(El Mundo, Septiembre 23 de 2009)
En febrero de 2008, el Presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, comisionó a dos premios nobel de economía, Joseph Stiglitz y Amartya Sen, la tarea de liderar a un grupo de expertos con el objetivo de identificar los límites del PIB como indicador del desarrollo económico. El resultado esperado era una propuesta con mejores indicadores para medir el desarrollo social y económico. La Comisión de Medición de Desempeño Económico y Progreso Social fue creada y el informe final de dicha comisión fue presentado el pasado 14 de Septiembre.
Lo que medimos y cómo lo medimos afecta lo que hacemos y las decisiones que tomamos. Este es el principio básico que motivó el estudio. Y aunque a simple vista obvio, en términos de medición económica tiene profundas implicaciones. Una de las más evidentes son las falsas dicotomías entre el PIB y otras variables. Tomemos el caso del medioambiente. Dado que el PIB no incluye el agotamiento de las reservas de recursos naturales, con frecuencia los promotores de proyectos económicos que destruyen el medioambiente justifican tal destrucción en aras de crecimiento económico. Pero esta dicotomía es falsa desde el punto de vista social, pues destrucción de recursos naturales hoy, significa destrucción de capital, y por ende de ingresos futuros.
Cinco grandes recomendaciones emergen de esta Comisión. La primera es desmitificar al PIB como medida de bienestar material. El PIB mide producción, pero producción no es lo mismo que bienestar material, y en este sentido una medida más adecuada sería una más amplia que incluya ingreso y consumo. La segunda, es enfatizar la perspectiva de los hogares en las mediciones económicas, es decir, tener indicadores que midan el pulso de lo que está pasando con el ingreso y el consumo de los hogares.
La tercera, sugiere incorporar medidas que tengan en cuenta la riqueza de los hogares. Riqueza, consumo e ingreso son variables altamente interrelacionadas, y son los mayores determinantes del bienestar de un hogar. La cuarta, es dar mayor prominencia como indicadores de progreso social de una sociedad a medidas que muestren la distribución del ingreso, del consumo y de la riqueza entre los habitantes del país. Finalmente, la comisión recomienda que las oficinas de estadística avancen en la identificación y cuantificación de aquellas actividades económicas que se desarrollan fuera de los mercados, pero que aumentan o deterioran el bienestar de los hogares, según sea el caso.
El PIB es una medida económica obsoleta, que quizá esté haciendo más daño que bien a los diseñadores de política económica. Cómo bien lo afirma el profesor Reuven Brenner, de la Universidad McGill en Canadá, una estadística como el PIB solo “sostiene la ilusión de que la prosperidad esta necesariamente atada al territorio, a las unidades nacionales y al gasto público en general”.
Este blog reune mis artículos de opinión publicados en diarios colombianos y otras ideas no publicadas en medios escritos
miércoles, 16 de septiembre de 2009
viernes, 11 de septiembre de 2009
Plaza Sésamo
(El Mundo, Septiembre 14 2009; La Patria, Septiembre 28 de 2009)
Desde 1972, Televisa produce una famosa serie de televisión para niños llamada Plaza Sésamo que es y ha sido transmitida en Colombia con gran éxito. Plaza Sésamo es en realidad fruto del trabajo de más de 40 años de una organización norteamericana sin ánimo de lucro llamada Taller Sésamo y es vista en casi todos los países del mundo.
Plaza Sésamo, tiene como objetivo educar a los niños en temas tan variados como compartir, comer de manera saludable, visitar al doctor, tener una buena higiene personal, y celebrar y respetar las diferencias de raza y genero. Tópicos más tradicionales como aprender las letras y los números son también parte integral de esta serie.
Los contenidos de cada capítulo están basados en estudios e investigaciones académicas desarrollados por expertos en desarrollo infantil. Pero esto no es nada nuevo, lo realmente novedoso es lo que está sucediendo recientemente con el programa y lo que puede venir.
La problemática y circunstancias actuales de los Estados Unidos han obligado a los creadores a incluir contenidos relacionados con temas más complejos y difíciles de abordar con los niños. Por ejemplo, en los últimos años la serie ha tocado temas tales como: que hacer en caso de una emergencia natural (motivada por el huracán Katrina), qué hacer cuando uno de sus padres es enviado a la guerra (motivado por la guerra de Irak), o como prepararse para una emergencia (motivado por el ataque del 11 de septiembre).
