(El Mundo, Enero 25 de 2011; La Patria, Enero 31 de 2011)
Los últimos 3 años no han sido fáciles para algunas economías desarrolladas. En 2008, por ejemplo, estallo la crisis financiera de Estados Unidos. En 2009 el mundo empezó a vivir la caída de “países milagro” como es el caso de Islandia. En 2010, la Comunidad Europea tuvo que ejecutar dos enormes operaciones de rescate: Irlanda y Grecia. El 2011, comienza con enormes dudas respecto de la solidez financiera de España y Portugal, y sobre el Euro en general.
Estas circunstancias han revivido debates económicos que se suponían sepultados. Por ejemplo, el rol del Estado en el crecimiento económico. Antes de la crisis, se creía que existían dos modelos de desarrollo. El capitalismo norteamericano, con un Estado pequeño en relación con el tamaño de la economía (un 30%), y donde la inequidad en la distribución del ingreso es muy alta. La filosofía de “el que no tiene es porque no quiere trabajar” domina el discurso que define las políticas públicas que subyacen este modelo económico. El otro modelo es el capitalismo escandinavo, donde el Estado es grande con relación al tamaño de la economía (un 55%), y donde la inequidad es baja, dada la enorme cantidad de bienes provistos por el gobierno de forma gratuita y universal. El costo del segundo modelo es una altísima tasa de tributación para todos los ciudadanos.
De acuerdo con esta dualidad, los países en vías de desarrollo debían escoger cual de los dos modelos emular, y conforme a ello, diseñar su política económica y social. Pero la realidad es que tal dualidad es más un artefacto ideológico que un postulado científico. Australia, de acuerdo con un provocativo análisis publicado por David Alexander, en la última edición de la revista australiana “Política”, es el mejor ejemplo de un modelo económico en el que pueden coexistir un gobierno pequeño y una sociedad igualitaria. Es decir, una sana combinación de libertad económica y justicia social.
En efecto, entre los países desarrollados, Australia tiene los niveles más bajos de gasto público y de nivel de impuestos, es tercera debajo de Hong Kong y Singapur según el Índice de Libertad Económica calculado por la fundación norteamericana Heritage, es el sexto país con mejor distribución de riqueza. Adicionalmente, Australia tiene uno de los niveles de deuda pública más bajos de todos los países desarrollados, y es la decima economía a nivel mundial en términos de ingreso per cápita, lo que hace menos probable un aumento de los impuestos en el futuro.
El secreto de Australia es fácil de describir pero difícil de alcanzar: focalización casi milimétrica del gasto público a quien de verdad lo necesita y un sistema de impuestos realmente progresivo en el cual los que más ganan más pagan. Esto por supuesto en el marco de otras tantas políticas públicas pro libertad económica y pro justicia social. Es una lástima que Colombia y los colombianos estemos tan alejados de un país tan interesante, no solo física sino diplomáticamente (la embajada más cercana esta en Chile). A juzgar por los indicadores mencionados, podríamos inspirar más políticas públicas en modelos como el australiano.
Este blog reune mis artículos de opinión publicados en diarios colombianos y otras ideas no publicadas en medios escritos
domingo, 23 de enero de 2011
domingo, 12 de diciembre de 2010
Legado colonial
(El Mundo, Diciembre 15 de 2010; La Patria, Enero 17 de 2011)
¿Que explica el subdesarrollo de ciertas regiones? Muchos factores sin duda: algunos históricos y otros contemporáneos. Algunos culpan a la geografía, otros a los gobernantes, otros simplemente al azar. Una teoría que empieza a cobrar peso se enfoca en el origen del sistema legal y en general de las instituciones.
En efecto, algunas investigaciones recientes están intentando dilucidar el papel de los legados coloniales. En particular, diferencias entre países colonizados por los británicos y por los franceses. Actualmente, un buen número de estudios empíricos sostiene que el sistema legal británico está asociado a mayores tasas de crecimiento económico. Pero la dificultad radica en demostrar la relación causa-efecto.
En teoría, el efecto positivo del sistema británico se debe a tres características: el sistema da mayores derechos a los inversionistas y propietarios; la cultura británica crea un fuerte compromiso con el cumplimiento de las normas que existen; el poder judicial independiente y el énfasis en la separación de poderes ofrece un mayor número de controles sobre la expropiación política.
