libro fue publicado en 2015 y aunque no descubre nada nuevo bajo el sol, si se convierte en una autocritica muy fuerte a la disciplina y al marco del pensamiento de los economistas tradicionales.

Los autores comienzan por recordar el principio fundamental de la economía como área del conocimiento: los recursos son escasos y no existe ningún mecanismo mejor que los mercados para asignar dichos recursos de manera eficiente (al menor costo). Esto con el beneficio adicional de no existir una forma que traiga más bienestar a la sociedad como si detrás de todo estuviera una benevolente “mano invisible”.

Akerlof y Shiller describen con lujo de detalles y de ejemplos lo que todos sabemos, pero que la economía se niega a incorporar en sus análisis. Existen industrias enteras dedicadas a producir y a comercializar cosas que no necesitamos o que nos hacen daño. De manera coloquial lo describen como las industrias que producen algo “bueno para mi, pero malo para ti”.

Los seres humanos somos imperfectos y proclives a caer en las garras de la manipulación y el engaño. Esta debilidad es explotada según los autores por todo tipo de industrias. El sistema financiero con tarjetas de crédito para sobre endeudar a la gente, el sector automotriz con los exorbitantes precios del mantenimiento en concesionarios, la industria de comidas con productos que no son saludables, la industria farmacéutica con medicamentos que no aportan o que incluso hacen más daño que beneficios, la industria tabacalera con el cigarrillo que daña la salud, entre otros.

La reflexión de los autores es que la visión de los economistas que pintan los mercados y la mano invisible como incorruptibles es incompleta y simplista. Hay industrias enteras que basan su negocio en manipulación y engaño, no son meros accidentes ni casos aislados. La competencia engendra tanto lo bueno como lo malo.

La medición del bienestar económico basada en sumar el valor agregado fruto de todos los mercados competitivos es entonces incompleta.

El PIB crece cuando crecen estas industrias, pero no es cierto que mas gente engañada, endeudada, enferma, empobrecida signifique más bienestar. 

Celebrar lo inesperado

Termina el 2016. Los medios tuvieron demasiado material para cada día. De hecho podría decirse que hubo suficientes acontecimientos como para dos o tres años.
Magnificas noticias en lo deportivo, lo cultural y lo simbólico (premio Nobel de Paz). Malísimas en torno a las posibilidades de la democracia (Brexit, Referendo en Colombia, Donald Trump). Pero sobre esto todo esta dicho. Hay una historia que no esta contada en los medios y que es la mas importante de todas. La nuestra.
Para algunos, el 2016 trajo la alegría de una nueva vida representada en un bebé, la felicidad de encontrar el amor de una pareja, la tranquilidad de encontrar un trabajo o alguna forma de estabilidad económica, el beneplácito de recuperar la salud o haberla mantenido en buenos niveles, o la satisfacción de alcanzar un grado académico superior.
Para otros, el 2016 trajo no tan buenas noticias. La partida de un ser querido, la ruptura de una historia de amor, intranquilidad financiera, quebrantos de salud y en general la frustración que da incumplir metas propuestas.
Cada año es igual, lleno de lo esperado y lo inesperado. Una mezcla tan interesante e incierta que cada mañana al despertar nos obliga a preguntarnos: ¿Y qué traerá este día para mi?. La suma de todos esos acontecimientos es la historia de nuestras vidas.
La literatura de autoayuda esta repleta de mensajes de reflexión, de cómo mejorar y qué cambiar para que el año siguiente sea mejor. Mucho de esto es posible, cambiar comportamientos puede llevarnos a vivir mejores vidas. Pero en el fondo, lo incierto, las consecuencias de lo inesperado son las que marcan nuestro destino.
Mi historia personal de 2016 tuvo demasiadas cosas inesperadas, tanto de las buenas como de las malas, y estoy seguro que la suya también. Celebremos nuestras historias, las que no salen en la prensa, las que están escritas en el libro de lo inesperado. Las que marcaron mañanas, tardes, semanas y quizá meses enteros. Las que hoy nos marcan: a usted mientras lee y a mi mientras escribo.
Por mi parte lo malo que me paso lo recibo con humildad, y lo bueno que me paso también. Hasta luego 2016 y bienvenido 2017. Feliz año para todos.

viernes, 16 de diciembre de 2016

Corea del Sur

(El Mundo, diciembre 15 de 2016)

La semana pasada el parlamento de Corea del Sur destituyó a la presidenta Park Geun-hye de su cargo por delitos de corrupción. Este desafortunado hecho no debe opacar la extraordinaria trayectoria de este país y las muchas lecciones que tiene para el mundo.

Los latinoamericanos estamos acostumbrados a mirar hacia los Estados Unidos como país ejemplo. Comparamos a nuestras instituciones, infraestructura, y empresas con las norteamericanas. Pero ahora con la llegada del señor Trump a la presidencia de ese país las cosas van a cambiar, las instituciones que conocemos pueden ser destruidas y por esto necesitamos nuevos referentes. Especialmente aquellos países que conserven un modelo económico orientado hacia los mercados.

Si miramos hacia Europa, están Alemania, Inglaterra y Francia. Si miramos hacia Escandinavia estarían Noruega, Suecia y Finlandia. Si miramos hacia Oceanía estaría Australia. Y finalmente si miramos hacía el Asia estaría Corea del Sur.

En la década de los cincuentas Corea del Sur salió de una guerra que lo dejó en la ruina. Hoy es el país número 17 en desarrollo humano del mundo, con una expectativa de vida de 82 años, una escolaridad promedio de 12 años y un ingreso per capita de 34 mil dólares.