La crisis económica es el nuevo tema de Plaza Sésamo. Para enseñar a los niños como afrontar y entender las vicisitudes de los vaivenes económicos, la mama de Elmo pierde su trabajo y como consecuencia muchos gastos de la familia deben recortarse. La familia empieza a ahorrar dinero a través de actividades menos costosas como detener la compra de juguetes y alquilar películas en lugar de ir al cine. La serie, incluso, a la manera de otros programas de TV, ofrece entrevistas con familias que están pasando por tal circunstancia para reforzar la realidad del hecho. Entre las estrategias ofrecidas por la serie a los padres están el dialogo abierto, y ciertos cambios en comportamiento que pueden ser incluidos en la rutina habitual de la familia.
Interesantísimo experimento el de Taller Sésamo. Nuestra tendencia como adultos a aislar a los niños en momentos de dificultad económica en la familia hasta que estos son inocultables puede no ser la mejor manera de manejar una situación de estrés económico en el hogar. Los niños son blanco perfecto en nuestras sociedades de consumo, por ello bien vale la pena aplaudir iniciativas como estas que buscan crear una mayor conciencia en los pequeños de lo que significa vivir en una economía de mercado. El alfabetismo económico empieza por casa.
Desde 1972, Televisa produce una famosa serie de televisión para niños llamada Plaza Sésamo que es y ha sido transmitida en Colombia con gran éxito. Plaza Sésamo es en realidad fruto del trabajo de más de 40 años de una organización norteamericana sin ánimo de lucro llamada Taller Sésamo y es vista en casi todos los países del mundo.
Plaza Sésamo, tiene como objetivo educar a los niños en temas tan variados como compartir, comer de manera saludable, visitar al doctor, tener una buena higiene personal, y celebrar y respetar las diferencias de raza y genero. Tópicos más tradicionales como aprender las letras y los números son también parte integral de esta serie.
Los contenidos de cada capítulo están basados en estudios e investigaciones académicas desarrollados por expertos en desarrollo infantil. Pero esto no es nada nuevo, lo realmente novedoso es lo que está sucediendo recientemente con el programa y lo que puede venir.
La problemática y circunstancias actuales de los Estados Unidos han obligado a los creadores a incluir contenidos relacionados con temas más complejos y difíciles de abordar con los niños. Por ejemplo, en los últimos años la serie ha tocado temas tales como: que hacer en caso de una emergencia natural (motivada por el huracán Katrina), qué hacer cuando uno de sus padres es enviado a la guerra (motivado por la guerra de Irak), o como prepararse para una emergencia (motivado por el ataque del 11 de septiembre).
La crisis económica es el nuevo tema de Plaza Sésamo. Para enseñar a los niños como afrontar y entender las vicisitudes de los vaivenes económicos, la mama de Elmo pierde su trabajo y como consecuencia muchos gastos de la familia deben recortarse. La familia empieza a ahorrar dinero a través de actividades menos costosas como detener la compra de juguetes y alquilar películas en lugar de ir al cine. La serie, incluso, a la manera de otros programas de TV, ofrece entrevistas con familias que están pasando por tal circunstancia para reforzar la realidad del hecho. Entre las estrategias ofrecidas por la serie a los padres están el dialogo abierto, y ciertos cambios en comportamiento que pueden ser incluidos en la rutina habitual de la familia.
Interesantísimo experimento el de Taller Sésamo. Nuestra tendencia como adultos a aislar a los niños en momentos de dificultad económica en la familia hasta que estos son inocultables puede no ser la mejor manera de manejar una situación de estrés económico en el hogar. Los niños son blanco perfecto en nuestras sociedades de consumo, por ello bien vale la pena aplaudir iniciativas como estas que buscan crear una mayor conciencia en los pequeños de lo que significa vivir en una economía de mercado. El alfabetismo económico empieza por casa.
viernes, 28 de agosto de 2009
Instrumentos no tan inocentes
(La Patria, Agosto 31 2009; El Mundo, Septiembre 1, 2009)
De un tiempo para acá, el gobierno colombiano y muchos otros gobiernos en el mundo en desarrollo, están basando parte de sus políticas de lucha contra la pobreza en programas diseñados bajo el principio de transferencias de dinero condicionadas.