En un reciente estudio, Alexander Lee y Kenneth Schultz de la Universidad de Stanford, ofrecen un caso que se acerca mucho a demostrar la relación causa-efecto: Camerún después de la primera guerra mundial. Antes de la guerra, Camerún era una colonia alemana. Después de la guerra, los británicos y los franceses se dividieron el país, imponiendo tanto sus sistemas legales, como su idioma y costumbres. En 1960, los dos países se reunificaron, pero a pesar de los esfuerzos de unificación el país continúo dividido, en la práctica, en dos regiones, con idioma, y sistemas legal y educativo diferentes.
Lee y Schultz, aprovechando esta circunstancia, comparan niveles de desarrollo económico de zonas rurales localizadas a ambas lados de la frontera legal que antes existía entre los dos países. Alrededor de esta frontera es difícil de argumentar diferencias entre las dos regiones debidas a condiciones físicas o de capital humano, de allí que una buena parte del desarrollo actual se explica por el legado colonial.
Los resultados muestran que las poblaciones rurales del lado británico tienen mejores niveles de riqueza y tienen más bienes públicos (por ejemplo fuentes de agua). Esto no se observa para zonas urbanas. Lee y Schultz, concluyen en su estudio, que si bien la evidencia empírica favorece al sistema británico (el caso rural), el legado puede ser atenuado o eliminado con buenas políticas públicas pos colonización (el caso urbano).
Los legados históricos pueden entonces persistir o atenuarse en el tiempo. Ningún país o región está condenada por su pasado. Que tanto de nuestro crecimiento mediocre y de nuestra pobreza e informalidad es un legado colonial es sin duda una pregunta aún por resolver.
¿Que explica el subdesarrollo de ciertas regiones? Muchos factores sin duda: algunos históricos y otros contemporáneos. Algunos culpan a la geografía, otros a los gobernantes, otros simplemente al azar. Una teoría que empieza a cobrar peso se enfoca en el origen del sistema legal y en general de las instituciones.
En efecto, algunas investigaciones recientes están intentando dilucidar el papel de los legados coloniales. En particular, diferencias entre países colonizados por los británicos y por los franceses. Actualmente, un buen número de estudios empíricos sostiene que el sistema legal británico está asociado a mayores tasas de crecimiento económico. Pero la dificultad radica en demostrar la relación causa-efecto.
En teoría, el efecto positivo del sistema británico se debe a tres características: el sistema da mayores derechos a los inversionistas y propietarios; la cultura británica crea un fuerte compromiso con el cumplimiento de las normas que existen; el poder judicial independiente y el énfasis en la separación de poderes ofrece un mayor número de controles sobre la expropiación política.
En un reciente estudio, Alexander Lee y Kenneth Schultz de la Universidad de Stanford, ofrecen un caso que se acerca mucho a demostrar la relación causa-efecto: Camerún después de la primera guerra mundial. Antes de la guerra, Camerún era una colonia alemana. Después de la guerra, los británicos y los franceses se dividieron el país, imponiendo tanto sus sistemas legales, como su idioma y costumbres. En 1960, los dos países se reunificaron, pero a pesar de los esfuerzos de unificación el país continúo dividido, en la práctica, en dos regiones, con idioma, y sistemas legal y educativo diferentes.
Lee y Schultz, aprovechando esta circunstancia, comparan niveles de desarrollo económico de zonas rurales localizadas a ambas lados de la frontera legal que antes existía entre los dos países. Alrededor de esta frontera es difícil de argumentar diferencias entre las dos regiones debidas a condiciones físicas o de capital humano, de allí que una buena parte del desarrollo actual se explica por el legado colonial.
Los resultados muestran que las poblaciones rurales del lado británico tienen mejores niveles de riqueza y tienen más bienes públicos (por ejemplo fuentes de agua). Esto no se observa para zonas urbanas. Lee y Schultz, concluyen en su estudio, que si bien la evidencia empírica favorece al sistema británico (el caso rural), el legado puede ser atenuado o eliminado con buenas políticas públicas pos colonización (el caso urbano).
Los legados históricos pueden entonces persistir o atenuarse en el tiempo. Ningún país o región está condenada por su pasado. Que tanto de nuestro crecimiento mediocre y de nuestra pobreza e informalidad es un legado colonial es sin duda una pregunta aún por resolver.
domingo, 28 de noviembre de 2010
Gran Bretaña y la buena guerra
(El Mundo, Diciembre 2 2010)
Es verdad, existen buenas guerras, el mejor ejemplo es la guerra que tiene la Gran Bretaña contra la pobreza infantil. Un excelente recuento de los motivos, reformas y resultados de esta guerra acaba de ser publicado en el libro “Britain’s War on Poverty” (La guerra de la Gran Bretaña contra la pobreza) escrito por la investigadora Janet Waldfogel de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia en Nueva York.