El sistema de salud de este país es uno de los más avanzados del mundo. Tiene cobertura universal, con un gasto total que alcanza apenas el 7.2% del PIB (lo mismo que Colombia). El sistema de información en salud de este país es altamente sofisticado. Esta desarrollado para: detectar epidemias de manera temprana; detectar fraude; evitar el uso potencialmente dañino de medicamentos; y, calificar y remunerar o castigar a los prestadores de salud de acuerdo a la calidad de sus servicios.

La infraestructura de comunicaciones y de transporte masivo del país es simplemente impresionante. En educación, también son lideres. Por ejemplo, en las pruebas Pisa 2015 Corea del Sur es el país numero 11 del mundo es ciencias, el numero 7 en lectura y el número 7 en matemáticas.

Los países orientales tienen mucho que enseñarnos, y lo más irónico de todo es que además tienen toda la disposición para hacerlo. El problema es de nuestra cultura americanizada y de una dirigencia que no se fija más allá de las narices o del vecindario. Mucho ganaríamos si sobrepasamos los limites culturales y geográficos y nos acercamos más a los ejemplos que llegan desde el lejano oriente.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Igualdad para el hombre

(El Mundo, Diciembre 1 de 2016)

La semana pasada se celebró el día internacional del hombre. Con mucha certeza me atrevería a decir que ningún hombre recibió un pequeño detalle.  En épocas en que tanto hablamos de la igualdad de genero, creo que nos estamos quedando con solo una parte de la historia.

Según el estereotipo latinoamericano (e incluso internacional) los hombres siguen siendo los cazadores de épocas ancestrales. Son formados para ser proveedores y el éxito de sus vidas se mide por la cantidad de provisiones que consigan. Es otra tradición de la época de las cavernas que la sociedad contemporánea no supera. No es descabellado decir que la proliferación de hogares destruidos y de hijos no deseados que explica tantos males del mundo actual, esta en buena parte asociado a este estereotipo inculcado desde la cuna.

La lucha de las mujeres por la igualdad de genero ha mostrado qué en un buen número de situaciones la balanza se inclina claramente a favor de los hombres, especialmente en temas del mercado laboral, o de uso de violencia física y psicológica. Bienvenidos esos datos, y toda medida para corregirlos.

Pero también hay situaciones donde la balanza podría estar inclinada en contra de los hombres, y esta también debería ser una preocupación de la sociedad. Algunos ejemplos: la mayoría de las muertes por violencia interpersonal son de hombres; en Colombia hay 4 suicidios masculinos por 1 femenino según Medicina Legal; y son mas los hombres habitantes de calle que las mujeres.

No se trata de contraponer las problemáticas de un genero como culpabilidad del otro genero, es decir, los males de los hombres como culpa de las mujeres, o viceversa. En esto coincido. De hecho es precisamente eso lo que debe evitarse, porque la igualdad de genero no puede convertirse en la lucha de genero.

Pero regresando a la motivación de esta columna, hay problemas sociales y conductas sociales que claramente están sobrecargadas en un genero o en otro, y en cada caso debería darse igual importancia en la discusión de política publica como un tema de genero.

Hace falta un movimiento “masculinista” que ayude a visualizar los problemas del genero masculino, a documentarlos y a exigir medidas de política pública de la misma manera que hoy se hace con los del genero femenino. Eso es verdadera igualdad de genero.

martes, 15 de noviembre de 2016

Epistocracia

(El Mundo, noviembre 17 de 2016)

Los resultados recientes en Estados Unidos, Colombia e Inglaterra, donde los votantes parecen haber elegido la opción menos racional, despiertan una pregunta muy importante ¿es la democracia la mejor opción para tomar decisiones colectivas?

De tiempo atrás, desde que la gente eligió a Barrabas por encima de Cristo, se sabe que son las emociones las que dominan a la hora de votar para el ciudadano desinformado y no un calculo racional de lo que mas le conviene al colectivo. Siendo consecuentes debería hacerse algo para remediar este problema. ¿Cuales son las alternativas?

El filósofo político Jason Brennan en un libro reciente titulado “Contra la democracia” (Against Democracy) retoma los preceptos de antiguos filósofos que se han opuesto a la democracia. Platón y John Stuart Mill, sostenían que el voto universal es un mal sistema, porque da el mismo peso al voto de una persona completamente desinformada que al de una informada. Haciendo de esta manera demasiado vulnerable el sistema a la manipulación por parte de los profesionales en el arte del engaño.

Brennan defiende un sistema llamado epistocracia (epistocracy) en el cual el poder del voto no se obtiene por el mero hecho de respirar y haber nacido en el país, sino que debe ser ganado. Sólo aquellos con un grado suficiente de información, de educación, y de conciencia política deberían tener en sus manos tan poderosa arma.

La idea tiene fundamento, se acabaría la compra de votos, se acabarían los gobiernos desastrosamente populistas (como el de Venezuela), seguramente se acabaría la financiación ilegal o cuasilegal de las campañas, y se acabarían las odiosas campañas políticas. Qué mas quisiera uno por el bien de este país. Desafortunadamente el problema con estas propuestas es como volverlas operativas. Una opción es darle un voto que cuente mas veces a las personas que demuestren un nivel de entendimiento del acontecer político, social y económico suficiente. Pero no existe un examen valido y si existiera sería altamente manipulable. Otra opción es restringir el voto, por niveles de educación, pero esto sería altamente impopular.

La buena noticia es que existen modalidades de votación más sofisticadas que la mayoría simple. Definitivamente coincido con la idea de que el voto es tan valioso y tan importante como herramienta de decisión que no debería ser regalado a cada individuo sino que los individuos deberían hacer méritos suficientes para ganárselo.