Tomemos por ejemplo el caso de Familias en Acción. Este programa consiste en entregar dinero en efectivo a una madre de familia, a cambio del cumplimiento de compromisos por parte de la familia. En educación, por ejemplo esta familia debe garantizar la asistencia a la escuela de sus hijos. En salud, la madre debe garantizar la asistencia de los niños y niñas menores a citas de control de crecimiento y desarrollo programadas en el centro de salud de su comunidad.
En términos económicos, la racionalidad de estas políticas es clara: basta un pequeño incentivo monetario para motivar a las personas a actuar en línea con su bienestar futuro. Sin embargo, este principio no es del todo aceptado por otras disciplinas del conocimiento.
Michael Sandel, famoso profesor de filosofía de la U. de Harvard, sugiere que la introducción de mecanismos de mercado en algunas dimensiones de la vida de los seres humanos puede crear más problemas que soluciones.
Sandel sostiene que el incentivo monetario podría debilitar el incentivo intrínseco por educarse o por cuidar la salud propia y la de la familia, motivando a los individuos que reciben este dinero a actuar por la razón equivocada. En este escenario, el mercado es un instrumento, pero no un instrumento inocente. Lo que empieza como un mecanismo de mercado se convierte en una norma del mercado. La preocupación obvia es que el pago podrá habituar a estos individuos a realizar ciertas actividades como una forma de hacer dinero.
La crítica de Sandel para los economistas que diseñan estos programas esta en olvidar que las normas y los valores sociales importan. Los mercados no son invitados inocentes, los mercados dejan sus huellas allí donde entran.
De acuerdo con Sandel, la era del triunfalismo de los mercados, nos ha llevado a pasar de economías de mercado a sociedades de mercado. Su llamado es a reconsiderar los grandes problemas del mundo: salud, educación, defensa nacional, justicia penal, protección del medio ambiente etc, como problemas no solo económicos sino también morales y políticos.
En este orden de ideas, no es suficiente el diseñar programas pensando en la eficiencia económica, es igualmente necesario involucrar el valor y significado moral del objetivo perseguido. En palabras de Sandel: “Algunas de las mejores cosas de la vida se corrompen o degradan cuando se convierten en mercancías”. La esperanza de una renovación moral y cívica depende en gran medida de incorporar estos elementos en los debates de política pública presentes y futuros.
De un tiempo para acá, el gobierno colombiano y muchos otros gobiernos en el mundo en desarrollo, están basando parte de sus políticas de lucha contra la pobreza en programas diseñados bajo el principio de transferencias de dinero condicionadas.
Tomemos por ejemplo el caso de Familias en Acción. Este programa consiste en entregar dinero en efectivo a una madre de familia, a cambio del cumplimiento de compromisos por parte de la familia. En educación, por ejemplo esta familia debe garantizar la asistencia a la escuela de sus hijos. En salud, la madre debe garantizar la asistencia de los niños y niñas menores a citas de control de crecimiento y desarrollo programadas en el centro de salud de su comunidad.
En términos económicos, la racionalidad de estas políticas es clara: basta un pequeño incentivo monetario para motivar a las personas a actuar en línea con su bienestar futuro. Sin embargo, este principio no es del todo aceptado por otras disciplinas del conocimiento.
Michael Sandel, famoso profesor de filosofía de la U. de Harvard, sugiere que la introducción de mecanismos de mercado en algunas dimensiones de la vida de los seres humanos puede crear más problemas que soluciones.
Sandel sostiene que el incentivo monetario podría debilitar el incentivo intrínseco por educarse o por cuidar la salud propia y la de la familia, motivando a los individuos que reciben este dinero a actuar por la razón equivocada. En este escenario, el mercado es un instrumento, pero no un instrumento inocente. Lo que empieza como un mecanismo de mercado se convierte en una norma del mercado. La preocupación obvia es que el pago podrá habituar a estos individuos a realizar ciertas actividades como una forma de hacer dinero.
La crítica de Sandel para los economistas que diseñan estos programas esta en olvidar que las normas y los valores sociales importan. Los mercados no son invitados inocentes, los mercados dejan sus huellas allí donde entran.
De acuerdo con Sandel, la era del triunfalismo de los mercados, nos ha llevado a pasar de economías de mercado a sociedades de mercado. Su llamado es a reconsiderar los grandes problemas del mundo: salud, educación, defensa nacional, justicia penal, protección del medio ambiente etc, como problemas no solo económicos sino también morales y políticos.