Primero los resultados. En 1999 cuando el Primer Ministro Tony Blair declaró la guerra y prometió una estrategia para eliminar la pobreza infantil en veinte años, 3.4 millones de niños (uno de cada cuatro) vivían en la pobreza. Ocho años después, 1.7 millones habían salido de la pobreza, de acuerdo con una medida de pobreza absoluta similar a la que se usa en Colombia. Esto es, una reducción del cincuenta por ciento en términos absolutos.
De acuerdo con Waldfogel, el principal motivador para “declarar la guerra” fue el alarmante número de niños en pobreza como consecuencia de otra alarmante tendencia: el incremento en el número de hogares con un solo padre (usualmente solo la madre). Pero las cifras, todos sabemos, no siempre son suficientes. Dos circunstancias más ayudaron a allanar el camino para declarar la guerra: consenso en la academia respecto a los efectos devastadores de la pobreza infantil en las oportunidades individuales futuras, y, la disponibilidad de estudios estadísticos rigurosos mostrando que programas bien diseñados producen resultados positivos concretos.
Adicionalmente, el grueso de la población apoyaba la noción de que algo necesitaba hacerse. De hecho la frase publicitaria (la frase de batalla podríamos decir) de la política es “trabajo para aquellos que pueden y seguridad para aquellos que no pueden”.
La estrategia antipobreza británica, de acuerdo con el libro de Waldfogel, se basa en tres componentes. El primero, la promoción de oportunidades de trabajo y capacitación para el trabajo para personas con capacidades pero sin conexiones con el mercado laboral. Junto a esta iniciativa el gobierno implementó una agresiva estrategia de incremento del salario mínimo y de rebaja de impuestos para los trabajadores más pobres y sus respectivos empleadores. El segundo componente es un conjunto de políticas orientadas a incrementar el ingreso de familias con niños en pobreza, incluso a través de subsidios directos. El tercer componente es una alta inversión en programas y servicios pre-escolares gratuitos y universales.
Estas líneas no hacen justicia al detallado recuento del libro. Lectura obligada para nuestro nuevo gobierno. Por supuesto una guerra así solo tiene eco en una sociedad que favorece el papel activo del estado en brindar bienestar social. Qué sociedad somos nosotros?
Es verdad, existen buenas guerras, el mejor ejemplo es la guerra que tiene la Gran Bretaña contra la pobreza infantil. Un excelente recuento de los motivos, reformas y resultados de esta guerra acaba de ser publicado en el libro “Britain’s War on Poverty” (La guerra de la Gran Bretaña contra la pobreza) escrito por la investigadora Janet Waldfogel de la Escuela de Trabajo Social de la Universidad de Columbia en Nueva York.
Primero los resultados. En 1999 cuando el Primer Ministro Tony Blair declaró la guerra y prometió una estrategia para eliminar la pobreza infantil en veinte años, 3.4 millones de niños (uno de cada cuatro) vivían en la pobreza. Ocho años después, 1.7 millones habían salido de la pobreza, de acuerdo con una medida de pobreza absoluta similar a la que se usa en Colombia. Esto es, una reducción del cincuenta por ciento en términos absolutos.
De acuerdo con Waldfogel, el principal motivador para “declarar la guerra” fue el alarmante número de niños en pobreza como consecuencia de otra alarmante tendencia: el incremento en el número de hogares con un solo padre (usualmente solo la madre). Pero las cifras, todos sabemos, no siempre son suficientes. Dos circunstancias más ayudaron a allanar el camino para declarar la guerra: consenso en la academia respecto a los efectos devastadores de la pobreza infantil en las oportunidades individuales futuras, y, la disponibilidad de estudios estadísticos rigurosos mostrando que programas bien diseñados producen resultados positivos concretos.
Adicionalmente, el grueso de la población apoyaba la noción de que algo necesitaba hacerse. De hecho la frase publicitaria (la frase de batalla podríamos decir) de la política es “trabajo para aquellos que pueden y seguridad para aquellos que no pueden”.