En este orden de ideas, no es suficiente el diseñar programas pensando en la eficiencia económica, es igualmente necesario involucrar el valor y significado moral del objetivo perseguido. En palabras de Sandel: “Algunas de las mejores cosas de la vida se corrompen o degradan cuando se convierten en mercancías”. La esperanza de una renovación moral y cívica depende en gran medida de incorporar estos elementos en los debates de política pública presentes y futuros.
martes, 11 de agosto de 2009
Desarrollo por contrato
(La Patria, Martes 18 de Agosto, 2009)
Paul Romer, es un famoso economista y profesor de la Universidad de Stanford, mundialmente conocido por sus trabajos en “Crecimiento Económico”. Esta es el área de la economía que intenta descifrar cuales factores explican el crecimiento económico de las naciones. La fama de Romer está a punto de salir del circuito académico si su más reciente idea toma suficiente impulso. Se trata de las “Ciudades por contrato”.
La idea es tan antigua como la misma colonización. Un país cede, esta vez por voluntad propia, una parte de su territorio a otro u otros países para que estos lo administren de acuerdo con una serie de reglas de buen gobierno e incentivos para la inversión internacional de largo plazo. El mejor ejemplo de este tipo de alternativa, de acuerdo con Romer, lo ofrece Hong Kong, en la China. Esta ciudad es una zona económica especial que fue administrada por los británicos entre 1842 y 1997, y que hoy por hoy es considerada el centro financiero más importante de Asia.
La idea de Romer no es reconstruir ciudades viejas, si no construir de cero nuevas ciudades. Con reglas claras establecidas en el contrato y ejecutadas por el sistema judicial del país contratado, toda la infraestructura para la nueva ciudad está financiada por la inversión privada. Los servicios de gobierno ofrecidos por el contrato deben incluir por lo menos: el legal, judicial, policial y los sistemas de regulación, la educación y la atención básica de salud. De acuerdo con este modelo, el dinero para pagarle a los países contratados se obtiene del incremento en el valor de los terrenos en la zona administrativa. Esto, sugiere Romer, genera los incentivos adecuados para invertir en educación y salud, dado que el crecimiento en capital humano hará que los ingresos crezcan más rápidamente, lo que hace que la tierra en la zona se valorice aun más.
La propuesta de Romer, parece descabellada y puede ser sin duda políticamente imposible de ejecutar. Sin embargo, el fondo de su propuesta tiene todo el sentido. Los economistas y los líderes del mundo económico han concentrado demasiado su discurso en factores como tecnología, infraestructura y educación. Sin embargo, estos factores han probado ser necesarios pero no suficientes para generar crecimiento económico.
Un mejor conjunto de reglas es probablemente el eslabón perdido en la búsqueda por superar la pobreza. Las sociedades en desarrollo han avanzado rápidamente en la adopción de tecnologías (por ejemplo la telefonía celular), pero lo han hecho muy lentamente en la adopción de mejores reglas de juego, es decir, políticas públicas. Quizá una forma rápida y eficiente de hacerlo sea bajo contrato, ya que la democracia por si sola no nos ha hecho el milagrito.
Paul Romer, es un famoso economista y profesor de la Universidad de Stanford, mundialmente conocido por sus trabajos en “Crecimiento Económico”. Esta es el área de la economía que intenta descifrar cuales factores explican el crecimiento económico de las naciones. La fama de Romer está a punto de salir del circuito académico si su más reciente idea toma suficiente impulso. Se trata de las “Ciudades por contrato”.
La idea es tan antigua como la misma colonización. Un país cede, esta vez por voluntad propia, una parte de su territorio a otro u otros países para que estos lo administren de acuerdo con una serie de reglas de buen gobierno e incentivos para la inversión internacional de largo plazo. El mejor ejemplo de este tipo de alternativa, de acuerdo con Romer, lo ofrece Hong Kong, en la China. Esta ciudad es una zona económica especial que fue administrada por los británicos entre 1842 y 1997, y que hoy por hoy es considerada el centro financiero más importante de Asia.
La idea de Romer no es reconstruir ciudades viejas, si no construir de cero nuevas ciudades. Con reglas claras establecidas en el contrato y ejecutadas por el sistema judicial del país contratado, toda la infraestructura para la nueva ciudad está financiada por la inversión privada. Los servicios de gobierno ofrecidos por el contrato deben incluir por lo menos: el legal, judicial, policial y los sistemas de regulación, la educación y la atención básica de salud. De acuerdo con este modelo, el dinero para pagarle a los países contratados se obtiene del incremento en el valor de los terrenos en la zona administrativa. Esto, sugiere Romer, genera los incentivos adecuados para invertir en educación y salud, dado que el crecimiento en capital humano hará que los ingresos crezcan más rápidamente, lo que hace que la tierra en la zona se valorice aun más.
La propuesta de Romer, parece descabellada y puede ser sin duda políticamente imposible de ejecutar. Sin embargo, el fondo de su propuesta tiene todo el sentido. Los economistas y los líderes del mundo económico han concentrado demasiado su discurso en factores como tecnología, infraestructura y educación. Sin embargo, estos factores han probado ser necesarios pero no suficientes para generar crecimiento económico.
Un mejor conjunto de reglas es probablemente el eslabón perdido en la búsqueda por superar la pobreza. Las sociedades en desarrollo han avanzado rápidamente en la adopción de tecnologías (por ejemplo la telefonía celular), pero lo han hecho muy lentamente en la adopción de mejores reglas de juego, es decir, políticas públicas. Quizá una forma rápida y eficiente de hacerlo sea bajo contrato, ya que la democracia por si sola no nos ha hecho el milagrito.
sábado, 1 de agosto de 2009
Ayuda militar y sus efectos en Colombia
(La Patria, Agosto 10 de 2009)
Empieza a circular en el mundo académico norteamericano y en particular entre los centros de investigación de Washington, un estudio titulado “Bases, balas y votaciones: el efecto de la ayuda militar norteamericana en el conflicto armado de Colombia”. Los autores son Oeindrila Dube y Suresh Naidu, dos jóvenes académicos que recién reciben sus PhDs. El estudio es una lectura obligada en estos días de álgido debate entre Colombia y sus vecinos por el acuerdo de cooperación con EEUU que permitirá a militares de ese país, el uso de bases colombianas.
La idea central del artículo es comparar indicadores de violencia política y participación en elecciones entre municipios con y sin bases militares. Esto, dado que la ayuda militar norteamericana se canaliza hacia ciertas brigadas que tienen asiento solo en algunas bases militares. El estudio se concentra en el periodo 1998-2005 y los datos sobre ataques unilaterales o choques armados provienen del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).
Dube y Naidu encuentran que el efecto de la ayuda militar norteamericana ha sido intensificar la violencia en Colombia. Los resultados sugieren que dicha ayuda causa un mayor número de ataques de los paramilitares (quienes según afirman estos autores son aliados de los militares), y a la vez, parece no tener un efecto significativo en el número de ataques perpetuados por la guerrilla. Es importante recordar que este efecto debe leerse en comparación con las áreas que no reciben ayuda militar.
Otro resultado, igualmente escalofriante, se refiere al hallazgo de que dicha ayuda resulta en un incremento desproporcionado de asesinatos políticos por parte de grupos paramilitares durante los años de elecciones, pero no parece tener efecto en el número de asesinatos políticos cometidos por la guerrilla. Finalmente, Dube y Naidu encuentran que cuando la ayuda militar se eleva, cae el número de votantes en aquellos municipios aledaños a las bases militares en cuestión y el efecto es aún mayor en los municipios más agitados políticamente. En resumen, los autores concluyen que “la ayuda militar extranjera podría fortalecer la capacidad de los agentes armados no estatales, lo que socava las instituciones políticas nacionales.”
Es valioso que jóvenes académicos internacionales analicen el conflicto colombiano y cuestionen la intervención de fuerzas externas en conflictos internos. No obstante, la complejidad del conflicto armado colombiano, y los márgenes de error de los indicadores utilizados en el análisis obligan a mirar estos resultados con algún escepticismo.
Como bien diría el famoso estadístico John Tukey “la combinación de algunos datos y un ferviente deseo por encontrar respuestas, no asegura que una respuesta razonable pueda ser extraída de un cierto conjunto de datos”. (El estudio se puede bajar en http://www.cgdev.org/doc/events/07.29.09/Bases_Bullets_Ballots.pdf)
Empieza a circular en el mundo académico norteamericano y en particular entre los centros de investigación de Washington, un estudio titulado “Bases, balas y votaciones: el efecto de la ayuda militar norteamericana en el conflicto armado de Colombia”. Los autores son Oeindrila Dube y Suresh Naidu, dos jóvenes académicos que recién reciben sus PhDs. El estudio es una lectura obligada en estos días de álgido debate entre Colombia y sus vecinos por el acuerdo de cooperación con EEUU que permitirá a militares de ese país, el uso de bases colombianas.