La estrategia antipobreza británica, de acuerdo con el libro de Waldfogel, se basa en tres componentes. El primero, la promoción de oportunidades de trabajo y capacitación para el trabajo para personas con capacidades pero sin conexiones con el mercado laboral. Junto a esta iniciativa el gobierno implementó una agresiva estrategia de incremento del salario mínimo y de rebaja de impuestos para los trabajadores más pobres y sus respectivos empleadores. El segundo componente es un conjunto de políticas orientadas a incrementar el ingreso de familias con niños en pobreza, incluso a través de subsidios directos. El tercer componente es una alta inversión en programas y servicios pre-escolares gratuitos y universales.
Estas líneas no hacen justicia al detallado recuento del libro. Lectura obligada para nuestro nuevo gobierno. Por supuesto una guerra así solo tiene eco en una sociedad que favorece el papel activo del estado en brindar bienestar social. Qué sociedad somos nosotros?
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Viene la Google economía
(La Patria, Nov 16 de 2010; El Mundo, Nov 17 de 2010)
Aun si usted no usa internet para buscar información, usted probablemente ha oído hablar de Google. Si usted usa internet, probablemente no le sorprenderá saber que Google es el buscador de información más usado en todo el mundo. Es esta característica, precisamente, la que seguramente le dará a Google un papel más predominante en el mundo de los indicadores económicos. No estamos muy lejos de que empiece la Google economía.
Lo primero que hay que notar es que Google tiene un Economista Jefe: se llama Hal Varian. Su nombre no es extraño para los economistas profesionales, de hecho es autor de una serie de libros de microeconomía muy utilizados en maestrías y doctorados en los ochenta y noventa. Bajo la dirección de este connotado economista, Google está produciendo información agregada que va a entrar a competir con los tradicionales indicadores económicos.
Hace ya un año, Varian y su colega Hyunyoung Choi, presentaron una nueva herramienta de Google llamada “Google Trends” (Tendencias Google). Esta herramienta provee reportes diarios y semanales del volumen de búsquedas relacionados con ciertos productos e industrias. Choi y Varian sugieren que estos volúmenes de búsquedas pueden estar bien correlacionados con el nivel de actividad económica presente y por ende ser útiles en predecir el comportamiento de indicadores económicos típicos que son revelados al público con meses de retraso.
Por ejemplo, los autores muestran que el volumen de búsquedas por un tipo particular de vehículo en las semanas de Junio está bien correlacionado con el nivel de ventas de este mismo vehículo en Junio. Si uno agrega esta búsqueda por todos los tipos de vehículos, uno podría acercarse a un indicador del comportamiento del sector vehículos. Así las cosas, “Google Trends” es una herramienta para predecir el presente, y anticiparse al reporte económico de Junio que tradicionalmente se publicaría en Octubre.
La segunda herramienta de la Google economía acaba de ser presentada el mes pasado en la conferencia anual de la Asociación de Economistas de Negocios en Denver Colorado. Varian presento allí el índice de precios Google, tal como el índice que sirve para medir la inflación, basado en las tendencias de precios de una canasta de bienes transados por internet. Según Varian el índice refleja una tendencia deflacionaria en USA, mientras que muestra una cierta tendencia inflacionaria en la Gran Bretaña. Dichas tendencias están bien correlacionadas con las medidas publicadas por las agencias estadísticas de ambos países.
El índice es limitado en la medida que solo refleja bienes que son transados en internet. Pero tiene, al igual que “Google Trends” la gran ventaja de producir información macro y microeconómica en tiempo real. Este es ni más ni menos el sueño dorado de cualquier economista que trabaje en el sector público y que esté diseñando política económica o industrial.
En la medida en la que más y más transacciones se trasladen del mundo físico al mundo virtual, este tipo de indicadores serán mejores. Las agencias estadísticas tendrán que alinearse con estas nuevas tendencias y quizá podremos medir mejor el pulso de la economía. Los Google economistas y la Google economía se avecinan.
Aun si usted no usa internet para buscar información, usted probablemente ha oído hablar de Google. Si usted usa internet, probablemente no le sorprenderá saber que Google es el buscador de información más usado en todo el mundo. Es esta característica, precisamente, la que seguramente le dará a Google un papel más predominante en el mundo de los indicadores económicos. No estamos muy lejos de que empiece la Google economía.
Lo primero que hay que notar es que Google tiene un Economista Jefe: se llama Hal Varian. Su nombre no es extraño para los economistas profesionales, de hecho es autor de una serie de libros de microeconomía muy utilizados en maestrías y doctorados en los ochenta y noventa. Bajo la dirección de este connotado economista, Google está produciendo información agregada que va a entrar a competir con los tradicionales indicadores económicos.
Hace ya un año, Varian y su colega Hyunyoung Choi, presentaron una nueva herramienta de Google llamada “Google Trends” (Tendencias Google). Esta herramienta provee reportes diarios y semanales del volumen de búsquedas relacionados con ciertos productos e industrias. Choi y Varian sugieren que estos volúmenes de búsquedas pueden estar bien correlacionados con el nivel de actividad económica presente y por ende ser útiles en predecir el comportamiento de indicadores económicos típicos que son revelados al público con meses de retraso.
Por ejemplo, los autores muestran que el volumen de búsquedas por un tipo particular de vehículo en las semanas de Junio está bien correlacionado con el nivel de ventas de este mismo vehículo en Junio. Si uno agrega esta búsqueda por todos los tipos de vehículos, uno podría acercarse a un indicador del comportamiento del sector vehículos. Así las cosas, “Google Trends” es una herramienta para predecir el presente, y anticiparse al reporte económico de Junio que tradicionalmente se publicaría en Octubre.
La segunda herramienta de la Google economía acaba de ser presentada el mes pasado en la conferencia anual de la Asociación de Economistas de Negocios en Denver Colorado. Varian presento allí el índice de precios Google, tal como el índice que sirve para medir la inflación, basado en las tendencias de precios de una canasta de bienes transados por internet. Según Varian el índice refleja una tendencia deflacionaria en USA, mientras que muestra una cierta tendencia inflacionaria en la Gran Bretaña. Dichas tendencias están bien correlacionadas con las medidas publicadas por las agencias estadísticas de ambos países.
El índice es limitado en la medida que solo refleja bienes que son transados en internet. Pero tiene, al igual que “Google Trends” la gran ventaja de producir información macro y microeconómica en tiempo real. Este es ni más ni menos el sueño dorado de cualquier economista que trabaje en el sector público y que esté diseñando política económica o industrial.
En la medida en la que más y más transacciones se trasladen del mundo físico al mundo virtual, este tipo de indicadores serán mejores. Las agencias estadísticas tendrán que alinearse con estas nuevas tendencias y quizá podremos medir mejor el pulso de la economía. Los Google economistas y la Google economía se avecinan.
domingo, 3 de octubre de 2010
El valor del Kinder
(El Mundo, Octubre 5 de 2010; La Patria, Octubre 10 de 2010)
Es época de premios académicos, el Nobel se avecina. Sin embargo, existen otros premios con similar resonancia e importancia. Podríamos decir que el hermano menor del Nobel es el premio entregado por la fundación norteamericana MacArthur. Informalmente estos premios se han denominado los premios a la genialidad.
Uno de los ganadores de este año es el economista francés Emmanuel Saez, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de California, Berkeley. El trabajo que le valió el premio MacArthur está concentrado en su análisis de la relación entre la política tributaria y el ingreso y el ahorro en economías desarrolladas.
Que ocupa la mente de Saez por estos días? En conjunto con otros colegas (Chetty, Friedman, Hilger, Whitmore Schanzenbach y Yagan) se dieron a la tarea de valorar en términos monetarios el efecto que un buen profesor y unos buenos compañeros de kínder tienen en el ingreso futuro de un individuo en EEUU. Los resultados están dando mucho de qué hablar, y sugieren interesantes implicaciones para otros países.
Los alumnos de los mejores salones de kínder ganaban, a los 27 años de edad, un diez por ciento más de ingreso salarial que los del salón promedio. Bajo algunos supuestos financieros, el ingreso adicional en toda la vida laboral que se puede atribuir a este efecto es de 39,000 dólares por persona. Igualmente, según estos autores, el valor presente neto de haber tenido unos compañeros estudiosos en un salón de unos 20 alumnos es de unos 776,000 dólares por cada año.
El valor presente neto de un profesor experimentado de kínder en sus alumnos, adicional al efecto anterior, es de 8,400 dólares por individuo, y de 169,000 dólares para una clase de 20 niños. En general la explicación, parece estar, no en los contenidos impartidos, pero en las cualidades no cognitivas que estos profesores dejan en nuestras vidas. Entre estas cualidades están: paciencia, disciplina, respeto y perseverancia. Es importante resaltar que esta valoración no incluye otros beneficios no salariales observados en estos individuos como mejor salud, y menores tasas de criminalidad.