La idea central del artículo es comparar indicadores de violencia política y participación en elecciones entre municipios con y sin bases militares. Esto, dado que la ayuda militar norteamericana se canaliza hacia ciertas brigadas que tienen asiento solo en algunas bases militares. El estudio se concentra en el periodo 1998-2005 y los datos sobre ataques unilaterales o choques armados provienen del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (CERAC).
Dube y Naidu encuentran que el efecto de la ayuda militar norteamericana ha sido intensificar la violencia en Colombia. Los resultados sugieren que dicha ayuda causa un mayor número de ataques de los paramilitares (quienes según afirman estos autores son aliados de los militares), y a la vez, parece no tener un efecto significativo en el número de ataques perpetuados por la guerrilla. Es importante recordar que este efecto debe leerse en comparación con las áreas que no reciben ayuda militar.
Otro resultado, igualmente escalofriante, se refiere al hallazgo de que dicha ayuda resulta en un incremento desproporcionado de asesinatos políticos por parte de grupos paramilitares durante los años de elecciones, pero no parece tener efecto en el número de asesinatos políticos cometidos por la guerrilla. Finalmente, Dube y Naidu encuentran que cuando la ayuda militar se eleva, cae el número de votantes en aquellos municipios aledaños a las bases militares en cuestión y el efecto es aún mayor en los municipios más agitados políticamente. En resumen, los autores concluyen que “la ayuda militar extranjera podría fortalecer la capacidad de los agentes armados no estatales, lo que socava las instituciones políticas nacionales.”
Es valioso que jóvenes académicos internacionales analicen el conflicto colombiano y cuestionen la intervención de fuerzas externas en conflictos internos. No obstante, la complejidad del conflicto armado colombiano, y los márgenes de error de los indicadores utilizados en el análisis obligan a mirar estos resultados con algún escepticismo.
Como bien diría el famoso estadístico John Tukey “la combinación de algunos datos y un ferviente deseo por encontrar respuestas, no asegura que una respuesta razonable pueda ser extraída de un cierto conjunto de datos”. (El estudio se puede bajar en http://www.cgdev.org/doc/events/07.29.09/Bases_Bullets_Ballots.pdf)
sábado, 18 de julio de 2009
Fertilidad, envejecimiento y crecimiento
(El Mundo, Julio 22 de 2009; La Patria, Julio 27 de 2009)
En 1798, el reverendo anglicano Thomas Robert Malthus propuso su famosa teoría de crecimiento económico: “El poder del crecimiento poblacional es indefinidamente más alto que el poder de la tierra para producir alimentos para su subsistencia”. En consecuencia, cualquier avance en los estándares de vida, a través de mayor abundancia en bienes o servicios, era rápidamente absorbido por el crecimiento poblacional. La riqueza por habitante de un país dependía críticamente de la tasa de fertilidad.
Malthus estaba en lo cierto. Al menos en explicar lo sucedido hasta su momento. La historia económica del mundo sugiere que solo hasta la revolución industrial, los avances tecnológicos superaron a la tasa de población y el nivel de riqueza fue el factor dominante en explicar la relación entre riqueza y población para los países desarrollados.
La teoría de Malthus, sin embargo, no ha muerto. De un lado, el crecimiento poblacional es una de las causas más fuertes y convincentes para explicar la existencia de una crisis mundial climática y medioambiental, al menos para aquellos que defienden esta idea. Basta con leer la justificación dada para el otorgamiento del premio nobel de la paz en 2007 al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y Al Gore: “por sus esfuerzos en acrecentar y diseminar el conocimiento acerca del cambio climático producido por el hombre”.
De otro lado, está el papel del envejecimiento poblacional, una consecuencia que habría sido difícil de imaginar para Malthus dada la baja expectativa de vida de su generación. Un reciente estudio conducido por David Bloom, David Canning, Gunther Fink, y Jocelyn Finlay reviso los costos de la baja fertilidad en Europa. En este estudio los autores observan que en el corto plazo, bajas tasas de fertilidad incrementan el ingreso per-cápita, dado que los costos de criar hijos como sociedad disminuyen y la participación de más adultos en el mercado laboral se incrementa.