El estudio tiene importantes críticas. Quizá los números sean exagerados. Pero su gran valor radica en revelarnos una falla mas de los mercados laborales: la subvaloración monetaria de ciertos trabajos cuyos beneficios económicos y sociales son enormes y cuya remuneración y prestigio no se compadecen. Se necesitan más incentivos monetarios para que buenos profesionales miren hacia este tipo de carreras, y menos hacia profesiones basadas en la especulación y/o en la explotación de la ingenuidad de los otros.
Es época de premios académicos, el Nobel se avecina. Sin embargo, existen otros premios con similar resonancia e importancia. Podríamos decir que el hermano menor del Nobel es el premio entregado por la fundación norteamericana MacArthur. Informalmente estos premios se han denominado los premios a la genialidad.
Uno de los ganadores de este año es el economista francés Emmanuel Saez, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de California, Berkeley. El trabajo que le valió el premio MacArthur está concentrado en su análisis de la relación entre la política tributaria y el ingreso y el ahorro en economías desarrolladas.
Que ocupa la mente de Saez por estos días? En conjunto con otros colegas (Chetty, Friedman, Hilger, Whitmore Schanzenbach y Yagan) se dieron a la tarea de valorar en términos monetarios el efecto que un buen profesor y unos buenos compañeros de kínder tienen en el ingreso futuro de un individuo en EEUU. Los resultados están dando mucho de qué hablar, y sugieren interesantes implicaciones para otros países.
Los alumnos de los mejores salones de kínder ganaban, a los 27 años de edad, un diez por ciento más de ingreso salarial que los del salón promedio. Bajo algunos supuestos financieros, el ingreso adicional en toda la vida laboral que se puede atribuir a este efecto es de 39,000 dólares por persona. Igualmente, según estos autores, el valor presente neto de haber tenido unos compañeros estudiosos en un salón de unos 20 alumnos es de unos 776,000 dólares por cada año.
El valor presente neto de un profesor experimentado de kínder en sus alumnos, adicional al efecto anterior, es de 8,400 dólares por individuo, y de 169,000 dólares para una clase de 20 niños. En general la explicación, parece estar, no en los contenidos impartidos, pero en las cualidades no cognitivas que estos profesores dejan en nuestras vidas. Entre estas cualidades están: paciencia, disciplina, respeto y perseverancia. Es importante resaltar que esta valoración no incluye otros beneficios no salariales observados en estos individuos como mejor salud, y menores tasas de criminalidad.
El estudio tiene importantes críticas. Quizá los números sean exagerados. Pero su gran valor radica en revelarnos una falla mas de los mercados laborales: la subvaloración monetaria de ciertos trabajos cuyos beneficios económicos y sociales son enormes y cuya remuneración y prestigio no se compadecen. Se necesitan más incentivos monetarios para que buenos profesionales miren hacia este tipo de carreras, y menos hacia profesiones basadas en la especulación y/o en la explotación de la ingenuidad de los otros.
jueves, 16 de septiembre de 2010
De regreso a la media
(El Mundo, Septiembre 21 de 2010; La Patria, Septiembre 27 de 2010)
Dice el refranero popular que “Después de la tempestad, viene la calma”. Como todo refrán, múltiples interpretaciones son posibles. Una de ellas nos sugiere que después de cada evento extremo las circunstancias tienden a volver a su normalidad. Los académicos tienen un nombre técnico para este concepto: “el regreso a la media”. Y como todo buen refrán, este también puede ser usado como metáfora para entender ciertos acontecimientos sociales que se avecinan en el inmediato futuro y que quizá ya se asoman en las noticias.
Un ejemplo sencillo, nos puede ayudar a explicar la manera en que los académicos definen el “retorno a la media”. Imagínese que una escuela recibe un dinero para mejorar el nivel de matemáticas de los alumnos de un cierto grado. La escuela, con toda razón, buscara los niños a los que peor les fue en el último examen, y los asignara al programa de refuerzo en matemáticas. Para evaluar el programa, lo más sensato es volver a hacer un examen de matemáticas y comparar a los niños que tomaron el programa de refuerzo con los que no lo tomaron. En promedio, los niños que fueron sujetos del programa, seguramente sacaran puntajes más altos y similares a los de los niños que no fueron intervenidos.