Pero este crecimiento de corto plazo es reemplazado por un efecto mayor de largo plazo. Cuando los trabajadores avanzan a su etapa de retiro, los efectos de una baja tasa de fertilidad se ven reflejados en un menor número de trabajadores, y por ende una producción menor de riqueza. Los costos para la sociedad en términos de pensiones y salud pueden rápidamente erosionar la riqueza acumulada. Si a esto se le suman sistemas de seguridad social no balanceados financieramente, el incremento en impuestos para compensar déficits financieros se puede convertir en otro desincentivo al trabajo y la creación de riqueza.
Bloom y sus colegas, dudan que masivas migraciones desde el tercer mundo sea la solución para este problema en Europa, en particular por la resistencia política a una iniciativa de este estilo. En conclusión, en el inmediato futuro, la tasa de fertilidad en el pasado será entonces una importante fuerza en explicar los problemas económicos y medioambientales del mundo.
En 1798, el reverendo anglicano Thomas Robert Malthus propuso su famosa teoría de crecimiento económico: “El poder del crecimiento poblacional es indefinidamente más alto que el poder de la tierra para producir alimentos para su subsistencia”. En consecuencia, cualquier avance en los estándares de vida, a través de mayor abundancia en bienes o servicios, era rápidamente absorbido por el crecimiento poblacional. La riqueza por habitante de un país dependía críticamente de la tasa de fertilidad.
Malthus estaba en lo cierto. Al menos en explicar lo sucedido hasta su momento. La historia económica del mundo sugiere que solo hasta la revolución industrial, los avances tecnológicos superaron a la tasa de población y el nivel de riqueza fue el factor dominante en explicar la relación entre riqueza y población para los países desarrollados.
La teoría de Malthus, sin embargo, no ha muerto. De un lado, el crecimiento poblacional es una de las causas más fuertes y convincentes para explicar la existencia de una crisis mundial climática y medioambiental, al menos para aquellos que defienden esta idea. Basta con leer la justificación dada para el otorgamiento del premio nobel de la paz en 2007 al Panel Intergubernamental sobre Cambio Climático y Al Gore: “por sus esfuerzos en acrecentar y diseminar el conocimiento acerca del cambio climático producido por el hombre”.
De otro lado, está el papel del envejecimiento poblacional, una consecuencia que habría sido difícil de imaginar para Malthus dada la baja expectativa de vida de su generación. Un reciente estudio conducido por David Bloom, David Canning, Gunther Fink, y Jocelyn Finlay reviso los costos de la baja fertilidad en Europa. En este estudio los autores observan que en el corto plazo, bajas tasas de fertilidad incrementan el ingreso per-cápita, dado que los costos de criar hijos como sociedad disminuyen y la participación de más adultos en el mercado laboral se incrementa.
Pero este crecimiento de corto plazo es reemplazado por un efecto mayor de largo plazo. Cuando los trabajadores avanzan a su etapa de retiro, los efectos de una baja tasa de fertilidad se ven reflejados en un menor número de trabajadores, y por ende una producción menor de riqueza. Los costos para la sociedad en términos de pensiones y salud pueden rápidamente erosionar la riqueza acumulada. Si a esto se le suman sistemas de seguridad social no balanceados financieramente, el incremento en impuestos para compensar déficits financieros se puede convertir en otro desincentivo al trabajo y la creación de riqueza.
Bloom y sus colegas, dudan que masivas migraciones desde el tercer mundo sea la solución para este problema en Europa, en particular por la resistencia política a una iniciativa de este estilo. En conclusión, en el inmediato futuro, la tasa de fertilidad en el pasado será entonces una importante fuerza en explicar los problemas económicos y medioambientales del mundo.
viernes, 3 de julio de 2009
Las ciudades y sus profesionales
(La Patria, Julio 6 de 2009; El Mundo, Julio 13 de 2009)
Una línea de investigación muy interesante en economía urbana es aquella que estudia la conexión entre el tamaño del área de una ciudad y la productividad por trabajador al igual que el ingreso de sus profesionales. Uno de los líderes en esta área es el profesor Edward L. Glaeser perteneciente al departamento de economía de la Universidad de Harvard.