Es esta una señal de que el programa funciono? No, necesariamente. La teoría sugiere que podemos estar ante la presencia del “retorno a la media”. Es decir, no todos los niños que sacaron un mal puntaje en el primer examen lo van a sacar en el segundo. Un comportamiento extremo en un indicador, que obligue a intervenciones radicales, puede ser causado por condiciones fortuitas, que una vez pasa el tiempo deben regresar a la situación normal.
Como se aplica el “regreso a la media” a lo que está pasando y veremos en el futuro cercano? No cabe duda que el gobierno del presidente Uribe fue un evento inusual para la economía y la sociedad colombiana. Su personalidad y estilo no tenían precedente histórico. Su énfasis en ciertos temas fue aplaudido y repudiado por muchos. Sus políticas generaron importantes cambios en las expectativas y el comportamiento de los colombianos. Muchos indicadores mejoraron ostensiblemente y otros decrecieron notoriamente. Lo que no sabemos es cuánto de esto será permanente.
Sera interesante ver con el paso del tiempo, cuáles de nuestros comportamientos como sociedad efectivamente cambiaron, y cuáles regresaran a su nivel medio.
Dice el refranero popular que “Después de la tempestad, viene la calma”. Como todo refrán, múltiples interpretaciones son posibles. Una de ellas nos sugiere que después de cada evento extremo las circunstancias tienden a volver a su normalidad. Los académicos tienen un nombre técnico para este concepto: “el regreso a la media”. Y como todo buen refrán, este también puede ser usado como metáfora para entender ciertos acontecimientos sociales que se avecinan en el inmediato futuro y que quizá ya se asoman en las noticias.
Un ejemplo sencillo, nos puede ayudar a explicar la manera en que los académicos definen el “retorno a la media”. Imagínese que una escuela recibe un dinero para mejorar el nivel de matemáticas de los alumnos de un cierto grado. La escuela, con toda razón, buscara los niños a los que peor les fue en el último examen, y los asignara al programa de refuerzo en matemáticas. Para evaluar el programa, lo más sensato es volver a hacer un examen de matemáticas y comparar a los niños que tomaron el programa de refuerzo con los que no lo tomaron. En promedio, los niños que fueron sujetos del programa, seguramente sacaran puntajes más altos y similares a los de los niños que no fueron intervenidos.
Es esta una señal de que el programa funciono? No, necesariamente. La teoría sugiere que podemos estar ante la presencia del “retorno a la media”. Es decir, no todos los niños que sacaron un mal puntaje en el primer examen lo van a sacar en el segundo. Un comportamiento extremo en un indicador, que obligue a intervenciones radicales, puede ser causado por condiciones fortuitas, que una vez pasa el tiempo deben regresar a la situación normal.
Como se aplica el “regreso a la media” a lo que está pasando y veremos en el futuro cercano? No cabe duda que el gobierno del presidente Uribe fue un evento inusual para la economía y la sociedad colombiana. Su personalidad y estilo no tenían precedente histórico. Su énfasis en ciertos temas fue aplaudido y repudiado por muchos. Sus políticas generaron importantes cambios en las expectativas y el comportamiento de los colombianos. Muchos indicadores mejoraron ostensiblemente y otros decrecieron notoriamente. Lo que no sabemos es cuánto de esto será permanente.
Sera interesante ver con el paso del tiempo, cuáles de nuestros comportamientos como sociedad efectivamente cambiaron, y cuáles regresaran a su nivel medio.
sábado, 28 de agosto de 2010
Kurzarbeit
(El Mundo, Septiembre 2 de 2010; La Patria, Septiembre 6 de 2010)
Mucho se habla por estos días de la necesidad de reformar los impuestos al trabajo, los cuales se consideran la gran distorsión, el gran impedimento, para un mercado laboral más dinámico en Colombia. La idea es que una vez eliminados tales impuestos los empresarios tendrán más incentivos a contratar. Se afirma también que el salario mínimo es excesivamente alto y que está muy por encima de la productividad de los trabajadores colombianos. Pero pensar que una política de reducción del salario mínimo es viable, es ingenuo.
Los grandes afectados por estos impuestos son aquellos que apenas entran al mercado laboral (los jóvenes) o aquellos con poca educación y por ende con pocos conocimientos y habilidades. Todas estas reformas están bien fundamentadas y no cabe duda que es menester remover toda distorsión.
La crisis económica ha mostrado que la política laboral no solo debe concentrase en los jóvenes o los pocos educados. Cuando la actividad económica baja sustancialmente, los despidos también llegan para trabajadores educados y experimentados. Las consecuencias son más devastadoras para este segmento poblacional. No solo es más difícil encontrar un trabajo con las mismas condiciones, sino que dependiendo del tiempo de búsqueda, las consecuencias pueden extenderse al ámbito personal rápidamente: perdida de riqueza, perdida de autoestima, desintegración familiar, etc.
Ahora que el gobierno parece tener oídos abiertos a opciones de política en el mercado laboral, bien vale la pena resaltar una opción de política que ha probado ser muy efectiva para mantener en el puesto de trabajo a personas con educación y experiencia, en especial en épocas de recesión. Se llama el “Kurzarbeit” y es de origen alemán.
El programa consiste en un subsidio a aquellas compañías que en lugar de despedir trabajadores, los conserven dentro de la nomina. Las compañías pueden legalmente elegir o bien reducir las horas diarias que necesitan del trabajador, o bien reducir el número de días que solicitan los servicios del trabajador. El tiempo no pagado por la empresa es parcialmente compensado por recursos gubernamentales. En últimas es un subsidio de desempleo sin perder el empleo. La idea es que una vez la economía se recupere, el trabajador vuelve a ser financiado 100 por ciento por la empresa.
En el peor momento de la recesión económica de 2009, Alemania logro mantener alrededor de 500,000 trabajadores en sus empleos gracias a este sistema, de acuerdo con la OECD. Alemania es además el país con la menor tasa de desempleo en el mundo desarrollado. Antes de la crisis el tiempo permitido era de 6 meses, ahora gracias a esta fue extendido dos años. El “Kurzarbeit” es una poderosa política para proteger a los trabajadores educados en épocas de turbulencia económica.
Mucho se habla por estos días de la necesidad de reformar los impuestos al trabajo, los cuales se consideran la gran distorsión, el gran impedimento, para un mercado laboral más dinámico en Colombia. La idea es que una vez eliminados tales impuestos los empresarios tendrán más incentivos a contratar. Se afirma también que el salario mínimo es excesivamente alto y que está muy por encima de la productividad de los trabajadores colombianos. Pero pensar que una política de reducción del salario mínimo es viable, es ingenuo.
Los grandes afectados por estos impuestos son aquellos que apenas entran al mercado laboral (los jóvenes) o aquellos con poca educación y por ende con pocos conocimientos y habilidades. Todas estas reformas están bien fundamentadas y no cabe duda que es menester remover toda distorsión.
La crisis económica ha mostrado que la política laboral no solo debe concentrase en los jóvenes o los pocos educados. Cuando la actividad económica baja sustancialmente, los despidos también llegan para trabajadores educados y experimentados. Las consecuencias son más devastadoras para este segmento poblacional. No solo es más difícil encontrar un trabajo con las mismas condiciones, sino que dependiendo del tiempo de búsqueda, las consecuencias pueden extenderse al ámbito personal rápidamente: perdida de riqueza, perdida de autoestima, desintegración familiar, etc.
Ahora que el gobierno parece tener oídos abiertos a opciones de política en el mercado laboral, bien vale la pena resaltar una opción de política que ha probado ser muy efectiva para mantener en el puesto de trabajo a personas con educación y experiencia, en especial en épocas de recesión. Se llama el “Kurzarbeit” y es de origen alemán.
El programa consiste en un subsidio a aquellas compañías que en lugar de despedir trabajadores, los conserven dentro de la nomina. Las compañías pueden legalmente elegir o bien reducir las horas diarias que necesitan del trabajador, o bien reducir el número de días que solicitan los servicios del trabajador. El tiempo no pagado por la empresa es parcialmente compensado por recursos gubernamentales. En últimas es un subsidio de desempleo sin perder el empleo. La idea es que una vez la economía se recupere, el trabajador vuelve a ser financiado 100 por ciento por la empresa.
En el peor momento de la recesión económica de 2009, Alemania logro mantener alrededor de 500,000 trabajadores en sus empleos gracias a este sistema, de acuerdo con la OECD. Alemania es además el país con la menor tasa de desempleo en el mundo desarrollado. Antes de la crisis el tiempo permitido era de 6 meses, ahora gracias a esta fue extendido dos años. El “Kurzarbeit” es una poderosa política para proteger a los trabajadores educados en épocas de turbulencia económica.
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