En principio, la existencia de una ciudad se puede entender a partir de la conexión entre su densidad urbana y los ingresos de sus habitantes. Es decir, a más gente más oportunidades de trabajo y de ingreso. Sin embargo, los estudios del profesor Glaeser sugieren que esta relación no es constante, o automática, al menos en las ciudades de los EEUU. En particular, esta relación no se da para áreas metropolitanas en donde la mayoría de sus trabajadores tienen bajos niveles de educación. Pero si ocurre en ciudades donde las personas tienen altos niveles de educación.
Por que se da esta conexión entre tamaño de ciudad e ingreso en unas ciudades y en otras no? El trabajo empírico de Glaeser y otros colegas da soporte a la hipótesis de que en ciudades grandes con gente más educada se dan procesos de aprendizaje entre colegas con mucha más celeridad y mucho mayor impacto en la productividad individual. Sin embargo, el mecanismo por el cual se dan estos procesos es aun materia de investigación. Un segundo resultado, también muy interesante, es el hallazgo de que la tasa de cambio tecnológico en ciudades con trabajadores más educados es más alta.
La conclusión preliminar de estos investigadores es que las ciudades y el capital humano son complementarios, por lo tanto las ciudades son piezas claves en el desarrollo tanto de regiones como de países.
De tiempo atrás, en casi todas las ciudades existen capítulos de asociaciones profesionales. Sin embargo no es muy claro que tan “productivas” son estas asociaciones en términos de permitir la diseminación de conocimiento entre sus afiliados, o de promover el intercambio de conocimientos profesionales entre sus miembros. Muchas de ellas son quizá, meras organizaciones de entretenimiento social, que en lugar de motivar a ciertos profesionales a unirse, los incentivan a mantenerse alejados. Especialmente aquellos con altas habilidades profesionales, pero baja sociabilidad.
De allí la importancia de estudiar y entender las diferentes formas de comunicación e interconexión entre profesionales como parte de la agenda de desarrollo económico de cualquier ciudad.
Una línea de investigación muy interesante en economía urbana es aquella que estudia la conexión entre el tamaño del área de una ciudad y la productividad por trabajador al igual que el ingreso de sus profesionales. Uno de los líderes en esta área es el profesor Edward L. Glaeser perteneciente al departamento de economía de la Universidad de Harvard.
En principio, la existencia de una ciudad se puede entender a partir de la conexión entre su densidad urbana y los ingresos de sus habitantes. Es decir, a más gente más oportunidades de trabajo y de ingreso. Sin embargo, los estudios del profesor Glaeser sugieren que esta relación no es constante, o automática, al menos en las ciudades de los EEUU. En particular, esta relación no se da para áreas metropolitanas en donde la mayoría de sus trabajadores tienen bajos niveles de educación. Pero si ocurre en ciudades donde las personas tienen altos niveles de educación.
Por que se da esta conexión entre tamaño de ciudad e ingreso en unas ciudades y en otras no? El trabajo empírico de Glaeser y otros colegas da soporte a la hipótesis de que en ciudades grandes con gente más educada se dan procesos de aprendizaje entre colegas con mucha más celeridad y mucho mayor impacto en la productividad individual. Sin embargo, el mecanismo por el cual se dan estos procesos es aun materia de investigación. Un segundo resultado, también muy interesante, es el hallazgo de que la tasa de cambio tecnológico en ciudades con trabajadores más educados es más alta.
La conclusión preliminar de estos investigadores es que las ciudades y el capital humano son complementarios, por lo tanto las ciudades son piezas claves en el desarrollo tanto de regiones como de países.
De tiempo atrás, en casi todas las ciudades existen capítulos de asociaciones profesionales. Sin embargo no es muy claro que tan “productivas” son estas asociaciones en términos de permitir la diseminación de conocimiento entre sus afiliados, o de promover el intercambio de conocimientos profesionales entre sus miembros. Muchas de ellas son quizá, meras organizaciones de entretenimiento social, que en lugar de motivar a ciertos profesionales a unirse, los incentivan a mantenerse alejados. Especialmente aquellos con altas habilidades profesionales, pero baja sociabilidad.
De allí la importancia de estudiar y entender las diferentes formas de comunicación e interconexión entre profesionales como parte de la agenda de desarrollo económico de cualquier ciudad.
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